Mientras hay quienes hablan de una pugna entre Cataluña y España, para el historiador catalán Roberto Fernández Díaz se trata de “una pugna entre el soberanismo catalán y la idea de España”. El que fuera rector de la Universitat de Lleida entre 2011 y 2019 y presidente de la Conferencia de Rectores durante tres años (2017-2019), participó el 17 de junio en Segovia en la novena edición del ciclo ‘Valores y Sociedad’ de la Fundación Valsaín, bajo el título ‘La Constitución. ¿Un proyecto común?’.
— ¿Se puede hablar de conflicto catalán?
— No existe el conflicto catalán, existe el conflicto del independentismo catalán con respecto a la idea de España. Si hablamos del conflicto catalán, tendríamos que hablar del conflicto entre los catalanes. Es muy importante no decir “el problema de Cataluña”, porque el independentismo se atribuye a todo lo catalán y ellos sienten que son Cataluña.
— Pero, ¿sí piensa que hay un conflicto entre los catalanes?
Hay una pugna interna en la sociedad catalana, que la ha divido en estos últimos diez años en dos bandos que en estos momentos parecen difícilmente reconciliables. Por un lado, está el secesionismo y, por otro, el constitucionalismo. Por tanto, somos los propios catalanes los que, en el Parlamento de Cataluña, tenemos que empezar a dialogar entre nosotros para intentar buscar una solución pactada que después podamos ofrecer al resto de los españoles. El acuerdo entre los catalanes debe estar presidido por las tres C: conciliación, concordia y cohesión social.
Si el independentismo quiere conseguir que se reconozca el derecho de autodeterminación en la Constitución, tiene que conseguir un proceso de reforma constitucional. Todo cabe dentro de la ley, nada existe fuera de ella en democracia.
— ¿Qué le lleva a tener esta postura contraria al nacionalismo?
Soy contrario a todo tipo de nacionalismo. No creo que sea una de las mejores construcciones de la civilización humana. Me gusta hablar de patriotismo y no de nacionalismo. Yo creo que se puede ser patriota de muchas cosas, pero no se puede ser más que nacionalista de una. Y a mí me gusta ser patriota leridano, catalán, español, europeo y de la humanidad.
— Hay quienes confunden ese patriotismo del que habla, con el franquismo.
Considero patriota a Lorca, a Alberti, a Jovellanos… Me parece un error enorme pensar que solamente eran patriotas los franquistas. También tengo que decir que, naturalmente, el franquismo vivió su idea de España desde su patriotismo. Para mí, un patriotismo equivocado sin duda, porque creo que excluía a los otros patriotas.
— ¿Nacionalismo es lo mismo que independentismo?
No exactamente. Al menos así creo que es en Cataluña. Aquí hay gente que se siente nacionalista, pero que no quiere la independencia de Cataluña, aunque sí optaría por un modelo de relaciones con el resto de España y con el Estado diferente al que existe hoy.
— ¿Qué futuro cree que le espera al independentismo catalán?
Quien piense que el independentismo catalán se ha acabado, está radicalmente equivocado. El Covid ha hecho una especie de parón en las movilizaciones. Pero, desde el punto de vista electoral, político, del movimiento social, el independentismo ha venido para quedarse durante mucho tiempo. Lo que tenemos que procurar los que no somos independentistas es que no aumente su fuerza en Cataluña, porque no considero que sea bueno el crear un Estado independiente de España.
Los catalanes que no somos independentistas tenemos que aprender a convivir con otros catalanes que, democrática y legítimamente, tienen la idea de construir un Estado. Ahora bien, tenemos que tratar de convencerles de que eso no va a ningún sitio y tratar de que no sean mayoría.
— Entonces, optaría por “convencer” a esa parte de la población independentista.
Cuando se cree que no se puede negociar, es cuando hay que empezar a negociar. Esto lo ha demostrado muchas veces la historia. Lo que yo le pido a mis compatriotas independentistas es que ellos puedan sostener el programa máximo político que quieren, la independencia de Cataluña, pero que aprendan que tienen que convivir en una sociedad y que, cuanto menos, la otra mitad no está de acuerdo con eso.
Por ello, les pido que, en lugar de hacer una estrategia política de “todo o nada”, radical, defiendan su programa político y, al mismo tiempo, sean realistas y se den cuenta de que no pueden hacerlo fuera de la legalidad. En ese sentido, les ruego que sean pragmáticos, como también me pido a mí mismo como constitucionalista catalán ser pragmático para entender que algunas de las cosas que ellos dicen podemos ver en qué medidas se pueden realizar.
— ¿Qué opina sobre los indultos que podría conceder el Gobierno a los presos independentistas?
Estoy totalmente en contra de la amnistía, porque considero que es evidente que hubo delito. En cambio, me parece que en estos momentos, la democracia, a través del Estado de Derecho, puede demostrar su fortaleza haciendo un gesto que puede aliviar la pena. España no debe temer los indultos, porque quien tiene miedo a ellos es la propia Asamblea Nacional de Cataluña. Creo que el Gobierno no se equivoca. Esto quizá sirva para que el independentismo más realista se imponga al sector más irredento y se pueda entrar en una fase de diálogo que debe estar dentro de la ley.
Estoy convencido de que la vía unilateral se ha acabado en Cataluña y de que algunas manifestaciones son retórica producto de la pugna que hay entre el independentismo para conseguir la hegemonía política. Desde el punto de vista moral en el concierto internacional, en el caso de que volvieran a utilizar la unilateralidad ilegal, la democracia española estaría doblemente habilitada para poder actuar de la forma en que actuó en la ocasión anterior.
— ¿Este asunto puede fomentar la radicalización de esa parte de la población contraria a la independencia?
Nada sería más contrario a la idea que tenemos los constitucionalistas catalanes de seguir defendiendo la unidad de España, que extremar las posiciones. Yo les pido a todos mis compatriotas que sean pragmáticos, que escuchen a la otra parte de Cataluña que tiene sus razones, aunque yo las rechazo y no las comparto y que, por tanto, vayamos a la búsqueda de acuerdos en el Parlamento catalán y no al enfrentamiento de una sociedad binaria que lo único que puede hacer es acabar como el cuadro de Goya ‘Mozos a garrotazos’. Este es un combate que tiene que hacerse con amabilidad y con contundencia de ideas, con respeto al otro, pero poniendo argumentos sobre la mesa, con inteligencia y dejando las pasiones en silencio.
— ¿Cómo ve ahora al Gobierno catalán con Pere Aragonès al frente?
Yo veo a este Gobierno como una levísima esperanza de que se acallen las pasiones entre la razón y el realismo en la vida política catalana, y se busquen acuerdos entre los catalanes y después con el resto de los españoles. Desde luego, tengo más esperanza de que eso lo pueda hacer Esquerra Republicana, que no que lo haga Junts, que en estos momentos está en una situación de estratégica radicalidad para disputarle la hegemonía a ERC.
