¿Cuál era el rostro de aquellos maestros pictóricos del Renacimiento en la provincia?, ¿Cuál era su nombre?. La historia les mantiene ocultos. Tan sólo hablan sus tablas, sus trazos e ilustraciones y los colores de sus oleos. Es esta trazabilidad, precisamente por la que la historia les da su propia identidad en el tiempo.
En el siglo XVI muchos maestros de obra pictórica abarcaban una zona, territorio o comarca donde de forma anónima pintaban sus cuadros, lienzos y retablos prevaleciendo hoy en día generalmente en espacios religiosos. En muchos, casos pese a no darse a conocer su nombre, se les conocía por el nombre del lugar de procedencia. Para algunos expertos, “Los maestros anónimos son artistas de los que se ignora su nombre, pero cuyas obras han reagrupado los historiadores del arte bajo un nombre convenido”. La historiadora segoviana Mercedes de Andrés, nos lo reafirma, “se les denominaba así por el predominio de obra que tenían en esa zona”.
En este elenco de nominaciones enmarcada en la Escuela Castellana del siglo XVI, encontramos en nuestra provincia al Maestro de los del Campo, al Maestro de Martín Miguel, el Maestro de Martín Muñoz de las Posadas, el Maestro de Duruelo y al Maestro de Valseca entre otros. También en el siglo XV, destacaban los trabajos del Maestro de Segovia. Muchos de los trabajos de estos pintores también iban destinados a la burguesía segoviana coincidiendo con el apogeo de la industria de la lana. Dibujos y pinturas llevados la mayoría de las veces en tabla, con colores resaltantes.
En el libro, “Pintura en la antigua Diócesis de Segovia 1500-1631”, escrito por Fernando Collar de Cáceres nos habla de El Maestro de Valseca, del que atribuye “una conexión con el Maestro de los del Campo y su influencia en la escuela local, con un repertorio tipológico y distintos ropajes estilísticos en las escenas”, destaca.
Precisamente en la época en la que aparecen los maestros, se cierne sobre la provincia una gran incidencia durante los años 1598 y 1599: la Peste, un hecho que lleva a erigir en muchos municipios la intercesión de San Roque, construyendo ermitas, para su protección. Este es el caso de Valseca, donde los estragos de la misma, produjo un tercio de muertes en la población, por lo que se decide constituir en el pueblo la Cofradía de San Roque, y seguidamente en el año 1601, se decide construir una Ermita dedicada a San Roque, abogado de la Peste.
En el interior del edificio de planta hexagonal situado en el camino de Valseca a Segovia, se decide por parte de los devotos velar la imagen del santo, en torno a un bonito retablo. De realizar los mismos(imagen y retablo), se encargaría en 1618 el célebre maestro Juanes Alcélegui, mientras que la pintura de las cinco tablas que lo completan(San Sebastián, Santa Bárbara, desposorios de San Joaquín y Santa Ana, San Bartolomé y la última Cena), fueron pintadas por el Maestro de Valseca.
Fernando Collar, le define en su publicación, como “un artista de muy escasos recursos a quien lo estilístico se confunde en parte con sus muchas limitaciones técnicas”. Bajo su análisis técnico, “la rotunda sequedad pictórica de sus composiciones da cabida por igual a estilizadas figuras de aspecto lineal y plano y a formas nerviosas cuyas plasticidad es subrayada mediante fuertes contrastes de luz y sombra”; por este motivo, “unas y otras, aunque casi antitéticas, son igualmente características de su hacer, al igual que los paisajes áridos con rocas horadadas, los paños de pliegues profundos y unos tipos humanos que remiten por lo común al Maestro de los Campo y, más excepcionalmente, a la órbita del Maestro de Martín Miguel”, explica.
Un conjunto de actuaciones, que se encuentran de la misma manera, “en el retablo de Frumales (Segovia, Catedral de Segovia), y en un par de pinturas localizadas en el Palacio Episcopal y en la Capilla del Hospital de Viejos”, según la edición. Todas tienen como autor el Maestro de Valseca.
En sintonía con Collar, otros historiadores coinciden en el perfil del maestro, “el artista no tiene una existencia como persona designada por su nombre, por humildad se desvanece ante el tema que pinta, pues se trata generalmente de obras destinadas a la devoción religiosa”.
Pero vayamos a conocer el catálogo de obras del Maestro de Valseca de forma más específica. El predominio de su obra, como hemos subrayado, se centra en la pintura de las tablas de dos retablos renacentistas a nivel provincial. El retablo de San Roque, situado en su ermita, al pie del camino de Valseca a Segovia, tiene como contenidos pictóricos a Santa Bárbara, la Última Cena, San Bartolomé, abrazo ante la Puerta Dorada, y el martirio de San Sebastián, mientras que en el banco que la soporta se trascribe la inscripción: “ESTE RETABLO MADO AZ(E)R EL ORADO COCEJO DE BALSECA A SV COSTA. ACABOSE. AÑO. DE I U DXLIII AÑOS”.
Sin duda es una pieza histórica y con una calidad patrimonial muy importante, que se encuentra muy deteriorada, por este motivo, la renovada Cofradía de las Cinco Llagas(1584), que ya históricamente, incluyó en sus ordenanzas a la Cofradía de San Roque, en su objetivo de proteger y preservar el patrimonio está tratando de evaluar la posible restauración del conjunto tanto estructural como pictórico.
La actualidad más reciente también ha puesto en valor otra de las obras del Maestro de Valseca: el retablo de Frumales, procedente de una ermita de dicho pueblo de la Comarca de Cuéllar, y hoy expuesto, en la Capilla de Santiago Apóstol de la Catedral de Segovia, una vez restaurado hace unos años por Graziano Panzieri y Paloma Sánchez.
Está compuesto por ocho pinturas: en la parte superior se representa a San Pedro, el Calvario y San Pablo y, en un nivel inferior, el abrazo en la puerta dorada entre San Joaquín y Santa Ana y la Purificación de la Virgen. En la parte baja o predela, Santa Lucía, Santa Águeda y Santa Apolonia.
“Bautismo de Cristo”, y otro óleo
Aparte de las tablas pictóricas de ambos retablos(Valseca y Frumales), el Maestro de Valseca mantiene su autoría en dos oleos, que nos describe Fernando Collar en el estudio del Catálogo del Maestro(1989).
El primero, se titula, “Bautismo de Cristo”, que lo sitúa en la Capilla del Palacio Espiscopal (Segovia). Un oleo, según explica, “de 1×0,50 aproximadamente, con repintes, qué está integrado en el retablo de la capilla, de procedencia desconocida y asignable a Diego de Aguilar(1580)”. Esta tabla, “que nada tiene que ver con las otras pinturas, hubo de ser recortada, como bien se aprecia por la descentralización del Espíritu Santo. Es pintura estilísticamente muy próxima a la Crucifixión del Retablo de Frumales aunque será ya algo posterior”, destaca la publicación.
El segundo óleo, “del desabrido estilo del Maestro de Valseca”, subraya Collar, es el titulado “Llanto sobre Cristo muerto”, que ubica en Capilla del Hospital de Viejos(Segovia). Sobre las medidas, puntualiza que “son desconocidas, ya que es inaccesible”; y sobre su estado, lo califica como “muy deteriorado”. Es propiedad del Museo Provincial, y no se menciona en los inventarios de 1866 y 1867, “o al menos no resulta identificable”, matiza. La composición se relaciona con una tabla del taller del Maestro de los del Campo procedente del Parral que pertenece al mismo museo. A ambos lados del grupo de la Quinta Angustia están los donantes, no identificados; un caballero de Santiago y su mujer, arrodillados.
