El espíritu navideño ha llegado a la ciudad, a los pueblos, a las calles, a las empresas, a los hogares y a las mesas. Nadie puede negarlo. El periodo festivo más esperado por muchos -y más despreciado por otros- ya es una realidad, la cual no solo se percibe por la proliferación de belenes o árboles adornados, sino también por la progresiva disminución del espacio en las despensas de las casas debido a los productos que llegan de las cestas navideñas. Un tradicional obsequio que corre a cargo de empresas, pero también de amigos y sorteos en negocios comerciales y hosteleros.
“Es un detalle con el que la gente cuenta siempre en estas fechas”, indica Javier Villegas, quien ostenta la distribuidora Villegas Gamifer, ubicada en Valverde del Majano. Sin embargo, la pandemia ha dado un gran vuelco a la situación de los negocios que se dedican a proporcionar estos detalles navideños.
La crisis económica que se desató en el país en el 2008 afectó gravemente a este mercado y las cestas navideñas se declararon en peligro de extinción, pues su venta llegó a caer un 40 por ciento en este periodo. No obstante, la llegada del virus ha transformado este dato, pues ha regenerado una tradición navideña por excelencia, en referencia a la gratificación que hacen las empresas a sus trabajadores. Por otro lado, las rifas y tradicionales porras de lotes navideños llevadas a cabo principalmente en establecimientos hosteleros permanecen en un ligero equilibrio con tendencia al declive, situación agravada por la pandemia.
Renovar la ilusión
“Los buenos datos de las cestas de empresa se han mantenido”, sostiene Villegas. Es más, en algunos casos han repuntado respecto al año pasado y al contexto prepandemia. “Antes, predomimaban en las entregas que se hacían de una empresa a otra para agradecer y devolver favores, pero internamente casi se había perdido”, lamenta Daniel San Juan, propietario y administrador de la distribuidora segoviana Dihose. Sin embargo, “contra todo pronóstico, las peticiones de cestas navideñas para empleados han aumentado este año”.
En suma a ello, expone que, durante este último tramo de diciembre, “la demanda de cestas para trabajadores se ha animado aún más”. Un hecho que explica con motivo de la cancelación de cenas de empresa, las cuales se han anulado en el último momento por el aumento de los contagios de Covid-19; aunque Villegas considera que este obsequio no es un sustitutivo, sino que es compatible con estos eventos.
“Es una forma de renovar la ilusión del equipo tras los meses tan duros que se han vivido por la pandemia”, manifiesta San Juan. “Sirve también para agradecer y reconocer el trabajo de los empleados”, añade Villegas, de ahí que, generalmente, las empresas no hayan escatimado este año a la hora de comunicar a los distribuidores su presupuesto para la elaboración de una cesta navideña.
“Es cierto que siempre hay un margen de dinero, pero el presupuesto no importa mucho, sino que hay mayor interés en la calidad de los productos”, señala San Juan. “Lo que quieren las empresas es transmitir un mensaje a la gente, el cual muchas veces está implícito en el lote”, añade. En concreto, el empresario de Valverde del Majano sitúa entre 50 y 70 euros el precio medio por cesta, aunque las hay por menos de 20 euros y otras por casi 1.000 euros.
Según manda la tradición
La práctica de regalar cestas navideñas a los empleados de una empresa es una costumbre arraigada en España, la cual se remonta a mediados del siglo pasado. Precisamente, se inspira en la tradición de la época romana según la cual el patrón –patronus– repartía comida a las personas de rango socioeconómico inferior que se ponían bajo su patrocinio, es decir, los clientes. “Antiguamente no se podía comer de todo durante el año, de ahí la importancia de las cestas, pues los jefes repartían a sus empleados tanto productos de primera necesidad como alimentos más especiales y típicos de estas fechas”, detalla el propietario de Dihose. “Algo que muchas veces iba acompañado de una propinilla, el aguinaldo”, añade Villegas.
Aunque ahora la mayoría de la población pueda permitirse y encontrar cualquier producto en todas las épocas del año, la tradición manda y no va a ser tan fácil de desterrar. “A la gente le gusta darse caprichos y disfrutar de productos más especiales”, observa San Juan, lo que no significa que en los últimos años estos gustos se hayan modificado. Precisamente, “muchas empresas y negocios ahora prefieren regalar un décimo de lotería, y también están creciendo las peticiones sobre cajones de jamones o lotes de vinos, cuyo presupuesto muchas veces no tiene que envidiar al de una cesta llena de multitud de productos”, explica Villegas.

El declive de las porras
A pesar de que esta regeneración del negocio tras la pandemia brinda una visión positiva al sector, es innegable el desplome de las porras y lotes navideños que se sorteaban principalmente en los establecimientos hosteleros. Un hundimiento que ya se notificaba hace algunos años, pero que ahora se ha agravado. “El año pasado los propietarios de bares tenían muchas ganas de encarar la Navidad de la mejor manera y en octubre nos pidieron muchas cestas para sortear, las cuales montamos rápidamente y tuvimos que recoger a los pocos días a causa del cierre de la hostelería”, lamenta Villegas.
A pesar de ello, algunos locales se han animado a recuperar este año las rifas. Es cierto que, en comparación con épocas anteriores, la caída es considerable, según recoge Villegas. Precisamente, la oferta es mucho menor que la demanda, según advierten algunos hosteleros, quienes se replantearon volver a organizar estos sorteos ante la incertidumbre creada por la pandemia. Sin embargo, fueron los propios clientes los que animaron a los propietarios de multitud de bares, restaurantes y otros comercios a recuperar esta práctica.
“No lo hacemos por sacar dinero, es una tradición y a la gente le gusta. Este año está muy animada y la porra que hemos organizado se completó ayer, ya no quedan huecos libres”, advierte Tinín, que regenta el Bar Las Hoces, en Sebúlcor. La cesta de Navidad ubicada en su local se sorteará el próximo 22 de diciembre y el ganador será quien haya firmado el número que comparta terminación con ‘el Gordo’ del Sorteo Extraordinario de Navidad. Este éxito es compartido también por el Mesón Los Ángeles, en Segovia, cuya primera porra se llenó de firmas en tan solo cinco días y se vieron obligados a realizar otra para que muchas más personas pudieran participar.
“Es una costumbre muy bonita que no debe perderse”, mantiene Villegas. “Es muestra de que las cosas más sencillas son las que realmente valen”, asevera San Juan. En su opinión, esta tradición despierta ilusión, alegría y esperanza, valores acordes a la Navidad, los cuales en 2020 se perdieron y este año, en cierta medida, se vuelven a recuperar.
