En el corazón de Torrecaballeros, a apenas diez kilómetros de Segovia, hay un rincón donde el aroma del sofrito reposado y el arroz en su punto exacto evocan el Mediterráneo. Es el restaurante Los Naranjos, un proyecto que nació en 2005 del empuje y la ilusión de dos valencianos, Antonio Sinsaez y Begoña Danvila, decididos a llevar la esencia de su tierra al centro de España.
La idea fue tan arriesgada como apasionante. Sin experiencia previa en hostelería, pero con un profundo respeto por el oficio y un amor inquebrantable por la cocina, especialmente en el caso de Antonio —autodidacta y entregado a su vocación—, ambos emprendieron una aventura que cambiaría sus vidas. “A los valencianos se nos define como personas trabajadoras y emprendedoras, y así somos nosotros”, resumen cuando miran atrás.
Su vinculación con la provincia era inexistente hasta que unos amigos les animaron a instalarse en Torrecaballeros. Hoy reconocen que aquella sugerencia marcó su destino. “Nos sentimos felices y muy bien acogidos por los segovianos, que son personas extraordinarias”.
El nombre del restaurante no es casual. ‘Los Naranjos’ simboliza sus raíces, la identidad de una tierra conocida por el arroz y los cítricos. Valencia —tierra de huerta, de mar y de tradición— está presente en cada detalle. Para sus fundadores, el establecimiento no es solo un negocio, sino una forma de vida, la materialización de un sueño por el que siguen luchando cada día.

La propuesta gastronómica comenzó siendo puramente emocional, “centrada en nuestra cocina valenciana y en las recetas familiares de la huerta de Ruzzafa, barrio emblemático valenciano. Con el tiempo, la visión evolucionó. Sinsaez explica que “el cambio más importante fue pasar de cocinar lo que él quería hacer a ofrecer lo que el comensal necesitaba experimentar, sin perder nuestra esencia e identidad”.
Ese proceso implicó refinar técnicas, profesionalizar procesos y transformar un equipo de entusiastas en un grupo sólido y formado. La carta, que comenzó siendo sencilla, es hoy una propuesta madura y coherente, donde cada plato tiene una razón de ser. El mayor logro, subrayan, es la consistencia: que cada arroz sepa igual de extraordinario cada vez que el cliente se sienta a la mesa.
La paciencia es la base de su cocina. Fuego lento, sofrito reposado y respeto absoluto por el producto. Cocinan con el rigor técnico actual, pero con el alma heredada de sus abuelas. La escena que mejor resume su filosofía es la del domingo en familia, con la paella en el centro y todos compartiendo alrededor.
Fieles a la tradición más purista, defienden la receta original de la Paella Valenciana, aunque Antonio siempre guarda algún secreto fruto de su experiencia. El arroz, elemento esencial, procede del entorno del Parque Natural de la Albufera, mientras que pescados y mariscos llegan del mar Mediterráneo, completando una oferta donde el producto es protagonista.
En Valencia, la paella se cocina con leña de naranjo. En Castilla y León la normativa no lo permite y utilizan gas, aunque en su casa en reuniones familiares y celebraciones populares siguen recurriendo a la leña, manteniendo vivo el rito original.
Más allá de la paella, la carta despliega un recorrido por la tradición levantina: arroces variados, fideuas, calderos de pescado y marisco, el emblemático ‘All i Pebre’ de El Palmar, el ‘Suquet de peix’ de los pescadores, además de especialidades como clotxinas, tellinas, mandonguillas, esgarrat, titaina o chipirón en su tinta.
El cliente que cruza sus puertas busca sentirse como en casa. “Viene con frecuencia, recomienda el sitio a sus amigos y familiares, y sabe reconocer el sabor auténtico de nuestra cocina hecha con producto de primera calidad, a precio asequible y con las mejores elaboraciones del mercado actual. Nuestro cliente principal es de Madrid, debido a los muchos años que regentamos un hotel en la capital, aunque cada vez son más los segovianos que se acercan atraídos por la promesa de viajar, a través del paladar, hasta la costa levantina”.
Esfuerzo, cariño e ilusión son las palabras que resumen su trayectoria. Su reto es claro: no perder la esencia, elevar cada día la calidad y el servicio y alcanzar el mayor reconocimiento al que aspira cualquier profesional del sector. Mientras tanto, mantienen intacto el lema que define su propuesta y que sintetiza su espíritu: “Valencia a solo 10 kilómetros de Segovia”.

