Durante más de tres décadas, Petra Marigómez Domingo formó parte de una historia empresarial construida con esfuerzo, constancia y espíritu familiar. Sin proponérselo, también abrió camino a otras mujeres en el mundo empresarial en una época en la que no era habitual verlas al frente de compañías. Hoy, ya jubilada, mira hacia atrás con serenidad y sin atribuirse méritos individuales: el verdadero legado —dice— pertenece al equipo que levantó desde cero una empresa que hoy es referencia en el sector del embutido.
Tras el reconocimiento recibido por la Federación Empresarial Segoviana, FES, Petra Marigómez, recuerda cómo comenzó casi por casualidad la aventura de Hecaber y el crecimiento exponencial de La Venta Tabanera, referente del sector agroalimentario y la industria cárnica.
LOS INICIOS, POR CASUALIDAD
La trayectoria de Petra Marigómez Domingo está ligada a Hecaber —acrónimo de Hermanos Castro Bernabé— una empresa familiar que con el tiempo se consolidaría bajo la marca comercial La Venta Tabanera. Todo comenzó hace más de tres décadas, cuando cuatro miembros de la familia decidieron emprender juntos.
En realidad, explica Petra, su entrada en la empresa fue fruto de una circunstancia muy concreta. La empresa estaba formada por los hermanos de su marido, pero él no podía figurar como socio por motivos laborales. “Entonces entré yo”, recuerda con naturalidad.
Aquella decisión, aparentemente circunstancial, terminó convirtiéndola en la primera presidenta de la compañía. “Al ser yo la que estaba un poco fuera de ese vínculo entre hermanos, me dijeron que fuera la presidenta. Y yo encantada”, explica.
En aquellos primeros años eran cuatro personas trabajando en el proyecto familiar y cada uno asumía las tareas necesarias para sacar adelante el negocio. Y así, Petra pasó por todos los puestos dentro de la empresa: obrador, limpieza, administración…
EMPEZAR DESDE CERO
Los inicios fueron modestos. Muy modestos. En aquellos primeros años eran cuatro personas trabajando en el proyecto familiar, y cada uno asumía todas las tareas necesarias para sacar adelante el negocio. “Cuando empiezas desde cero haces un poco de todo. Todo lo que haga falta”, resume Petra.
Y así fue. Durante los primeros tiempos pasó por prácticamente todos los puestos posibles dentro de la empresa: desde el obrador hasta la limpieza, pasando por la administración y la oficina.“La administración sí que la llevaba más yo, ayudada al principio por una gestoría, porque había cuestiones que yo no sabía. Pero el resto… hacíamos absolutamente de todo”.
La empresa nació centrada en la elaboración de embutidos, especialmente chorizo, el producto estrella que con el tiempo se convertiría en su sello de identidad. A partir de ahí fueron ampliando su catálogo con lomos, jamones, productos en aceite, cortezas y diferentes especialidades del sector cárnico. Lo que no cambió fue la filosofía inicial: trabajo duro, decisiones compartidas y mucha implicación personal.
UNA MUJER AL FRENTE… SIN PENSARLO
Cuando Petra asumió la presidencia de la empresa, hace más de 30 años, no era habitual que una mujer encabezara una compañía, especialmente en un entorno rural y en un sector tradicionalmente masculino como el cárnico. Sin embargo, ella asegura que en aquel momento no lo pensó demasiado. “Yo no fui consciente de eso. Estaba en mi ámbito, en mi entorno, y no lo pensé”, recuerda. La conciencia de lo que significó su papel llegó mucho después, cuando recientemente recibió un reconocimiento de la Federación Empresarial Segoviana, FES.
“Ha sido ahora, con ese homenaje, cuando he empezado a ser consciente de que hace 32 años no era algo normal”, admite.
La empresa nació centrada en la elaboración de embutidos, especialmente chorizo, el producto estrella y sello de identidad. A partir de ahí fueron ampliando catálogo; lomos, jamones… pero lo que nunca cambió fue la filosofía inicial: trabajo duro y decisiones compartidas”
Aun así, cree que el contexto personal también influye. Petra creció en una familia en la que, aunque existían ciertas diferencias en los roles tradicionales, nunca le faltaron oportunidades.
“En casa sí había más distinción en algunas cosas, porque yo era la mujer entre tres hermanos y siempre parecía que la mujer tenía que estar más pendiente de la casa o de cuidar a los padres. Pero también es verdad que me dieron las mismas posibilidades de estudiar”.
Aunque empezó la carrera de Químicas, finalmente no la terminó. “Yo siempre digo que tengo pocos estudios porque no los aproveché”, comenta con una sonrisa.
CRECER PASO A PASO
Con el paso de los años, el pequeño proyecto familiar fue consolidándose. Lo hizo sin grandes prisas, pero con una estrategia clara basada en la calidad del producto y el esfuerzo constante.
“Se ha conseguido muy despacio, con muchísimo trabajo y mirando mucho cada paso”, explica.
En tres décadas, la empresa pasó de contar con cuatro personas a una plantilla cercana a las treinta. Además de la nave de producción, el negocio abrió dos tiendas: una en Segovia y otra en Valladolid. Mantener la esencia familiar durante ese crecimiento no fue sencillo, pero Petra tiene clara la clave. “Hablando mucho, teniendo muchas reuniones, comentando todo y escuchándonos”.
La toma de decisiones siempre fue compartida entre los socios. Hoy en día, la empresa mantiene reuniones periódicas cada tres meses, una práctica que se fue consolidando con el tiempo.
EL VALOR DEL EQUIPO
Para Petra, el éxito del proyecto no puede entenderse sin el trabajo en equipo. “Es como una mesa a la que se le rompe una pata. Si falla algo, falla todo”, explica.
Ese espíritu colaborativo se ha mantenido incluso con el crecimiento de la plantilla, apoyándose en responsables de área y departamentos que canalizan las propuestas y necesidades del equipo. “Hay que escuchar a todos”, insiste.
También considera que la cercanía con los clientes ha sido fundamental para consolidar la empresa.
“La calidad del producto ha sido siempre muy importante, pero también el trato cercano. Al vivir en una zona rural, la relación con la gente es muy de casa, de cercanía”. Muchos clientes no solo compraban productos: formaban parte de la historia del negocio.
EL MOMENTO MÁS EMOTIVO
Entre los muchos recuerdos acumulados durante estos años, Petra destaca uno especialmente significativo: una jornada de puertas abiertas que organizó la empresa.
Lo que en principio parecía un evento sencillo acabó convirtiéndose en una auténtica celebración multitudinaria. “Empezamos a enviar invitaciones y empezaron a confirmarnos que venían muchas personas… y aquello se llenó de gente”, recuerda.
Acudieron autoridades, clientes y vecinos, pero lo que más la emocionó fue la presencia de quienes compraban habitualmente en la tienda. “Gente que venía a comprar su kilo de lomo o su chorizo y que fue a ver la empresa y a darnos la enhorabuena. Fue muy emocionante”.
LA CONCILIACIÓN Y EL ESFUERZO
Compatibilizar la vida profesional con la personal no siempre fue fácil, especialmente en los primeros años, cuando el proyecto exigía largas jornadas.
“Llegabas a casa muy cansada”, admite. Aun así, nunca sintió que tuviera que renunciar a algo importante, salvo a parte de su tiempo. “Ha habido momentos buenos y malos, como en todas las empresas y en la vida, pero no me quejo”.
UNA JUBILACIÓN ACTIVA
Petra dejó la presidencia en 2017, coincidiendo con un momento importante para la empresa: el cambio oficial del nombre de la sociedad, que pasó a llamarse La Venta Tabanera, igual que su marca comercial.
Desde entonces, otra persona ocupa la presidencia. Petra continuó vinculada un tiempo más, hasta su jubilación definitiva hace casi dos años.
El paso de una vida laboral intensa a la jubilación genera cierta incertidumbre al principio.
“Después de tantos años trabajando te preguntas qué vas a hacer con esas ocho horas del día”, explica. Sin embargo, pronto encontró nuevas actividades y rutinas. “Hay muchos cursos, muchas cosas en las que puedes participar. Se disfruta el tiempo de otra manera”.
Para Petra el éxito del proyecto no puede entenderse sin el trabajo en equipo. Ese espíritu colaborativo se ha mantenido incluso con el crecimiento de la plantilla, apoyándose en responsables de área que canalizan las necesidades y propuestas del resto. “Hay que escuchar a todos”, insiste
UN LEGADO COMPARTIDO
Cuando se le pregunta por su legado, Petra evita atribuirse protagonismo. “Más que mi legado, hablaría del legado de todos”.
Para ella, lo verdaderamente importante es la empresa que construyeron entre los cuatro socios fundadores y el modelo de trabajo que implantaron: decisiones consensuadas, diálogo constante y respeto por las opiniones de los demás.
“Las cosas no puede decidirlas una sola persona. Hay que hablarlas y escuchar”.
Aun así, su papel también tuvo una dimensión histórica. Hoy, cuando mira hacia atrás, reconoce que quizás, sin darse cuenta, abrió camino a otras mujeres. “Yo no lo pensé en su momento. Lo estoy pensando ahora”.
Curiosamente, recuerda que muchas de las primeras personas contratadas por la empresa fueron mujeres. Y hoy, dentro de la plantilla de La Venta Tabanera de unas treinta personas, doce son mujeres. “Poco a poco, entre todas, iremos consiguiendo la igualdad a la que queremos llegar”, concluye.
Sin grandes discursos ni reivindicaciones, Petra Castro resume así más de treinta años de trabajo: esfuerzo compartido, decisiones tomadas en equipo y la satisfacción de haber contribuido a construir algo duradero. Una historia empresarial que comenzó con cuatro personas y que hoy sigue creciendo.



