El secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, pidió ayer a todas las fuerzas del cambio, y especialmente a Podemos, que le permitan liderar un gobierno de cambio que esté sostenido en el “mestizaje ideológico”, porque “no hay una suma posible sólo con partidos de la misma ideología”. Por eso dijo, “no vale la imposición, el chantaje y el abandono de la mesa de negociación”, lo que hay que poner en práctica es “la capacidad de ceder”, recalcó.
“Estamos obligados a mezclarnos”, afirmó Sánchez ante los 350 diputados elegidos en las urnas el pasado 20 de diciembre, durante la primera jornada de su debate de investidura, al que acudió con un acuerdo cerrado con Ciudadanos y pidiendo el apoyo a los partidos de izquierdas. El candidato a la Presidencia del Gobierno dio las gracias al partido de Albert Rivera por su “valentía y coraje” por dar ese “primer paso” hacia “la solución”, que demostró que es posible que “dos grupos políticos con ideología y programas diferentes pueden buscar puntos de entendimiento”, recalcó.
Y lanzó un mensaje a Podemos, al insistir en que no es viable “una coalición” para la conformación de un gobierno de izquierda. Así, aunque “se ha creado una falsa esperanza” para muchos votantes de izquierdas, insistió en que “no hay mayoría suficiente” en el Parlamento “para sumar un gobierno de izquierdas. No suma, lo siento pero no suma, la izquierda no ha conseguido en estas elecciones el número de diputados suficiente para conformar un gobierno de un único color político”, remachó Sánchez ante los medios.
El secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, ofreció a los catalanes una reforma de la Constitución española que desarrolle la estructura federal del Estado, determine las competencias del Estado y de las autonomías, establezca los principios de financiación autonómica y convierta al Senado en una verdadera Cámara territorial. En su primera intervención en la sesión de investidura, Sánchez dedicó unos minutos a abordar el deterioro de las relaciones entre el Gobierno central y la Generalitat de Cataluña.
Asimismo lamentó la falta de diálogo habida en estos años y advirtió de que parte de la sociedad catalana “ha desconectado” con el proyecto común que representa España en este sentido.
Sin negar que “haya habido razones para el desencuentro”, Sánchez propuso “mirar al futuro y hacerlo con esperanza”. Eso sí, quiso dejar claro que él está “comprometido con la defensa de la Constitución y de la ley”, porque sin ella todos estaríamos expuestos “a injusticias y criterios arbitrarios”. Y para favorecer un “nuevo entendimiento entre catalanes, y entre estos y el resto de compatriotas españoles” propone una reforma de la Constitución que no responderá solo al problema catalán, sino que persigue la remodelación del Estado porque “la España de hoy no es la de 1978”. Esa España renovada deberá ser, según Sánchez, una nación “fuerte y solidaria”.
