En la pasada Navidad, la situación de las residencias de la provincia de Segovia fue bien diferente: se permitían las salidas de los mayores pero, “por seguridad”, la mayoría de las familias declinaron esta posibilidad. Conscientes del impacto emocional que esto suponía para muchos, el personal de los centros trató de hacer su estancia más agradable, de manera que pudieran combatir así la soledad que les acechaba y que, en algunos casos, ha provocado el empeoramiento de su situación física y cognitiva. “Intentamos animarlos, las terapeutas trabajaban mucho con ellos”, señala la directora de la residencia ‘Los San Pedros’, Sheila Gordaliza.
Las videollamadas, las fotografías y las cartas se convirtieron en una constante, aunque se permitía la visita de familiares, para que la comunicación con sus seres queridos no se rompiese. Se habilitaron salas especiales para las visitas, con mamparas de por medio, separación de dos metros y uso obligatorio de mascarillas. Pese a ello, fueron muchos los que no lograron escapar de la melancolía; “Si no tenían contacto físico, muchos sentían como si no hubiesen ido a verlos”, relata la presidenta de la residencia ‘Nuestra Casa la Grande’, Susana Linares.
Aunque este año haya aumentado el número de visitas y de visitantes y se hayan relajado las medidas restrictivas, en el interior del centro se mantiene el protocolo para “no bajar la guardia”. De esta forma, se sigue habilitando una sala para tal fin (previa solicitud de cita), con mascarillas, distancias y desinfección.
Con el paso del tiempo y el avance de la vacunación, los residentes parecen estar aislando en sus recuerdos esta pandemia, a la que “ya le tienen respeto, pero no miedo”, sostiene Linares. Durante estos cerca de dos años, los mayores han echado de menos a sus familias, pero eran ellos los que, en los momentos más duros, animaban al personal: “Han sido un ejemplo”, manifiesta Gordaliza. En esta Navidad, sí podrán combatir el virus de la soledad.
