Si alguien puede dar lecciones de gestión pública municipal es Celedonio Esteban. Su experiencia le ha permitido conocer circunstancias muy diversas, y conseguir que sea uno de los alcaldes más reconocidos. Su talante conciliador, educado, de trato amable y cordialidad… son las señas que le han acompañado como carta de presentación en todos los lugares donde ha tenido que acudir. Y no han sido pocos en los 42 años en que he empuñado el bastón de mando.
Comenzó con UCD y deja el cargo con el PP a punto de cumplir 88 años. Ha sido más longevo que los propios partidos con los que ha participado en política: Democracia Cristiana o Alianza Popular. Pero su ideología no la ha cambiado: “Mi idea principal siempre ha sido trabajar por mi pueblo y mis vecinos”, afirma.
En El Cubillo, con apenas 70 habitantes y con tres casas rurales, también existen dificultades. En casi todas las elecciones a las que se ha sometido ha tenido que enfrentarse a contrincantes políticos. Ninguno le ha ganado la batalla en las urnas. Siempre ha ganado por mayoría absoluta. Tampoco tuvo nunca otra retribución que la de la satisfacción que reporta el trabajar para los demás. “He ganado más amigos que enemigos”, resume haciendo balance, aunque reconoce que la labor de alcalde muchas veces es ingrata y ha tenido que padecer que algún vecino —incluso emparentado familiarmente— le ha retirado la palabra “por defender los intereses del pueblo por encima de los particulares”.
Evolución
En las más de cuatro décadas que ha permanecido al frente del Ayuntamiento, Celedonio Esteban ha visto pasar muchas vidas, la de muchos ciudadanos y la pública. Entró en la política siendo Adolfo Suárez gobernador civil de Segovia. Ha conocido el Franquismo, la Transición y la Democracia.
Asegura que la labor de un alcalde en la actualidad resulta hoy más sencilla. “Hace años había que acudir al Gobierno Civil para hacer cualquier cosa y se exigía una disciplina y un protocolo exagerados. Era un suplicio. Hoy hay otro ambiente, más instituciones … ha cambiado mucho”, afirma.
Lo que no ha cambiado en El Cubillo es la falta de recursos. Él ha sido quien ha trabajado siempre, a veces con otros concejales —la Corporación la forman tres, todos con más de 70 años— a leer los contadores del agua para poder girar los recibos, limpiar las calles o arreglar jardines.
Otras labores
Su vida política no se ha limitado a ser alcalde. Durante 16 años ha ocupado también la Presidencia de la Comunidad de la Villa y Tierra de Pedraza, que ha sido el principal sustento de estos pueblos serranos.
Si hoy sábado puede ser una jornada triste para Celedonio por dejar un cargo que le acompañado media vida, ayer también soportó emociones fuertes. En la reunión de la Junta de la Comunidad de Villa y Tierra, celebrada en Navafría, le reconocieron la labor desempeñada durante muchos años. El jefe del Servicio Territorial de Medio Ambiente, Ignacio Quintanilla, en presencia del delegado de la Junta, Javier López Escobar, y de sus propios compañeros alcaldes le dijeron que siempre tendrá un sitio para compartir este día. “Hoy me voy satisfecho a casa”, confesó ayer, tras la reunión. “Me voy con los pulmones ensanchados. Estas cosas se agradecen”, afirmó.
La lucha del teléfono
De sus muchos recuerdos que guarda como alcalde destaca el día en que el teléfono llegó al pueblo, tras numerosas gestiones para lograr que los vecinos dispusieran de este servicio. “Fue una lucha dura porque Telefónica argumentaba que le suponía mucho coste llevar la línea. Teníamos que pagar 190.000 pesetas, una cantidad que no alcanzaba ni con el presupuesto anual del Ayuntamiento. Finalmente lo conseguimos por 13.000 pesetas”, relata. Un 2 de agosto recibió una carta confirmando que se extendería la línea. “Fue una de las ilusiones mayores que he tenido”, asegura. Era el comienzo de los años 90 del siglo pasado. Tuvo que acudir muchas veces a Segovia e incluso a Madrid para solicitar este servicio, hoy tan común. Y fue un teléfono para todos los vecinos, el teléfono público, claro. El logro conseguido hizo que otros muchos alcaldes de la comarca acudieran a él para solicitarle consejo para lograr acceder al teléfono.
Otro momento emotivo que recuerda fue cuando en una de sus primeras legislaturas como presidente de la Comunidad de Pedraza le votaron por unanimidad los 17 alcaldes restantes que integran la institución. “Ese apoyo unánime se agradece mucho”, sostiene, esta vez sin modestia.
Valoración y familia
A la pregunta de si el papel de los alcaldes está suficientemente reconocido por los ciudadanos, Celedonio muestra la bonhomía que le caracteriza. “Creo que la gran mayoría sí valoran el trabajo que hacemos. Sobre todo en los pueblos pequeños saben que muchas veces hay que hacer de todo. Sólo una minoría no tiene en cuenta el esfuerzo y la dedicación que muchos alcaldes y concejales realizan; pero la inmensa mayoría sí lo valoran”.
Sólo se lamenta de una cosa en este tiempo: no haber podido dedicar más tiempo a su familia. Dos hijos y su esposa Petra, que le he acompañado siempre, han tenido que soportar los momentos ingratos, “más que yo”. “Pero lo han sabido llevar. Hay veces que tienes que dejar tus cosas para acudir a temas del Ayuntamiento”. “Es lo que me gustaría que vieran las nuevas generaciones que quieren dedicarse a la política: que hay que sacrificar cosas personales para asumir las tareas del cargo”, aconseja.