El ataque de los lobos a los rebaños de ovejas es una de las serias amenazas con las que conviven los pastores segovianos desde hace años. José Ignacio López, de Cabezuela, siempre ha adoptado medidas preventivas, y, aunque va acompañado de varios mastines, su última incorporación ha sido la de María, una burra de tres años y medio de edad. “He oído que son buenas para espantar los lobos y que con sus rebuznos los ahuyentan”, asegura.
Él no ha sufrido ningún ataque hasta el momento, pero sí los ha vivido cerca, pues en más de una ocasión han sido víctimas otros pastores, entre otros su hermano Santiago López, que también se dedicaba al mismo oficio.
José Ignacio lleva la burra con su rebaño y la utiliza también para transportar los corderos recién nacidos. “Si además asusta a los lobos, mejor”, dice. Reconoce que los perros mastines que tiene representan cierto riesgo para las personas que pasean o hacen deporte por el campo corriendo o en bicicleta. Un burro resulta más inofensivos que los canes.
Perfectamente identificada con un microchip y su correspondiente seguro, María está considerada ahora la mejor guardián del rebaño.
No es el único ganadero que ha encontrado en esta especie asnal la nueva utilidad. La ganadera de caballos ‘María Isabel Vallejo Alonso’, que tiene una explotación dedicada a la cría de potros de carne en la zona de Los Porretales, también cuenta con varios burros para evitar los ataques de lobo, una amenaza que ya causó problemas al anterior ganadero que tuvo en este mismo punto una explotación de vacuno. Los continuos ataques a los terneros llevaron al propietario a cambiarlos de finca.
En otros pueblos de la provincia también han acudido a los burros como forma de luchar contra los depredadores, como en Navalmanzano, donde también un pastor ha adquirido un ejemplar asnal.
Al contrario que los caballos, los burros son conscientes de sus limitaciones de movilidad y por eso recurren al rebuzno, que utilizan en cuanto su fino olfato y oído detectan la presencia de los lobos.
