“Resulta asombroso constatar cómo se amputó el pasado de Otero a partir de una ínfima referencia en un oscurísimo libro del Marqués de Mondéjar retomada dos siglos después en un mínimo ensayo de unas pocas páginas publicadas por el cronista Carlos de Lecea. Y resulta aun más asombroso que hasta hoy día se mantuviera una versión errónea de esa historia con graves contaminaciones que terminaron corroyendo el rigor histórico en importantes acontecimientos de la memoria de Segovia y de la propia Castilla”.
Las anteriores son palabras del periodista y escritor Javier Monjas Blasco, quien acaba de publicar la segunda parte de ‘Otero de Herreros: La historia rescatada’, un volumen de 760 páginas subtitulado ‘Otero y la Segovia de la sierra durante la Edad Media’ que lleva a su autor a corregir graves errores en torno a la historia de la localidad. Mondéjar y Lecea habían hecho ‘nacer’ a Otero de Herreros en 1480 a partir de un supuesto éxodo de los habitantes de la pequeña aldea de Ferreros provocado por las condiciones de insalubridad que esta última presentaría, versión que heredó hasta hoy mismo la historiografía segoviana.
Sin embargo, en aquella época, Otero de Herreros —o Tor de Ferreros, como también era nombrada la localidad— ya llevaba siglos apareciendo con tal nombre en los documentos ahora recuperados, a la vez que mantenía presencia la propia aldea de Ferreros, la citada por partida doble por el Arcipreste de Hita en el ‘Libro de Buen Amor’ durante su mítica correría serrana.
En la primera entrega de su libro, aparecida el pasado verano, Monjas afirmaba de forma inapelable la existencia medieval de Otero a partir de una abundante documentación que incluso acreditaba la presencia de un campesinado rico en el lugar ya en los comienzos del siglo XIV. Monjas relaciona los erróneos relatos de Mondéjar y de Lecea con la necesidad del primero de reafirmarse en antiguas disputas sobre la propiedad de las dehesas de Ferreros, disputas que el segundo pretende llevar a su favor después de hacerse con el control de esas fincas durante el proceso de ‘venta de bienes nacionales’ lanzada por la Desamortización de Pascual Madoz.
A partir de una reconstrucción etimológica, histórica y geográfica, el autor del libro relaciona el misterioso topónimo de “Arbana”, citado a mediados del siglo XII por el viajero árabe Al Idrisi al sur de la ciudad de Segovia, con la presencia de una “torre reconstruida” donde aún hoy precisamente se levanta la torre de la iglesia de Otero, una atalaya fortificada cuyo origen debe retrotraerse a la dominación romana para vigilancia de las minas de los Almadenes, actualmente en excavación arqueológica.
Según el autor de ‘Otero de Herreros: La historia rescatada’, lejos de haberse fundado en 1480 a partir de la generosidad de unos nobles que habrían cedido en arriendo sus tierras para ampliar el término de un recién constituido Otero de Herreros, esta localidad ya era desde tiempos muy anteriores una estación intermedia de refresco para las comitivas reales de los Trastámaras que allí descansaban antes de llegar a Segovia tras cruzar la sierra por la Tablada o que hacían un alto después de abandonar la ciudad.
El periodista Javier Monjas, nacido en Madrid pero de ancestral ascendencia segoviana por parte de padre y madre, recuerda cómo en la segunda edición de su ‘Historia de Segovia’, publicada en 1640, tres años después de la primera, Diego de Colmenares añadía un índice de las poblaciones citadas en su trabajo, y cómo en él incluía a un Otero de Herreros al que describía con dos escuetas palabras: “Antigüedad y nobleza”. Y añade Monjas: “Ninguna otra localidad de entre las decenas recogidas por Diego de Colmenares en su índice final, absolutamente ninguna —ni tan siquiera la propia Segovia— es merecedora de tan hermosos adjetivos, lo que indica cómo Colmenares ya conocía mucho más sobre el largo pasado y la importancia histórica de Otero de Herreros de lo que nosotros sabemos y ahora estamos comenzando a redescubrir”.
