Soñador, trotamundos, Don Quijote… David Martínez Ferré ha sido objeto de numerosos calificativos que intentan trasladar la aventura en la que se ha convertido su vida, desde que en los años 80 se subiese a su Mobylette Cady con la idea de completar una ‘Vuelta a España en ciclomotor’ y, desde entonces, no ha parado.
Esta semana circula por las carreteras segovianas y, a su paso por la provincia, está completando su recorrido número 26 a la península, siempre en sus ciclomotores de 50 cc, a una velocidad media de 40 kilómetros por hora, y por carreteras, caminos y pistas forestales. Por eso, para él, el adjetivo que mejor lo describe es el de “correcaminos”.
“Mi objetivo en la vida es ser feliz recorriendo kilómetros y kilómetros, descubriendo pueblos, conociendo gente y disfrutando de rincones maravillosos”, resume Martínez Ferré, que a sus 59 años espera poder seguir anotando nombres de pueblos en su cuaderno de ruta.
Anécdotas tiene miles, tantas como las más de 5.000 localidades que ya conoce y, aunque nunca duerme dos noches en el mismo pueblo, tiene predilección por Aýna, un municipio albaceteño “en el que aspiro vivir de jubilado, cuando complete mi sueño”.
Para la siguiente pregunta él se adelanta, “¿qué cómo financio todo esto? —dice— Pues muy sencillo: a base de trueque”. Este aventurero se ha convertido en una guía de viajes ambulante. En cada parada hace una media de 500 fotografías las sube a su perfil de la red social Facebook y, automáticamente, son compartidas por amigos de todas partes que siguen sus rutas.
Los lugares en los que come o duerme obtienen a cambio de su hospitalidad un trato especial y un amplio reportaje fotográfico en la red de redes. “Antes de Facebook costeaba mi viaje vendiendo mis fotografías a los establecimientos y ayuntamientos, pero ahora la cosa está más complicada”, confiesa.
La misma filosofía aplica para su vehículo, que consigue a través de cesiones, así como los mantenimientos y reparaciones imprescindibles para seguir con el ritmo de kilómetros acumulados, unos 50.000 al año.
Este continuo rodar lo ha hecho ser de todas partes y de ninguna. Existe la creencia de que David Martínez Ferré es mallorquín pero no es así. “Siempre lo digo porque a los 15 años escapé de mi casa, me subí a un barco como polizón y llegué a Mallorca, donde empezó esta forma de vivir, sin destino fijo y sin ataduras”.
Padre de tres hijos y casado en dos ocasiones, “El Correcaminos” hace un alto en su viaje una semana al mes, que pasa en Córdoba con su hijo pequeño de cinco años, al que cuenta los detalles de experiencia vital tan especial.
