El mercado de los sábados, en la zona comprendida entre la calle de José Zorrilla y la avenida de la Constitución, presentaba ayer un aspecto desangelado. Menos puestos que en semanas anteriores, pocos compradores y temperatura muy baja. Los comerciantes están acostumbrados al frío pero algunos clientes tenían cara de estar congelándose. Como contraposición, las judías verdes, lejos de ver congelados sus precios, lucían una subida de aúpa.
Belén Gallego, de Garcillán, desde un puesto de frutas y verduras, admitía que las judías había subido mucho en solo una semana, “pero es lo que ocurre cuando no son de temporada. En enero y febrero hay productos que se encarecen y, claro, la gente se queja y en lugar de llevarse un kilo se llevan tres cuartos o medio”.
Pero, como la propia Belén explica, no es el incremento del precio de la alimentación, en general, lo que más preocupa a los segovianos, quienes resignados con la cuesta de enero, la de toda la vida, ponen el grito en el cielo, sin embargo, en cuanto se les mienta el precio del combustible.
Belén y su marido son agricultores y es época de arar y abonar “y el gasóleo agrícola está también carísimo, ha subido muchísimo, es una ruina”, apostilla.
La opinión generalizada — “Lo sabe todo el mundo”, replica otro comerciante algo irritado ante la pregunta— es que los gastos energéticos para un negocio, y también para una familia, se han disparado en el último año.
Ángel Bartolomé, de Bernardos, que regenta en el mercado ambulante un puesto de menaje del hogar, dice que “lo del gasóleo es exagerado, es que ya no podemos ni andar con los coches, ha subido una barbaridad.
Según el Ministerio de Industria, el precio de la gasolina subió el año pasado un 9,4% y el del gasóleo ‘A’ un 16,6%. Por su parte, el Instituto Nacional de Estadística (INE) ha publicado esta semana el Índice de Precios al Consumo (IPC), que muestra, por ejemplo, que la energía (electricidad, gas y otros combustibles usados en la vivienda) subieron un 13% en 2011 en la provincia, a lo que habría que añadir otro 10,3% de otros servicios, entre ellos los ofrecidos por las comunidades de vecinos.
En el ambiente se percibe casi miedo a comprar, a gastar de más y Bartolomé asegura sin dudarlo que las ventas “van cada vez a peor, pero mucho”. Eso, a pesar de que en su caso, los precios de los productos de menaje han descendido.
Ana y Ángel, que hacían unas compras en este mercado al aire libre, aseguraban que donde sí han notado un alza destacada de precios es en la energía y él comenta que hace dos años adquirieron un coche nuevo y “ahora pienso que a lo mejor nos precipitamos, por la incertidumbre que cada vez es mayor sobre qué pasará este año”.
Las respuestas de todos los encuestados ayer por EL ADELANTADO en esta zona de la ciudad coinciden con los resultados del último barómetro del CIS (Centro de Investigaciones Sociológicas), del pasado mes de diciembre, que apunta que casi un 70% de los españoles asegura controlar más el gasto energético en el hogar, un porcentaje similar ha recortado su partida económica destinada al ocio en general, un 66% ahorra en vacaciones y un 64% en prendas de vestir. Además, existe ya un preocupante porcentaje de familias (el 41,2%) que dicen estar ahorrando también en alimentación.
La opinión general concluye que los precios nunca bajan, sobre todo en aquellas cuestiones que obligan a un importante desembolso de dinero, como adquirir una vivienda o un vehículo.
Son los comerciantes los que admiten algún tipo de descenso de las cotizaciones de determinados productos, aunque también alguna compradora, como Amaya, una madrileña que adquiría ayer fruta en un puesto de este mercadillo segoviano, reconocía que no han subido ni la ropa ni el calzado.
Alberto Matesanz regenta precisamente un puesto de frutas y verduras y asegura que los precios no han subido mucho en el último año, aunque reconoce que en verduras como las judías verdes, calabacines o tomates —que proceden de Almería— han aumentado esta semana por el descenso de las temperaturas que frena la producción. Recalca, por el contrario, que “ni siquiera en Navidades han aumentado los de las uvas o frutas tropicales porque ha sido un buen año en lo climatológico”.
Como consumidor, sin embargo, reconoce que todo “más o menos sube: el gasóleo, la revisión de la hipoteca, etc., etc.”.
Significativo es también que entre todos los encuestados sólo una persona declarase que conocía a alguien que el año pasado había comprado una vivienda. Otra compradora, Encarnación Muñoz, tuvo que hacer frente a un gasto extra, la compra de una puerta blindada, para mejorar la seguridad de su residencia. Otra de las consecuencias de la crisis es la sensación de una mayor inseguridad ciudadana, por la proliferación de hurtos o robos.
El IPC provincial, el indicador oficial que sirve como referencia para conocer la carestía de la vida, ha sido en 2011 uno de los más altos de España, al registrar un aumento de los precios al consumo del 2,8%, frente al 2,7% de media en Castilla y León (que es junto a La Rioja la Comunidad Autónoma más inflacionista) y el 2,4% de la media nacional.
El año pasado subieron los precios de prácticamente todos los productos que forman el IPC, destacando, además de la energía, viajes organizados, artículos de uso personal y bebidas no alcohólicas. Por el contrario, bajó el precio de los equipos informáticos y fotográficos y de los medicamentos. En Alimentación, las subidas son también generalizadas, a excepción de las patatas (-11,7%). Destaca el incremento del precio del azúcar (26,5%), café, cacao e infusiones (13,5%) y la mantequilla (10%).
