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San Juan de la Cruz y Segovia: año Jubilar 2026

por Félix García de Pablos
4 de enero de 2026
Monasterio de los carmelitas de San Juan de la Cruz. Fotografía de Héctor Criado.

Monasterio de los carmelitas de San Juan de la Cruz. Fotografía de Héctor Criado.

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Entre las azucenas olvidado

La liturgia y la piedad en la Catedral de Segovia (1945-2025) (y IV)

La liturgia y la piedad en la Catedral de Segovia (1945-2025) (III)

La Diócesis de Segovia albergará el Año Jubilar dedicado a San Juan de la Cruz, al cumplirse en 2026 el tercer centenario de su canonización y el primer centenario de su declaración como Doctor de la Iglesia. El templo jubilar será la Iglesia de los PP. Carmelitas Descalzos de nuestra ciudad de Segovia, donde se encuentra la sepultura de dicho santo.

Juan de Yepes nació en la villa abulense de Fontiveros entorno al año 1541, su padre Gonzalo Yepes procedente de Toledo se dedicaba a tejer de telas bastas. Gonzalo Yepes debió de estar casado hacía 1527 y moriría unos quince años después, hacia 1543 tras una enfermedad. Esta parece ser la causa de agotar los pocos caudales de su casa, precipitando al hogar de los Yepes a la pobreza. Su madre Catalina Álvarez con tres hijos pequeños, el mayor con doce o trece años, quedó al frente de la familia. La necesidad de la familia determinó que todos se trasladaron al reino de Toledo, concretamente a Torrijos y Gálvez, para buscar ayuda de los hermanos del fallido Gonzalo. La madre quería dejar a su hijo mayor en casa de los cuñados. No lo consigue del clérigo Diego de Yeyes, pero sí transitoriamente del licenciado Juan de Yepes, medico en la villa de Gálvez, casado y sin hijos. La madre Catalina regresa a Fontiveros, donde poco después ve morir a su segundo hijo, Luis, que tendría por entonces diez años. El hermano mayor de San Juan de la Cruz, Francisco de Yepes, describía esta situación literalmente: “Los padres del padre San Juan de la Cruz fueron naturales de Toledo. El padre era noble: llamábase Gonzalo de Yepes Álvarez. Fuimos tres hermanos: el menor fue el padre fray Joan”.

En efecto, la temprana muerte de su padre llevó a su madre a buscar ayuda de ciertos parientes infructuosamente, por lo que la familia se trasladó a Arévalo y posteriormente en 1551 se instaló en Medina del Campo.

San Juan de la Cruz asiste al Colegio de los Niños de la Doctrina y prosigue su formación en el colegio fundado por los jesuitas en 1551 con la ayuda de los mercaderes Rodrigo de Dueñas y Pedro Cuadrado. San Juan de la Cruz compagina sus estudios entre los años 1559 y 1563 con el trabajo asistencial en el Hospital de Nuestra Señora de Medina, antes de acceder a la Universidad de Salamanca. La vocación religiosa llegó a San Juan de la Cruz a los veintiún años e ingresó en los Carmelitas de Medina con el nombre de Juan de San Matías que evidenciaba su inclinación contemplativa. El noviciado lo realizó entre 1563 y 1564 en convento medinense de Santa Ana y, como fraile confeso, San Juan de la Cruz se instaló en Salamanca en el Colegio de San Andrés donde estudiaban carmelitas venidos de todas las provincias de España, y realizó los tres cursos para bachillerarse en Artes durante los años 1564-1567 en los que estudiaría las Súmulas de Domingo de Soto. En primavera de 1567 se ordena sacerdote en un momento en que la Orden habían surgido tendencias reformistas de acuerdo con las directrices de Trento.

En medio de esta crisis se produce el decisivo encuentro con Santa Teresa en otoño de 1567 en Medina que le proporciona su propio testimonio en favor de un ideal contemplativo alejado de las pretensiones de Roma. San Juan de la Cruz, a la espera de creación de algún monasterio, regresa a Salamanca e iniciar sus estudios en Teología durante el curso 1567-1568, una Facultad de Teología donde Francisco de Vitoria acaba de propiciar una renovación neotomista. En agosto de 1568 abandonó Salamanca para acompañar a Teresa de Jesús en su fundación femenina de Valladolid familiarizándose con el nuevo talante de la reforma. Inmediatamente se traslada a Duruelo donde se inauguró el primer convento de descalzos, según la regla primitiva y no mitigada de la Orden del Carmen, el 28 de noviembre de 1568, ceremonia en la que cambió su nombre por el de fray Juan de la Cruz. En 1570 la fundación se trasladó a Mancera, donde fray Juan desempeñó el cargo de subprior y maestro de novicios. Después de una breve estancia en Pastrana para poner en marcha un noviciado, en 1571 se estableció en Alcalá de Henares, como rector del colegio recién fundado.

En primavera de 1572 Santa Teresa lo reclamó como vicario y confesor del Convento de la Encarnación en Ávila, comunidad de la que era priora. En este Convento permaneció fray Juan de la Cruz hasta diciembre de 1577, por lo que pudo acompañar a Santa Teresa en la fundación de varios conventos de Descalzas, como el de San José de Segovia el 19 de marzo de 1574, pronunciando la misa de consagración.

Por este tiempo, confluyeron dos corrientes reformadoras: la propugnada por el rey Felipe II, independiente de las disposiciones de la Reformatio Regularium de Trento, y la otra reforma manifestada por los Papas. Paralelamente, en el seno de la Orden del Carmen se habrían agravado las tensiones jurisdiccionales entre los carmelitas calzados y no calzados, debidas primordialmente a distintos enfoques espirituales de la reforma. Los calzados impulsados para la curia romana y el Papa estaban empeñados en evitar la separación, los descalzos apoyados por la Corona querían seguir la regla primitiva no mitigada. Las confrontaciones jurisdiccionales fueron en aumento y aconsejaban la independencia de la rama de los descalzos, por lo que en 1580 el Carmelo Descalzo se convirtió en provincia exenta, mediante breve expedido por Gregorio XIII y en 1588 será reconocido como Congregación. El episodio del encarcelamiento de San Juan de la Cruz se encuadra en este contexto religioso, ya en 1575 había sido detenido por los frailes calzados, pero su situación en el monasterio de la Encarnación en Ávila se complicó porque era confesor de las monjas calzadas y uno de los fundadores de los Descalzos. En la noche del 3 de diciembre de 1577, San Juan de la Cruz fue apresado y trasladado al convento de frailes carmelitas de Toledo, negándose a retractarse de la Reforma Teresiana frente al tribunal de los calzados. La consecuencia es que fue encerrado en una oscura celda por un período de ocho meses, durante dicho período San Juan de la Cruz escribió una grandísima poesía de amor con los acentos de búsqueda y deseo del Amado, las 31 primeras estrofas del Cántico Espiritual, a la vez que los romances y el poema de la “Fonte”. El sentimiento de desamparo, la angustia y el temor a la muerte fueron elementos determinantes para la concepción del mayor de sus símbolos literarios, el de la Noche Oscura. En la octava de la Ascensión, entre el 16 y 18 de agosto de 1578, San Juan de la Cruz logró evadirse de la prisión y llega al convento de las carmelitas descalzas en el mismo Toledo. En septiembre de 1578, San Juan de la Cruz se dirige a Andalucía para recuperarse con una breve estancia en Almodóvar del Campo y se convierte en Vicario del convento del Calvario en la sierra de Jaén, realizando visitas a las monjas descalzas de la fundación de Beas de Segura, del que era priora Ana de Jesús, a la que había conocido en 1570, en Mancera, de camino con Santa Teresa para la fundación de Salamanca, a la que dedicó las Declaraciones al Canto Espiritual. Un período que aprovechó para componer los primeros escritos breves como Montecillo de Perfección, el poema La Noche oscura y comentarios aislados a las estrofas del Cántico.

Apertura del Año Jubilar Sanjuanista. Fotografía de Héctor Criado.
Apertura del Año Jubilar Sanjuanista. Fotografía de Héctor Criado.

En junio de 1579 salió hacia Baeza en calidad de Rector del Colegio Mayor, cargo que ejerció hasta 1582, cuando en 1580 se había consumado ya la separación del Carmelo Calzado de los Descalzos, aprovechando para escribir probablemente las estrofas 32-34 del Cántico, e inició la redacción de la Subida. Tras el capítulo de Alcalá de Henares en 1581 donde se formalizó la separación de los Calzados, San Juan de la Cruz regresó a Baeza y al poco tiempo se le encomendó el Priorato de los Mártires de Granada. En enero de 1582 viajó a Granada acompañado por Ana Jesús, entrando en contacto con Ana de Mercado y Peñalosa, dama segoviana viuda, favorecedora de las Descalzas, a las que alojó en su casa durante una temporada, y a la que San Juan de la Cruz dedicaría La Llama de Amor Viva.

En marzo de 1582 toma posesión del priorato de los Mártires donde permanecerá hasta 1588, en que se celebrará en Madrid el Primer Capítulo General del Carmelo Teresiano. Durante este período ocupa los cargos de Superior de Granada, prior de los Mártires y segundo Definidor. En 1585 visita los conventos de frailes y monjas en Málaga, Caravaca, Sevilla y Lisboa, en 1586 acompañó a Ana de Jesús a la fundación de Madrid de Santa Ana de las Descalzas. En el mismo año 1586 se desplaza a Córdoba, Beas, Bujalance, Baeza, la Machuela, Guadalcázar y Sabiote, al mismo tiempo que en 1584 finalizó la redacción del primer Cántico, a petición de Ana de Jesús, priora de las Descalzas de San José de Granada y en 1586 la segunda, al propio tiempo que da forma casi definitiva a los grandes tratados en prosa, la Subida, Noche y Llama.

A mediados de 1588 es elegido Primer Definidor y Tercer Consiliario de la Consulta en el Primer Capítulo general del Carmelo Teresiano celebrado en Madrid, en agosto la Consulta se traslada a Segovia y regresa San Juan de la Cruz a Castilla como presidente-prior del convento segoviano y renuncia en 1589 al Priorato de Granada, y en nuestra ciudad redactó la mayor parte de las cartas que se han conservado. No obstante, en el Capítulo General en junio de 1591 es cesado de sus cargos y se reintegra a la comunidad de Segovia.

Sin embargo, San Juan de la Cruz decide regresar a Andalucía, llega a Úbeda, su enfermedad se agravó y la muerte le sobrevino, a las 49 años de edad, la noche del 13 al 14 de diciembre, cuando las campanas tañían a maitines.

A instancias de Dª Ana de Mercado Peñalosa en 1593 su cuerpo fue trasladado a Segovia, donde reposa en la actualidad. En 1614 comenzaron los procesos informativos para la beatificación de San Juan de la Cruz, que duraron hasta 1618. El proceso de beatificación se inició en 1627 y terminó en 1630, aunque concluyó definitivamente en 1651. El 25 de enero de 1675 Clemente X promulgó el Breve de Beatificación. El 27 de diciembre de 1726 fue canonizado por Benedicto XIII. El 24 de agosto de 1926, aniversario de la Reforma teresiana, fue proclamado Doctor de la Iglesia Universal por Pío XI. En 1991, con ocasión del cuarto centenario de su muerte fue nombrado Doctor Honoris Causa por la Universidad de Salamanca.

El sepulcro de San Juan de la Cruz en Segovia ha sido restaurado recientemente por los carmelitas con motivo del tercer centenario de la canonización del místico. Una restauración llevada a cabo por el equipo de Talleres de Arte Granda, la misma institución que diseñó y ejecutó el sepulcro en 1926 con motivo del tercer centenario de la canonización del Santo, una obra proyectada por D. Félix Granda, fundador de aquellos Talleres de Arte.

El sepulcro, de gran valor artístico y devocional, combina mármol, bronce y esmaltes, y se inserta dentro de la capilla mayor convento fundado por el propio San Juan de la Cruz en 1586. El cuerpo del santo fue trasladado en 1593 desde Úbeda, para convertirse en lugar de peregrinación.

El convento de San Juan de la Cruz en Segovia, templo jubilar, fue objeto de reforma en la década de los 80 del pasado siglo. El edificio primitivo data del siglo XVI. Su construcción, sobre un pequeño convento de los Templarios, comienza en 1570 bajo las órdenes directas de San Juan de la Cruz, conforme a los planos directores, comunes a la Orden para sus establecimientos conventuales, en su modelo pequeño. Se acabó la primera fase en 1590, constando de un claustro cuadrado, adosado a una iglesia de una sola planta, y el arranque de unos laterales para la formación de un segundo claustro. En segundo lugar, a continuación del ala situada en la cara oeste, se adosó a los pocos años un gran volumen rectangular que contiene la biblioteca. La cubierta fue sustituida en el siglo XVII y se amplió el ala sur en el siglo XVIII, mientras que en 1928 se construyó la Sala Capitular de estilo neogótico, por último, en 1950 se cierra el segundo claustro.

Los poemas mayores de San Juan de la Cruz son cuatro: El Cántico Espiritual, La Noche oscura, La Llama de amor viva y El Pastorcito, mientras que el epistolario de San Juan de la Cruz consta de 33 cartas conservadas, la mayoría están dirigidas a monjas y frailes descalzos reflejando la espiritualidad carmelitana. Una parte muy importante de estas cartas fueron escritas en Segovia, como las dirigidas a María Jesús, priora de Córdoba (18/07/1989 y 20/06/1590), a Magdalena del Espíritu Santo (18/07/1989), a Leonor de san Gabriel (junio 1590), y en la carta a Ambrosio Mariano muestra su interés sobre la educación de los novicios (9/11/1588). Aquí en 1588 se encontró con la comunidad, algunos de cuyos miembros ya conocía desde la fundación en 1574, manifestando el magisterio espiritual sanjuanista, como lo acreditan las cartas a Ana de Jesús y María de la Encarnación.

Su magisterio espiritual se extendía a Ana de Peñalosa, familiares y servidumbre, entre los canónigos de la Catedral y sacerdotes de la ciudad de Segovia y los pueblos: el dr. Villegas, Juan Orozco Covarrubias más tarde Obispo de Guadix, el licenciado y provisor Diego Muñoz de Godoy, Miguel Valverde, etc., junto con los jóvenes que acuden al convento en verano, o el joven Miguel Angulo que acudía con frecuencia al convento.

Queda otra serie de cartas que no van dirigidas ni a frailes ni a monjas del Carmen. Algunas de éstas son extraordinarias, sobresaliendo sobre todas la escrita el 12 de octubre de 1589 a Dª Juana de Pedraza, que contiene un programa de vida cristiana y espiritual de primer orden. Expone los 17 grados de perfección y exhorta a vivir la presencia de Dios, a imitar a Cristo y a no dejar la oración, sustento del alma. Preocupado por el bien espiritual de sus hijos e hijas del Carmelo, Juan de la Cruz diseña la figura del Monte que daba el nombre a la Orden. El diseño era conocido como El Monte de la Perfección, Monte Carmelo, Subida del Monte Carmelo. Este Montecillo daba él a las descalzas para que se ejercitasen y a los novicios de la Orden, donde se reflejaba el Monte Carmelo y su Subida, que era doctrina de gran perfección. Por tanto, quien desee subir al Monte para encontrarse con Dios, debe asumir ese camino de perfección. En la cumbre del Monte se encuentra la Morada de Dios. Es decir, la cima del Monte simboliza el más alto estado de perfección, la unión del alma con Dios. Los frutos y los bienes a que tiene acceso el alma que escala la cima aparecen en el monte: paz, gozo, alegría, fortaleza, justicia y sabiduría. El objetivo de la escalada es “hacer de sí mismo altar en él, en que ofrezca a Dios sacrificio de amor puro y alabanza pura y reverencia pura”. Una suprema unión con Dios, donde el “alma no sirve de otra cosa sino de altar, en que Dios es adorado en alabanza y amor, y solo Dios en ella está”.

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