José María Avrial y Flores. Casa de Hércules hoy convento de Santo Domingo. Aguada. 1843. Las religiosas dominicas tuvieron un primer convento lejos de la ciudad, en Santo Domingo de los Barbechos. Buscaron acercarse y, según nos cuenta Avrial, lo consiguieron en estas fecha y forma: “Siendo priora doña Mayor de Virués compró a Juan Arias de la Hoz la fortaleza y casa llamada de Hércules, por ser fundación suya, y pareciéndole poco compró también otra casa antigua a Diego de Peralta y dispuestas ambas en forma conventual, en 13 de junio de 1513 se pasaron las monjas con solemne procesión y aplauso al convento que en el día de hoy ocupan, que está frente a la parroquia de la Santísima Trinidad”.

José María Avrial y Flores. Iglesia de la Trinidad. Aguada. 1843. Junto con el frontero convento de Madres Dominicas, esta iglesia románica compone un rincón de gran poder evocador y la aguada de Avrial muestra bien sus fachadas occidental y norte. Es pequeña, de una sola nave y con pórtico entonces cegado. A poniente vemos una portada y una ventana, ambas abocinadas y protegidas con chambrana. Al norte están la cornisa sobre canecillos, un muro con estribos y un semicírculo que protege una portada cegada y apuntada. De difícil interpretación. Sobre el tejado donde se unen nave y ábside, se alza la torre, algo que se repite en otros templos segovianos.

Salvador Azpiazu e Imbert. Segovia. Plazuela de la Trinidad. Dibujo. 18 Noviembre 1922. Juan Ramón Jiménez, en su libro Viajes y ensueños, escribió este emocionado párrafo, inspirado en la visión de esta plazuela y su entorno: “Por la plaza de las Dominicas. Segovia. El ambiente de Segovia ha hecho brillar mi corazón en su templo místico y caballeroso, bajo el sol de la patria, entre hierros nobles y conventos viejos. Soñando en el rincón de pena de mi alma está en mi recuerdo el convento de Dominicas, serio y sombrío, con muros sin ventanas, con musgo y humedad…” Azpiazu soñó líneas y volúmenes. Juan Ramón, debió soñar que soñaba.

Ricardo Gómez Cabrera. Segovianos. O/l. Sin fecha. Durante el período comprendido entre el último cuarto del siglo XIX y el primero del siglo XX la pintura española desarrolló un género que podríamos definir como pintura folclórica, retratos de tipos, aislados o formando escenas, de hombres y mujeres ataviados con trajes populares. En nuestra tierra fueron frecuente los que se vestían de segovianos, aunque no era necesario que los pintores vinieran aquí, porque en la prensa madrileña aparecían anuncios de personas que se ofrecían a los artistas como modelos, ataviados con esos trajes. Si la pintura se hacía en Segovia el artista buscaba un encuadre idóneo y bonito para encajar en él al retratado o a los retratados. Como la plazuela de la Trinidad, por ejemplo.

Rafael Davía Ramos. Torre de Hércules. Tinta. 1959. En la Guía de Segovia de José Antonio Flórez Valero (1991), encontré un texto que describe bien el motivo que vemos en el dibujo: “ Frente a la iglesia de la Trinidad está el convento de las Dominicas, que guarda un tesoro artístico representativo del románico civil: el torreón de Hércules, así denominado por la escultura del personaje mitológico realizando uno de sus trabajos, que se conserva en la escalera. Es el torreón de muros inferiores seguramente romanos, una maciza construcción cuyos lados se abren en pequeñas y deliciosas ventanas partidas, y cuya torre se halla coronada con matacanes”.

Rafael Davía Ramos. Calle de la Trinidad. Tinta. 1959. Por esta calleja que el pintor recorría diariamente para ir a su taller, Julián María Otero creó el ambiente de su artículo “Las horas pasan bajo la torre de Hércules”, publicado en la revista Manantial (junio, 1928): “Cuando a punto de callar el apremiante campanillo que manda ir a los más diversos quehaceres de la monotonía provinciana -cortado el alto aguijón por las nueve campanadas del reloj vecino de las mismas alturas-, cuando don Manuel se dirige a su prosaica labor, ha de pasar por una calle donde se abre, en la casa de Hércules, la entrada de la capilla dominica, ante el arco románico de un hastial: El convento de Santo Domingo y la parroquia de la Trinidad forman aurea rinconada de la literatura romántica”.

Manuel Bernardo. Torre de Hércules. Dibujo. Sin fecha. Luis Felipe Peñalosa enumera y describe los tres torreones que destacan en el sky line de Segovia, diciendo del que nos ocupa: “El último, no menos interesante, es el torreón de Hércules, correspondiente a la casa que fue de Arias de la Hoz, en cuyo interior se conserva el Grupo de Hércules con un jabalí, tan diversamente interpretado; su aspecto externo es bellísimo, pues su fortaleza queda magnificada por su precioso remate, cuya silueta, proyectada sobre el limpio azul, es uno de los mejores cuadros segovianos”.

Antonio Moragón. La Trinidad. Dibujo, 1984. Juan de Contreras describe un paseo por el barrio de los Caballeros, por calles y callejas, plazas y plazuelas, con entrantes, estrecheces y recovecos que forman un entramado de rara geometría, de donde radica su encanto. “Estrechándose a veces en angosturas inverosímiles y remansándose otras en pequeñas plazas, nuestra calle nos lleva a la plazuela de la Trinidad. Yo no sé si es ésta la que prefiero entre las plazas segovianas. Recatada entre iglesias y casas hidalgas, conserva intacto su ambiente medieval”. Hay quien dice que el torreón puede tener orígenes romanos. No sé. En la parte baja de lo que parece ser más antiguo quedan restos de una puerta con una arquivolta labrada en zig-zag como las de los pórticos románicos que por aquí se construyeron en el siglo XIII.

José Antonio Regidor. Plazuela de la Trinidad. Acuarela. 1992. Para acompañar a esta acuarela, encendida de color y de bella factura, he elegido un texto que Mariano Grau escribió en su libro Segovia. Cinta en Tecnicolor (1931): “La Trinidad. Las alas de la emoción abanican con fuerza nuestro espíritu. Pisamos un terreno donde cristalizaron innumerables cosechas de sensaciones. Vieja iglesia románica, con tu atrio ciego, con la sed de sol de tu torre maciza, con la severidad de tus portadas… Torreón de Hércules, señero en el cauce de los siglos, que sientes fecundar tus raíces en la entraña de la historia. Muro de las Dominicas, espeso de nostalgias; y esta hilera de casonas renegridas con el barniz de todas las edades… No hay un centímetro cuadrado sin que florezca una emoción nueva”.

Lilian Hinojo García. Plaza de la Trinidad. O/l. 2008. Paseaba por allí Luis Martín G. Marcos y topó con un amigo: “Le encontramos la otra tarde en la plazuela de la Trinidad y nos dijo: -Fíjense en ese rincón formado por el ángulo del lienzo de la portada de la iglesia de las Dominicas y el paredón que no hace mucho se ha construido-. Desde aquí, estábamos situados dando frente a la plazuela formada por los viejos muros del convento y la puerta de la Trinidad, se nota la desnudez de ese bastidor del fondo que, desde luego, no impide el encanto de este lago de pausas que es el plano inferior de la plazoleta, pero que no obstante, pone un poco de frialdad en el conjunto… ¿No les parece que un ciprés plantado, precisamente, en ese rincón, rompería la monotonía que se apunta desde este admirable observatorio?”. Y se plantó un ciprés que se secó al poco tiempo.

Fernando Martínez Romero. Portada de la iglesia de Santo Domingo. O/l. 2000. José María Avrial, al describir el convento de las Madres Dominicas, se fijó bien en esta portada, única en Segovia: “En esta casa no todo lo que se ve es tan antiguo como la fundación: la torre y el costado y aun la espalda serán sin duda las que existían del tiempo de su fundador; la fachada es más moderna y más todavía la puerta, que por ser de orden dórico y estar muy bien tratada, da indicios de ser posterior aún del establecimiento de las monjas en esta casa”. Con esta pintura, de colores cálidos, termino la serie. Paseen por la plazuela, visiten la iglesia del convento y la iglesia parroquial y disfruten de las obras de arte que guardan. ¿Por qué nos han quitado la palabra plazuela?
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* Supernumerario de la Real Academia de Historia y Arte de San Quirce
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