Sí las de Cuéllar y tantas y tantas Villas y ciudades de Castilla; algunas comenzaron en el siglo X, otras como Cuéllar en el XI, otras…. Aquellos aventureros del norte que vinieron a “repoblar”, ya estaban cristianizados, lo suficientemente, como para aportar a los valores de recuperación de los territorios acaparados hacía tres siglos por el Islam, su apuesta evangelizadora por el cristianismo. Desde aquel 1.086 que en las crónicas aparece como el de la conquista del reino musulmán de Toledo por el rey Alfonso VI, las Villas de lo que se intituló como Reino de la Extremadura Castellana, aparecen como refundadas por aquel Rey que tan amargos tragos le hizo pasar a su adalid “Rodrigo” el Cid. ¿Y antes…?. Antes habían pasado por nuestras tierras muchas generaciones de gentes que no llegaron a beber de la esencia del cristianismo, como es el caso de la citania celta de Cuéllar, aquel castro que tras seiscientos o quinientos años de ocupación, cayó, casi todos coinciden en ello, bajo la batuta espadera de las legiones romanas. Seguramente aquellos antepasados tan remotos, no celebraban la Navidad, (no había nacido Cristo aún), pero seguramente sí el solsticio de invierno, tan aferrado a las costumbres de los pueblos centroeuropeos. Y ¿en la Cuéllar medieval…?; ¡Ay!, si pudiéramos asomarnos a los espacios temporales…se habían ya construido los edificios parroquiales, no había una sola parroquia, como en la actualidad desde el siglo pasado, sino varias que llamarían a la Misa del Gallo con la humildad de sus campanas…¡Oye, ya tocan en Santiago, ¿no es la de San Pedro?, ah, pues a lo lejos se oye la de San Andrés y la de San Gil, y se suman las de Santa María de la Cuesta y la del Salvador…, lejanas se oyen las de San Juan, San Sebastián y Santo Tomé, y comienzan a sonar las de San Miguel y Santa Marina, y ahora despiertan las campanas de San Martín y las de San Esteban, y un tanto apagadas se oyen las de la Trinidad … ¡. Los franciscanos ya llevan llamando desde por la tarde, a su “Belén Viviente” como acostumbran…., y en el convento de las Clarisas hay luces que denotan su desvelo navideño…. . Aquellas pequeñas parroquias y conventos medievales tuvieron sus momentos de gloria y también las zozobras que los humanos solemos poner en las cosas…muchas desaparecieron como las de San Juan, San Sebastián o San Gil, otras aguantaron incluso el embate despiadado de las Desamortizaciones; de algunas, sólo nos llegaron venerables ruinas…
Pero no es menos cierto que la Villa aún es muy afortunada en cuanto al legado arquitectónico religioso y de bienes muebles que ha recibido y mantiene del pasado, al que se suma una interesante estructura urbana que mantiene muy dignos elementos de arquitectura civil, casonas hidalgas, fuentes, murallas en triple cerca, blasones, edificios decimonónicos; aunque el lector se va a dar cuenta de que un servidor es de la Villa, no me da ningún reparo en asegurar que Cuéllar mantiene un casco histórico al que se suman varios arrabales del mismo tenor, de los más interesantes de Castilla. No deberíamos lamentarnos de si su estado de conservación es el idóneo, pues es de tal envergadura que los esfuerzos de las diversas administraciones públicas y religiosas, hechos ya para su puesta definitiva en valor ,apenas se nota, pero conviene recordar las considerables inversiones que ya se han hecho en monumentos nacionales (BIC), como en el castillo-palacio de los Alburquerque, o como en las antiguas iglesias parroquiales de San Martín (propiedad del Ayuntamiento), de San Andrés o de San Esteban, sin olvidar otras actuaciones puntuales como las habidas en el Palacio de Pedro I, la iglesia de San Miguel, el ábside mudéjar de Santiago, el Palacio de Santa Cruz, los Conventos de las Clarisas y Concepcionistas, la capilla del Hospital de Santa María Magdalena, o las torres de Santa María de la Cuesta y del Salvador, las murallas de la Ciudadela o diversos lienzos de las murallas de la Ciudad, las puertas de San Basilio o de San Andrés, las de la Judería y Santiago. Algunas calles lucen su propia rehabilitación tras recibir el tratamiento de los A.R.I, como se puede apreciar en las calles de San Julián o Carchena. El esfuerzo por renovar los pavimentos urbanos, encementados desde los años sesenta del siglo pasado, van dando un aspecto mejorado de los viales de la Villa, y los parques y ajardinamientos constituyen un decoro cuidado, vistoso y sano para el medioambiente y disfrute de los cuellaranos, como se observa en los Paseos de San Francisco, el parque de Santa Marina, el de Santa María de la Cuesta, el grande de la Huerta del Duque o los jardines de por aquí o por allá que denotan un nivel aceptable para la mejora de la calidad de vida de los vecinos, pero, sí parece que siempre hay un pero que nos llama la atención…, aún hay mucho por hacer y es humano el exhibir la tan constantemente manida cancioncilla de que “todos queremos más…” …
