Los efectos en la economía mundial de la guerra de Irán dependerán de lo que se prolongue y la intensidad que adquiera, pero diez días después del primer misil, las empresas y las familias ya sienten las consecuencias en sus cuentas.
Por el estrecho de Ormuz transita el 20% del comercio mundial de petróleo. Tras una semana de cierre, el precio del barril de Brent cerró el pasado viernes en 92,69 dólares, un 27,8% más en siete días, y el gas natural de referencia en Europa se disparó un 69% en la semana. Ayer, con la certeza de que el conflicto se va alargar tras el nombramiento de Mojtaba Jameneí como líder supremo de Irán y el ataque de Israel a infraestructuras petrolíferas iraníes, el precio del petróleo superó la barrera psicológica de los 100 dólares el barril, y aunque cerró la jornada por debajo de ese precio, llegó a cotizar a 119 dólares.
Desde el comienzo de los bombardeos, el precio medio de la gasolina sin plomo 95 ha pasado de 1,495 euros a 1,664 y el del gasóleo A, de 1,447 a 1,772, uno incremento del 10 y del 22% respectivamente. Llenar el depósito de un coche diésel hoy es hasta 15 euros más caro que hace diez días.
En lo que respecta a la electricidad, el precio medio en el mercado mayorista se fijó ayer lunes en 119,42 euros/MWh de media. Antes de los ataques, el 28 de febrero, ese precio estaba en los 14,5 euros/MWh.
El precio de la electricidad llegó a estar ayer en los 202 euros/MWh, y hoy martes seguirá subiendo hasta los 136,86 euros/MWh, su precio más alto desde el 17 de febrero de 2025.
Más subidas de costes para las empresas, agrícolas en este caso. El cierre de Ormuz también ha supuesto un ascenso en el precio de los fertilizantes del 24% en comparación con la semana pasada. Además, Irán es uno de los principales exportadores mundiales de urea y podría haber reducido su producción, para la que es fundamental el gas natural.
Es pronto para predecir consecuencias a más largo plazo, pero una energía más cara repercute en la cesta de la compra de las familias y aumenta los costes de producción de las empresas. El aumento del IPC, la inflación, reduce el consumo privado y el crecimiento económico, que también se ve afectado por un parón en las exportaciones, ya que la actividad económica se reduce a nivel internacional. El turismo, con billetes de avión más caros también se reduce, mientras que las empresas dejan de invertir por la incertidumbre.
La gasolina sin plomo 95 ha subido un 10% y el Gasóleo A un 22%. Llenar el depósito de un coche diésel es 15 euros más caro que hace diez días
Ya hay voces que alertan de consecuencias muy concretas de la guerra de Irán. Sobre todo en el campo. El coordinador general de la Coordinadora de Organizaciones de Agricultores y Ganaderos de Castilla y León (COAG), Lorenzo Rivera, advirtió el viernes que está en peligro la viabilidad del cultivo del maíz. El cambio climático, los aranceles de Estados Unidos y ahora las subidas del gasóleo y del fertilizante convierten en inviables las explotaciones que no consigan producciones por encima de las 20 toneladas por hectárea, cuando la media es de 15 toneladas o menos. En el resto de cereales, un nuevo aumento de los costes puede ser igual de peligroso para su producción.
Asaja Segovia ha pedido medidas para que el precio de las materias primas no se disparen y la Unión de Pequeños Agricultores y Ganaderos (UPA) ha exigido al Gobierno que actúe para evitar prácticas especulativas de los operadores petrolíferos.
Exportaciones en peligro
Más inciertas son las consecuencias de la guerra de Irán en las balanzas comerciales de Segovia, especialmente en la de Estados Unidos. Las empresas exportadoras estaban intentando sortear los aranceles impuestos por Trump y ahora tienen que hacer frente a un hipotético cierre del mercado de Estados Unidos debido a la postura del Gobierno de España en el conflicto, que ha indignado al presidente norteamericano que, de momento, solo ha amenazado con un embargo comercial.
Una amenaza que afecta al 4,6% de las exportaciones segovianas, que son las que tienen como destino Estados Unidos. En 2025, las exportaciones provinciales ascendieron a 813 millones de euros, de los que 38 correspondieron a Estados Unidos, el sexto país al que más vende la industria segoviana.
Segovia exporta a Estados Unidos semimanufacturas (24 millones de euros), bienes de equipo (8,6 millones) y productos alimentarios (3,9 millones), concretamente artículos higiénicos de papel, aislantes eléctricos de vidrio, legumbres preparadas o conservadas y tubos y mangueras de caucho.
En cuanto a las importaciones, Segovia compró en Estados Unidos por valor de 29 millones de euros en 2025, lo que deja un saldo positivo para la provincia de 9 millones de euros.
La mayoría de las importaciones segovianas son materias primas (23,55 millones de euros), les siguen las manufacturas de consumo (3,44 millones) y los bienes de equipo (1,43 millones). Lo que llega de Estados Unidos es pasta de madera, cartuchos para herramientas industriales, productos higiénicos de papel y caucho sintético.
Ante la incertidumbre de las amenazas de Trump, las organizaciones empresariales piden serenidad y la vuelta a la situación anterior. Desde la Federación Empresarial Segoviana (FES), su presidente, Andrés Ortega, ha mostrado su preocupación por las repercusiones para los sectores económicos vinculados al comercio internacional y sus efectos en la economía segoviana. Por eso confía en que las relaciones comerciales entre España y Estados puedan mantenerse con «normalidad».
CEOE castilla y león: “Hay que recuperar la vía del diálogo para que no nos pueda afectar más de lo que ya nos están afectando los aranceles”
Mientras, la Cámara de Comercio de Segovia espera que las amenazas de Trump no pasen de serlo, ya que incluso son legalmente cuestionables, como se ha puesto de manifiesto con los aranceles impuestos por Trump y derogados por la Corte Suprema estadounidense. Además, España es un país miembro de la Unión Europea y sus relaciones comerciales con Estados Unidos no son bilaterales, están regidas por los tratados vigentes.
El presidente de la Asociación de la Industria Alimentaria de Castilla y León, Santiago Miguel, confía en que las conversaciones entre ambos gobiernos suavicen la “controversia” y que la relaciones comerciales no se vean afectadas. No obstante, según él, el sector agroalimentario ha demostrado su capacidad de resiliencia, ya que no es la primera vez que se ponen en peligro las relaciones comerciales por la amenaza de aranceles.
Finalmente, el presidente de CEOE Castilla y León, Santiago Aparicio Jiménez, apuesta por la “vía diplomática” . “Creo que hay que recuperar inmediatamente la vía del diálogo para que no nos pueda afectar más de lo que ya nos está afectando la situación, con los aranceles que se pusieron en su día”.
