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“Mi trabajo se centra en la Hispanidad en Europa. El legado español sigue presente por nuestro continente”

Javier Rubio, divulgador

por Mercedes Temboury
5 de abril de 2026
Javier Rubio divulgador
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—Es usted un divulgador que reside en Bélgica y que tiene el magnífico canal de Youtube “Trincheras Ocultas” en que entrevista a historiadores y narra episodios de la historia de España y del Imperio Español. Ha publicado hace poco un libro “La huella de España en Flandes”. Cuéntenos, ¿Cómo surge su interés por la historia?

—Todo surgió tras asistir a las clases de un profesor de mi universidad, Isidoro Jiménez Zamora, quien me transmitió el amor por la historia y, en concreto en ese momento, por la civilización de Tartessos. Tras leer “Imperiofobia” de Elvira Roca y “España: un relato de grandeza y odio” de José Varela Ortega, me di definitivamente cuenta de que nuestra historia merece ser conocida sin prejuicios.

—¿Cuál es su formación, dónde reside y a qué se dedica?

—Actualmente, resido en Bruselas y trabajo como freelance desde el terreno. Hace más de tres años que llevo acudiendo al Archivo Nacional del Reino de Bélgica para descubrir las cartas de los gobernadores españoles que vivieron en estos lugares. Desde la capital, me he desplazado por los antiguos Países Bajos de los Habsburgo españoles documentando las huellas hispánicas en el centro de Europa. Considero que la labor de un periodista y la de un historiador tiene mucho en común, ya que los dos investigamos para alcanzar la verdad histórica.

—¿Desde cuándo tiene su canal “Trincheras Ocultas”?

—Pues ya lleva más de cinco años en funcionamiento, y todo fue una idea que me surgió (se ríe) una mañana mientras me duchaba. No puedo estar más contento de poder tener un impacto en una comunidad ávida por conocer nuestro pasado.

—¿Qué impacto ha tenido y qué temas trata?

—El canal tiene ya más de 30.000 visitas y en total supera las dos mil millones de reproducciones. La idea es contar, a través de los mayores expertos europeos, las conexiones históricas de España con los otros países del mundo, especialmente europeos; tratando de huir del blanco y negro en busca de la verdad histórica, que quizás, nunca logremos alcanzar. Porque creo que la historia tiene mil matices y tenemos que tratar, siempre que se pueda, de consultar las fuentes primarias para transmitirlas de una forma amena al público.

—¿Es conocida en Bélgica la historia que la une a España?

—Yo creo que cada vez más se trata de rescatar nuestra historia en común, de hecho los turistas todavía se sorprenden mucho cuando visitan Bruselas, Brujas, Gante o Malinas y no paran de ver escudos de la Monarquía Hispánica… ¡Es que Felipe II heredó estos territorios y defendió con sus gobernadores a los flamencos católicos! El germen de la nación belga debe mucho a aquellos soldados españoles de los Tercios que contuvieron el empuje del norte calvinista europeo.

Cada vez más se están rescatando nuestros lazos en común, puesto que es inevitable no saber que el famoso pintor Rubens, de quien los belgas están tan orgullosos, nunca hubiera podido dar a conocer su arte sin el dinero de la Monarquía Hispánica, ya que abogó por ese arte dramático que representó lo sacro en los también llamados Países Bajos católicos. También hay palabras que todavía permanecen en la lengua flamenca que provienen del español. Muchísimos comerciantes que se establecieron en las ciudades portuarias o humanistas como Luis Vives que emigraron a la ciudad de Brujas…

En definitiva, la conexión va más allá de lo militar como se ha querido pintar desde España y, sin duda, invita a seguir conociendo la historia de aquellos españoles que buscaron en estas tierras un modo de vida diferente por su rey y por su fe. ¿Sabías que en el ayuntamiento de Lovaina hay un cuadro dedicado a Felipe II? Algo debe estar pasando para que nadie ponga el grito en el cielo, y es que no hay tanta leyenda negra debido a que antes aparecen en su mente las tropas napoleónicas que arrasaron Bélgica o las tropas nazis.

—¿Quiénes fueron los gobernadores españoles en Flandes?

—Lo primero sería decir que “Flandes” no es como nos lo han contado. Realmente, Flandes era tan solo una provincia de las “Diecisiete Provincias”, al igual que Holanda… ¡Nunca abarcaron tanto como pensamos! Los gobernadores españoles de los Países Bajos comienzan desde Margarita de Parma, puesto que comienza a recibir las instrucciones desde la corte de Felipe II, en Madrid. Es decir, con Carlos V no existe ese poso español puesto que él se sentía más flamenco-borgoñón que peninsular, como es normal, pues nació en Gante y se crió en Malinas.

Luego encontraríamos al duque de Alba, cuya labor política y diplomática en el centro de Europa fue fundamental para defender a los flamencos y neerlandeses católicos. De hecho, su misión tenía que durar seis meses y él mismo calificó de “destierro” lo que se organizó contra él mientras estuvo en Bruselas, la capital de la gobernación. Es decir, Alba tuvo enemigos internos -representado por el bando del príncipe de Éboli- y externos, estos últimos liderados por la propaganda de Guillermo de Orange.

Tras el duque llegó Luis de Requesens y posteriormente, don Juan de Austria… ¡Si algo tenían en común es que ninguno quería venir a este laberinto! Todos trataron de excusarse y también coincidieron en que la nueva generación que representaba Felipe II chocaba directamente con el pasado glorioso de su padre, el emperador Carlos V. A través de las armas tuvieron que hacer frente a la protección del sur de Europa en la Guerra de los Ochenta Años, mientras desde Madrid se les instaba a perseguir una paz contra los calvinistas que destruyeron las iglesias católicas de los Países Bajos. Por cierto, esta última trama “pacifista” impulsada por el gran traidor Antonio Pérez.

Estos máximos representantes y sus hombres de armas, los Tercios, estuvieron solos ante el peligro. Además, las gobernaciones duraron hasta 1714, cuando la Guerra de Sucesión en España obligó a que Bélgica pasara a ser dirigida por el linaje de Viena de los Habsburgo. Es decir, ¡en Bélgica y Luxemburgo nunca hubo una guerra de independencia contra España! El relato del “invasor español” es falso, puesto que es un patrimonio que llega por herencia a Felipe II, Felipe III, Felipe IV o Carlos II.

Carlos I y V de Alemania por Lucas Cranach el Viejo.
Carlos I y V de Alemania por Lucas Cranach el Viejo.

—¿Cómo cambiaron la historia de Europa?

—Básicamente porque mantuvieron la frontera invisible entre el sur y el norte de Europa. Y además hubo muchísimas fases, ¿alguna vez se ha hablado de la Reconquista hispánica de los Países Bajos liderada por Alejandro Farnesio? ¿O de que sin Luxemburgo, los reyes de España hubieran perdido estos territorios 150 años antes? Cuando los habitantes católicos de aquellos territorios y los gobernadores españoles fueron de la mano, pudieron plantar frente a los complicados retos geopolíticos del momento, entre otros la consolidación de regímenes calvinistas en el norte que acabaron tomando a la fuerza una ciudad profundamente católica hasta el momento como era Ámsterdam.

También hubo un período donde se trató que la hija de Felipe II, Isabel Clara Eugenia, dirigiera estos dominios como soberana junto al archiduque Alberto de Austria. ¡Un hijo de ambos podría haber heredado los Países Bajos! Pero nunca lo tuvieron. En esta fase hubo un renacimiento del Barroco flamenco, gracias a la Tregua de los Doce Años, que, como recojo en el libro, fue el oxígeno perfecto para que la República Holandesa mostrara al mundo su poderío naval.

Sin la labor desde Bruselas de estos gobernadores, muy probablemente Bélgica no sería la misma nación que en la actualidad. Yo siempre digo: cuando dejaron de estar los duques de Alba, don Juan de Austria, Alejandro Farnesio o el cardenal-infante Fernando no hubo un Capitán General español capaz de unir a los flamencos en la defensa militar de sus fronteras. Cuando el dinero desde España aflojó, la causa católica comenzó a sufrir serias amenazas. Y por eso este libro busca ser la primera pica en Flandes respecto a la huella de España en las Diecisiete Provincias, una potencia que imaginaron los duques de Borgoña, que materializó Carlos V y que protegieron las sucesivas gobernaciones españolas.

—¿Por qué son en parte muy desconocidos?

—Aparte de por el miedo que hay en España de conocer nuestro legado fuera de nuestras fronteras, también se debe a que el Romanticismo belga encontró en los gobernadores españoles su chivo expiatorio perfecto para emerger como una nación. Pero fíjate qué curioso, cuando se independizan de los neerlandeses en 1830, una de las razones fue porque los doscientos años de su conexión con el catolicismo impulsado desde Madrid les hacía ser diametralmente opuestos a los calvinistas del norte. Entonces, a los padres fundadores de Bélgica no se les ocurrió otra cosa que coger el mismo enemigo que el país del que se trataron de separar, borrando de un plumazo los más de doscientos años de conexión entre españoles y flamencos.

Es la misión de los divulgadores que no caigan en el olvido aquellos soldados españoles que hallaron su sepultura en asedios tan complicados, como los de Mons y Haarlem, por la defensa del patrimonio de su dinastía y por su religión.

Felipe II por Sofonisba Anguissola.
Felipe II por Sofonisba Anguissola.

—¿Colabora con otros canales o plataformas?

—Sí, intento colaborar con los máximos canales posibles, por ejemplo la Asociación Héroes de Cavite hace una labor espectacular para dar a conocer nuestra historia. Por otro lado, con la Fundación Carlos de Amberes tengo buena relación y me gustaría que los Institutos Cervantes, de Bruselas y de Utrecht, pudieran hacerse eco de esta conexión histórica de España con sus ciudades.

—¿Qué proyectos tiene en mente además de la publicación de libros y de canales?

—Me gustaría escribir varios libros más, ya que he visto que está funcionando de momento muy bien. Querría escribir una biografía de don Juan de Austria, dar a conocer a los soldados españoles que hallaron su sepultura en Flandes mediante una novela con cartas de la época o dedicar mi tiempo a conocer la relación entre los hermanos Carlos V y Fernando I, este último, un castellano que tuvo que ir al exilio por decisión unipersonal de su dinastía, ya que realmente su futuro estaba en Castilla. Creo que dar a conocer sus andanzas en el este de Europa podría dar para mucho. Aunque ahora me quiero centrar en promocionar mi libro, para ver que las ocho horas diarias que me he llegado a tirar con cartas de la época ha tenido sus frutos y que he sido capaz de dar a conocer los sentimientos de los gobernadores españoles en Bruselas.

El duque de Alba.
El duque de Alba.

—¿Tiene colaboradores belgas o de otros países europeos?

—Sí, en este apartado estoy bastante orgulloso de la gran cantidad de historiadores europeos que he conocido gracias a mi canal. Desde los belgas Gustaaf Janssens y Luc Duerloo, quienes me han inspirado muchísimo en este trabajo; hasta el catedrático austríaco Friedrich Edelmayer o el historiador húngaro, Zoltan Korpas. También, por ejemplo, el catedrático irlandés Declan Downey, me dio a conocer la historia en común entre España e Irlanda, y más hispanista que cualquier español (se ríe). Y creo que ese es el camino, no fustigarnos diciendo que tenemos enemigos en todas partes y comenzar de una vez por todas a estrechar lazos culturales con otros países europeos.

—¿Qué hitos de reivindicación de la historia hispana de los últimos años le parecen más relevantes?

—Creo que se ha hecho muchísimo esfuerzo en sacar a relucir nuestros lazos históricos con Hispanoamérica. Yo lo digo siempre, yo apoyo plenamente el rescatar esta historia en común, pero mi trabajo se centra en la Hispanidad en Europa, donde hay muchísimos hispanistas con todavía mucho que contar sobre las conexiones históricas de sus países con España. Y es que el legado español sigue presente por nuestro continente y debe ser la curiosidad del turista salir hacia las calles europeas en busca de aquellas “Diecisiete Provincias” españolas, que todavía permanecen visibles en ciudades como Lille (Francia) o Maastricht (Países Bajos). Pero no solo ahí, sino en Malinas, Oudenaarde, Oostende, Dunkerque, Breda, Bolduque, Flesinga, Tournai, Mons, Ámsterdam, Groningen, Viena, Praga, Budapest… ¡Y así podríamos seguir sin parar nunca!

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