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El éxodo en los cobres de la Catedral de Segovia

por José Miguel Espinosa Sarmiento
1 de marzo de 2026
Salida de Egipto del pueblo de Israel.

Salida de Egipto del pueblo de Israel.

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El Cabildo de la Catedral de Segovia ha promovido y organizado, con motivo del V centenario, una gran exposición titulada La pintura flamenca sobre cobre en la Catedral de Segovia. El subtítulo Arte para evangelizar muestra cómo con este tipo de actividades culturales la Iglesia se acerca al hombre de hoy a través de la via pulchritudinis, de la belleza, utilizando el lenguaje visual. Hay que felicitar a los comisarios Sirga de la Pisa y Adolfo Rubio por el resultado de la muestra que podrá visitarse hasta el próximo verano. Ha supuesto meses de trabajo, de investigación y restauración sobre 26 cobres flamencos del siglo XVII de la Catedral y de la Parroquia de Marazoleja. Aquí nos vamos a centrar en 7 de ellos referidos a la liberación de los israelitas de la esclavitud egipcia. Menos el primero que es anónimo, los demás son de Peeter Sion, que sigue en ellos la pauta de Frans Francken.

Los sucesos que se recogen en estos cuadros se remontan cronológicamente al siglo XIII a.C., al nuevo y más poderoso imperio egipcio, el de los templos del Valle de los Reyes y ciudades de almacenamiento, el de los faraones Seti I y Ramsés II. Tres siglos antes había comenzado la esclavitud de los hebreos. Dios quiso librar a su Pueblo sirviéndose de Moisés. Los hechos se narran en el libro del Éxodo, llamado así en la versión bíblica griega de los LXX (setenta). La palabra éxodo significa salida. A partir del don divino de su liberación pasarían 40 años hasta alcanzar la Tierra de Promisión, un largo tiempo para asimilar su condición de Pueblo del Señor. La cuarentena pasaría a ser paradigma en la historia de la salvación: Jesús se retirará durante 40 días al desierto en oración y penitencia antes de iniciar su ministerio público, y los cristianos cada año viven su éxodo hacia la verdadera libertad en cuaresma. Una larga peregrinación por el desierto como lugar de encuentro con Dios, la de Moisés con los israelitas, en la que la alianza o pacto del Sinaí fue un hito fundamental. Aquella alianza, figura de la que instauraría Jesucristo, supuso la protección de Dios, el tenerle como único Dios, acoger su santa ley por parte de un pueblo consagrado, sacerdotal.

El primer cobre a analizar siguiendo el orden cronológico de los sucesos históricos es el de Salida de Egipto del pueblo de Israel (Ex 12, 31-42). Tras las diez plagas el faraón dejó marchar a los hebreos. Fue una salida presurosa, noche de vigilia, evitando la vigilancia de las rutas comerciales. La tabla refleja, con fondo de ciudad, cómo son agasajados por sus opresores con regalos como se había profetizado a Moisés al darle su misión (Ex 3, 21 s.), en compensación por sus trabajos.

El pueblo de Israel tras el paso del mar Rojo con la momia del patriarca José.
El pueblo de Israel tras el paso del mar Rojo con la momia del patriarca José.

Bajo el título El pueblo de Israel tras el paso del mar Rojo con la momia del patriarca José (Ex 14, 15-31) se muestra el segundo de los cobres referidos al Éxodo en el que aparece el Pueblo de Dios ya salvado en la orilla alabando y dando gracias, el llamado Cántico de María (Ex 15, 20 s.), mientras Moisés con la vara consigue que las aguas aneguen al faraón y sus ejércitos. En primer plano está un féretro descubierto con la momia embalsamada de José que había encargado bajo juramento que se llevaran sus huesos (Gn 50, 25 s.). Los hijos de Israel colaboraron en este acontecimiento, Moisés como instrumento del Señor Todopoderoso siguió sus órdenes para burlar la persecución egipcia, cruzando milagrosamente el mar. Este memorable suceso suele relacionarse con el bautismo de Jesús en el Jordán y los efectos del sacramento en el que se vence al diablo y la esclavitud del pecado.

El milagro del maná.
El milagro del maná.

El milagro del maná (Ex 16, 1-35), primer prodigio divino en el desierto, se produce ante la protesta de los israelitas faltos de fe y de esperanza por el hambre que les acompaña. En el cuarto libro bíblico describe este alimento, cómo lo aprovechaban, y el momento en el que Dios lo daba: El maná era como semilla de cilantro, y su aspecto era parecido al de una resina. El pueblo salía a recogerlo (doble ración el viernes para respetar el sábado), y lo molían en el molino o lo machacaban en el mortero; lo cocían en la olla y hacían con él unas tortas cuyo sabor era como el del pan con aceite. Cuando el rocío caía sobre el campamento, por la noche, también el maná descendía sobre él (Num 11, 7-9). El vocablo maná (qué es esto) es lo que dijeron los hebreos al ver este alimento. Dios, siempre fiel, no abandona a su pueblo. El maná es anticipo de la Eucaristía, el pan de vida que Jesús dejaría a su Iglesia (Jn 6, 48-51).

Moisés hace brotar el agua de la roca de Horeb.
Moisés hace brotar el agua de la roca de Horeb.

Otro de los prodigios divinos en su peregrinación por el desierto fue calmar la sed del Pueblo. El cuadro que lo representa se ha denominado Moisés hace brotar el agua de la roca de Horeb (Ex 17, 1-7). Ante la dureza experimentada en el yermo, los hebreos vuelven a dudar de Dios, la murmuración les lleva a pedir una prueba de su protección. Moisés hirió la roca, manó el agua, pero por su falta de confianza no podría entrar en la Tierra Prometida (Num 20, 12, Dt 34,3). Es otro episodio que prefigura el Bautismo. El cobre representa a Moisés golpeando la roca junto a Aarón, el agua es recogida, y se ve a algunos saciándose con ella.

La adoración del becerro de oro.
La adoración del becerro de oro.

La adoración del becerro de oro (Ex 32, 1-35) fue un gravísimo pecado de apostasía. El Pueblo rompió la Alianza con el Dios verdadero sustituido por un toro que simbolizaba la omnipotencia divina por su fortaleza. Como refleja la pintura, Moisés rompería las tablas de los Mandamientos al ver los banquetes y diversión ante el ídolo agraciado por sacrificios. La contundente respuesta de Moisés hizo tomar conciencia del pecado cometido, y tras su intercesión los hijos de Israel experimentarían una vez más el perdón.

La serpiente de bronce.
La serpiente de bronce.

Pero el Pueblo volvería a reincidir en las protestas contra Moisés, contra Dios, en esta ocasión por un gran rodeo. El cuadro La serpiente de bronce (Nm 21, 4-9) recoge el castigo y remedio que tuvo lugar. El veneno de serpientes diezmó la población, los supervivientes lo fueron por mirar a un mástil del que colgaba la serpiente de bronce que Dios había mandado hacer a Moisés. Esta serpiente pasó a llamarse Nejustán, y al convertirse en un ídolo fue destruida por el rey Ezequías siglos después (2 R 18, 4). Este estandarte suele colocarse al lado de la representación de quien en la cruz venció a la serpiente del paraíso, nos salva, y atrae todo lo humano noble como ofrenda agradable al Padre.

El Paso del río Jordán a pie.
El Paso del río Jordán a pie.

Muerto Moisés, le sucede Josué al que vemos en El Paso del río Jordán a pie (Jos 3, 1-17) obedeciendo a Dios que dispuso entraran en la Tierra de Promisión. Para ello tenían que atravesar el río Jordán. Antes se purificarían como Moisés antes de la manifestación de Dios en el Sinaí. El protagonismo será no ya para el Ángel o la Columna de nube, sino para el Arca de la Alianza que portada por los sacerdotes al llegar a las aguas de la orilla logró el prodigio de detener las que bajaban de arriba facilitando el paso del Pueblo elegido. El cuadro representa seco el lecho del río en el que cuatro sacerdotes sostienen el Arca. El gentío espera en una orilla con Josué, o camina por la otra orilla ante un muro de olas. Una vez más la esperanza en el poder de Dios se ve colmada. Se erigirá un monumento conmemorativo en el santuario de Guilgal con doce piedras del Jordán. Se repite lo que aconteció con la salida con Moisés: circuncisión, celebración de la Pascua, manifestación divina. Cesó el maná y comenzaron a comer los productos de la tierra a conquistar.

Hemos recordado hechos memorables del Pueblo de la Antigua Alianza, muy representados por la bellas artes por su destacada importancia en la historia de la salvación. Los cobres de esta exposición lo consiguen con primor y acierto, y son un excelente medio para revivir los misterios cristianos de la cuaresma y pascua.

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