Versado en finanzas y con mentalidad de ingeniero (lo es por formación), José María Chaparro dirige la entidad de ahorro Caja Viva-Caja Rural con buenas dotes de observación. Hombre metódico y prudente, entre altas dosis de finanzas y sociología, ha vivido con la inquietud y la incertidumbre de quien conoce los entresijos de la Economía cercana, los últimos acontecimientos generados entre años de pandemia y dificultades económicas. Y ahora, en tiempos menos revueltos, apuesta por el esfuerzo y la innovación para hacer crecer la economía provincial.
—Posee un profundo conocimiento del sector financiero y de las cajas rurales en particular, lo cual le acerca a la realidad de las pequeñas y medianas empresas, que dominan el panorama empresarial. ¿Cómo son las Pymes segovianas y qué necesitan para ganar peso específico en la economía?
—Segovia necesita una revolución desde el punto de vista económico. Ya no vale con una simple evolución. Necesitamos una revolución, que se impone como una auténtica necesidad para cambiar y crecer. Esta revolución tiene que pivotar sobre dos puntales muy importantes. Uno: no perder y fortalecer a los principales sectores que ahora están soportando la economía segoviana. No podemos permitirnos perder importancia ni peso específico dentro del sector servicios, porque las empresas que lo integran generan muchos puestos de trabajo y ahí hay que seguir trabajando para mejorar en toda la parte de hostelería, orientado a un turismo de calidad. Pero también hay que seguir trabajando en comercio, para desarrollar un tejido importante dentro de Segovia. Y no hay que olvidarse de otras ramas de los servicios, como pueden ser los seguros y los servicios financieros, que también aportamos bastante a la economía segoviana. Caja Viva tiene su sede social aquí, en Segovia, y aportamos directamente al PIB de la provincia un alto porcentaje. Y hay otro sector estratégico que debemos cuidar mucho y es el de la agricultura y la ganadería, en los que somos punteros y en el que el peso del PIB de Segovia es superior a la media; representa más que la media nacional y nuestros ganaderos y agricultores lo hacen muy bien. Hay que seguir apostando por ellos, sin olvidar lo que hemos aprendido en la pandemia. Hemos contrastado lo importante y estratégico que llega a ser el sector agrícola y ganadero. Pero examinado el panorama, la revolución a la que yo me refiero, debería venir de la mano de un subsector de servicios que es el relacionado con el conocimiento. Estamos en la era del conocimiento. Y lo bueno que tiene Segovia es que hay mucho talento, mucha materia prima con excelente formación. El índice de licenciados en carreras universitarias relacionadas con el conocimiento es altísimo. Estamos exportando talento a Madrid y otra muchas Comunidades Autónomas.
—En efecto, exportamos talento, pero ¿cómo lograr que regrese si no hay puestos de trabajo?
—A esa revolución es a la que me refiero. La revolución tendría que basarse en el diseño y la implementación de un plan estratégico que tendría que fomentar el retorno de ese talento, poniendo las bases para que todo ese talento regrese y, realmente, se pueda explotar aquí, dando vida y generando más talento. Tenemos tres magníficas universidades que siguen desarrollando ese talento y en colaboración entre empresa, universidades e instituciones, habría que desarrollar ese plan estratégico de servicios, relacionado con el conocimiento, que podrían impulsar mucho la economía de Segovia. Y, luego, por otro lado, tenemos la parte industrial. Hemos aprendido mucho y sabemos que la parte industrial más importante, tenerla deslocalizada, tiene muchos inconvenientes. No soy antiglobalización; creo que no se puede parar, pero sí estoy convencido de que Segovia por su ubicación y el volumen importante de talento que posee, podría ser geográficamente un lugar estratégico para la reindustrialización del país. Sabemos que dentro de Castilla y León hay provincias como Burgos o Valladolid que son punteras en industria y tienen un peso específico importante y no tiene ningún sentido que Segovia no lo tenga. Sabemos que nuestra industria agroalimentaria es un referente a nivel nacional e internacional y que brilla con luz propia y ya tenemos un ejemplo del sector industrial que lo está haciendo muy bien y además tenemos algún complejo industrial –pocos, por desgracia- que lo está haciendo muy bien y todo apunta a que debería incluirse en ese plan estratégico, que deberíamos tener para mejorar la tejido de Segovia.
—Los cambios en el sistema bancario acentuados tras la crisis financiera del 2008 han provocado un cambio de conducta en los clientes. ¿Qué demandan los segovianos de las entidades financieras después de las crisis acontecidas?
—Fundamentalmente y de manera rotunda, lo que demandamos todos, y a nosotros nos demandan como clientes, es cercanía. El cliente financiero se siente huérfano y está empezando a ver que desde el punto de vista financiero ha habido una gran concentración en el sector bancario y las grandes corporaciones bancarias están marcando una distancia con los clientes que estos, lógicamente, ven de forma negativa. Esa distancia genera desconfianza. Todo esto ha venido pujado por la digitalización, pero precisamente de ahí que la cercanía sea un valor incuestionable para los clientes. Caja Rural lo que detecta, y lo vemos a diario porque vivimos en el territorio y uno de nuestros principales valores es que hablamos con nuestros clientes, es que lo que demandan es eso que llamamos comúnmente como cercanía, confianza, comodidad. La gente no quiere depender de pedir cita para poder aproximarse y que le atiendan en su oficina bancaria. El cliente quiere tener la posibilidad de formarse su propio criterio hablando con los gestores y los profesionales de la oficina, para hacer sus inversiones.
—Luego demandan lo que tenían y se ha perdido.
—Sí. Demandan básicamente lo que ya tenían y han perdido en muchos casos. En Caja Rural lo que hemos hecho ha sido adecuarnos a las necesidades del cliente. Los hay que son digitales y lo que quieren es no tener que venir a la oficina y hacer sus gestiones telemáticamente y para ello las herramientas digitales atienden online, pero en la red física de sucursales prestamos el servicio tradicional. No ha habido que innovar mucho, pero sí invertir en los profesionales de la caja, para que tengan la mejor tecnología para atender a los clientes que la demandan pero no puede negarse la posibilidad de hablar con nosotros y venir a vernos. Vivimos una paradoja: En un sector totalmente desarrollado y profundamente maduro, como es el sector financiero, y consecuentemente por ello, muy competitivo, en el que había que salir a buscar a los clientes y hacer esa labor de captación, pues nos estamos encontrando que muchos clientes llegan a nosotros de manera reactiva, pidiendo y agradeciendo el trato directo, cercano y real. Vienen huyendo de modelos bancarios que marcan la distancia y vienen a nosotros buscando la cercanía. Vienen por añoranza del antiguo modelo de las cajas de ahorro y aquí siempre digo que las cajas rurales, que somos cooperativas de crédito, que no somos cajas de ahorro, pero que tenemos lo mejor de ambas partes, estamos dando la talla. Tenemos una estructura societaria que nos permite funcionar como un banco y capitalizarnos, y tenemos una estructura de servicio y de profesionales muy parecida a la de las cajas de ahorro, con una vocación al territorio que se demuestra con actividades como el actual Congreso de Empresa y Finanzas, que se hace a través del brazo social de la Caja , que es la Fundación y esto lo que permite es ni más ni menos que garantizar que la riqueza del segoviano se mueve dentro del entorno, genera más riqueza y esa riqueza se reinvierte en Segovia.
