Benigno Varillas nos habla hoy del rewilding. No es una moda verde, sino un giro civilizatorio. Tras décadas en el mundo de la conservación, propone pasar de la lógica defensiva —proteger lo que aún resiste— a una lógica de restitución: devolver al territorio procesos naturales completos, especies ausentes y equilibrios que la domesticación y el abandono han roto. Su mirada se mueve entre lo biológico y lo político: reasilvestrar no es solo “soltar animales”, sino aceptar que lo libre incomoda, descoloca y obliga a replantear quién decide sobre el paisaje, con qué fines y desde qué imaginario.
En esta entrevista damos una vuelta por los nudos del mundo rural contemporáneo: despoblación, ganadería extensiva, depredadores como el lobo y la necesidad de modelos económicos viables que no dependan únicamente de producir carne. Varillas apuesta por una idea tan polémica como sugerente: el futuro de la “España vacía” no lo protagonizarán los pastores que ya no llegan, sino nuevos habitantes capaces de generar ingresos con actividades digitales mientras sostienen, organizan y comunican la vida silvestre. En un horizonte atravesado por la inteligencia artificial, sostiene que el conflicto de fondo no es solo izquierda/derecha o empresa/trabajo, sino domesticación/libertad. Y presenta una tesis radical: la gran especie a reintroducir es el propio ser humano, reeducado para habitar, y no dominar, lo salvaje.
En un mundo atravesado por la inteligencia artificial, defiende que el futuro del campo no pasa por nostalgias productivistas, sino por una nueva alianza entre territorio, biodiversidad y cultura tecnológica. Y, al fondo, una pregunta que recorre toda la conversación: ¿estamos restaurando ecosistemas… o recuperando una forma de relación con lo libre que hemos olvidado?
—El concepto de rewilding plantea la recuperación de grandes procesos naturales. ¿Qué diferencia hay entre conservar y reasilvestrar?
—Hasta ahora, los esfuerzos se centraron en conservar las especies y los espacios salvajes que nos quedaban, e intentar que los que estaban siendo destruidos, se protegieran. Una vez que la política oficial, la legislación y la sociedad han asumido que hay que proteger la naturaleza, el siguiente paso es recuperar especies que extinguimos, bien trayéndolas de sus últimos reductos, como en el caso del bisonte europeo, que sobrevivió en Polonia, o con la de-domesticación de las especies que, como el uro, el tarpán y el cebro, es decir, la vaca, el caballo y el asno, solo sobrevivieron en los genes de sus descendientes domesticados.
—En España, el rewilding se ha vinculado en ocasiones a grandes propietarios de fincas de caza. ¿Es una paradoja que la restauración ecológica venga de la mano del mundo cinegético?
—Antes de ofrecerle a grandes fincas de caza que alojen manadas de grandes herbívoros salvajes, estuvimos Fernando Morán y yo, intentándolo durante más de 10 años con las juntas vecinales de cerca de 100 pueblos de más de 30 provincias de España y Portugal, sin lograr que aceptaran esta forma de gestionar territorios que por motivos históricos están en sus manos, aunque ya no los utilicen y solo lo haga el único ganadero que queda en cada pueblo. Donde antes había diez ganaderos con diez vacas cada uno, ahora hay uno con cien vacas, y la experiencia es que se suele oponer a cualquier iniciativa, porque se siente dueño de todo el municipio y con las ayudas de la PAC no necesita más.
Los grandes propietarios de fincas han acogido manadas de bisontes, caballos, salvajes y otros herbívoros y los tienen en ellas como un privilegio, ya que son capaces de entender qué es lo que les estamos proponiendo hacer, al margen de que les pueda ayudar a mantener la vegetación de sus fincas a raya para controlar incendios y regenerar la fertilidad del suelo.
—¿Qué resistencias políticas, administrativas o sociales encuentra hoy el rewilding en España?
—Todas las del mundo. Este es un tema muy interesante que debería analizar un psiquiatra. La fobia que hay a Lo Libre. Siempre pensé que era cosa de los que vivían de la ganadería y la agricultura, que es lógico que vean lo silvestre como algo a combatir, es decir, lo que llaman ellos malas hierbas, alimañas, etc. pero lo que nunca pensé es que cuando nos pusimos a recuperar la fauna que extinguimos en su día, sean algunos ecologistas y algunos científicos los que se oponen a que vuelva Lo Libre salvaje. Se han adaptado a la fauna que quedó y la que desapareció para ellos ya no tiene sentido que vuelva.
—Usted ha defendido durante décadas la necesidad de reconciliar conservación y mundo rural. ¿Puede el rewilding ser una oportunidad económica real para zonas despobladas?
—Hasta 2011 intenté que fueran los ganaderos y los agricultores los que tomaran la bandera de la conservación de la naturaleza, como un elemento más de su capacidad productiva, pensando que si les aportaba prestigio y dinero, lo asumirían con interés. Fracasé rotundamente. Me di cuenta de que ese mundo se está desmoronando y no tiene capacidad de reciclarse y de ampliar perspectivas. Así que, a partir de 2012 vi con claridad que quien tiene que colonizar la España vacía, no son pastores trashumantes, que ningún joven quiere serlo, sino teletrabajadores que utilicen el territorio asilvestrado como lugar de trabajo, en el que puedan vivir una experiencia vital en el marco de un plan organizado y controlado por entidades conservacionistas, de tal manera que su función en los espacios naturales sea velar por la vida salvaje y generar un beneficio económico a la sociedad.

—¿Cómo se gestiona el equilibrio entre grandes herbívoros, ganadería extensiva y depredadores como el lobo?
—Los grandes herbívoros al asilvestrarse recuperan su capacidad de estructurarse en manadas naturales, con un macho y varias hembra alfa y un comportamiento que les hace menos vulnerables al ataque de los depredadores. La producción de carne en las zonas donde vuelven los grandes depredadores solo se podrá organizar con animales que sepan defenderse mejor que los mansos. Los nuevos «ganaderos» no vivirán ya solo de la carne que produzcan los herbívoros que siguen y fomentan, sino que además de producir la carne que ahora produce la ganadería extensiva, solo que carne salvaje, producirán comunicación multimedia, turismo de naturaleza, cultura y servicios ambientales. El ganado asilvestrado será un complemento de sus capacidades digitales, que a través del teletrabajo les generen los ingresos necesarios para vivir, siendo la producción de biodiversidad y de carne un elemento complementario. Todo ello, en un mundo, donde la producción de alimentos se hará de forma industrial en zonas altamente productivas y rentables, con una tecnología muy distinta a la que conocemos.
—¿Es compatible la cultura de la caza con una ética profunda de restauración ecológica?
—Los homos sapiens fuimos recolectores-cazadores durante 300.000 años que llevamos como especie en la Tierra. Solo desde hace 5.000 años hemos domesticado y abandonado la recolección y la caza de especies salvajes como forma de alimentarnos. En el Paleolítico la caza era una función sagrada. Lo que se llama caza era la actividad del depredador que mantiene el equilibrio ecológico, la sanidad y la evolución de sus presas. La depredación es una función clave en los ecosistemas. El problema es que lo que era un cazador Paleolítico ahora es un matarife que no sabe de dónde le viene la función que debiera realizar ni tiene las facultades para hacerla, ni siquiera entenderla.
—¿Estamos intentando restaurar ecosistemas o también una forma de relación humana con lo salvaje que hemos perdido?
—La principal especie salvaje que aniquilaron los ganaderos neolíticos cuando entraron a saco en España, hace 5.000 años, fue a nuestro antepasado recolector-cazador paleolítico. Esa es la principal especie por recuperar, o por lo menos a restaurar la memoria prehistórica olvidada. Lo que estamos haciendo es intentar volver a una arquitectura mental anterior a la domesticación, que es la que nos permitirá sobrevivir y tener una función en el mundo de la inteligencia artificial.
—¿Qué territorios de la Península Ibérica considera prioritarios para una gran estrategia de reasilvestramiento?
—Todo lo que llamamos la España vacía, se está asilvestrando ella sola por sí misma. Con el rewilding intentamos ayudar a que ese proceso se haga lo más completo posible, sin generar desequilibrios, como por ejemplo, el que se está produciendo con la explosión demográfica del jabalí o del corzo por falta de depredadores, o competidores, como el bisonte, que sin ser un carnívoro, donde él ocupe el espacio, el jabalí tendrá menos refugio. En lugar de luchar contra el viento debemos de poner la vela a favor y transformar el fenómeno de la vuelta de lo salvaje en un recurso, y que la España vacía se llene de Silicon’s Valley ubicados en Yellowstone’s europeos.
—¿Qué especies deberían ser clave en los próximos veinte años?
—La primera, el homo sapiens silvestre, los nómadas digitales que puedan ubicarse a vivir en zonas remotas para gestionar la vida silvestre, y luego toda la pirámide trófica desde el bisonte hasta el castor, llegando a la humilde abeja.
—¿Puede el rewilding integrarse en las estrategias energéticas y corporativas —como algunas iniciativas asociadas a grandes empresas— sin perder autenticidad?
—El nuevo modelo de sociedad que trae la IA necesita una reconversión de todos los sectores. La batalla aquí no está entre empresarios y trabajadores explotados; ideologías de izquierdas o de derechas; ateos o creyentes, ya que todos esos sectores que se creen antagónicos forman una sola unidad que es el pensamiento neolítico, es decir, los que vivimos domesticados y no sabemos que hay algo más allá de lo que conocemos. La batalla está pues entre los esclavo o lo libre, y en eso, el mundo digital nos lleva a lo último, queramos o no.
