El Boletín Oficial de Castilla y León publicó en 2017 una orden que regulaba la figura del profesor honorífico. Probablemente aquel día la Consejería de Educación no era consciente del éxito que supondría esta iniciativa, que año tras año crece de forma que cada vez son más los docentes jubilados que colaboran con el sistema educativo aportando su experiencia. Segovia sigue esa tendencia al alza y de cinco profesores se ha pasado a siete en este curso.
Diego Jiménez, asesor técnico docente del Área de Programas Educativos de la Dirección Provincial de Educación en Segovia, comenta que la Consejería de Educación intenta destacar “el potencial humano y reconocer la colaboración de estos profesores que ya están jubilados, profesores que tienen una amplia trayectoria académica con una gran contribución al sistema educativo y que quieren seguir colaborando de manera voluntaria con los centros públicos”.
Existen dos vías de colaboración, según recalca Jiménez. Una abierta, donde el profesor honorífico no puede elegir el centro, por ejemplo, para hacer unas prácticas en un laboratorio, sino que son los centros que requieren de esa contribución los que le ‘fichan’ para aprovechar esa experiencia. La otra vía es la concreta, donde el docente sí escoge dónde quiere aportar ese granito de arena, dándose algunos casos en los que coinciden ambos caminos.
El asesor técnico valora positivamente el incremento de profesores honoríficos en la comunidad autónoma, porque eso significa que el programa tiene éxito y genera interés. No hay que olvidar que no existe contraprestación económica alguna por esta tarea, y ya sabemos lo que nos cuesta movernos a los españoles si no hay dinero de por medio. En cambio, como destacaban desde la consejería en el reciente homenaje a los participantes, los 68 que ya estaban el curso pasado han aumentado en 50 más. Son 31 en Infantil y Primaria y 87 de Secundaria. De esos 118, 11 han solicitado la doble vía (asesoramiento y proyecto concreto), por lo que las solicitudes totales alcanzan las 129.
En Segovia, Jiménez informa de que son siete los profesores honoríficos para el curso académico 2025/26, dos más de los cinco que se inscribieron en el anterior, por lo que se sigue la tendencia al alza que experimenta Castilla y León. Y todo con un carácter vocacional, sin recibir un sueldo o algo similar. “Ellos quieren seguir de una manera u otra vinculados al ámbito educativo”, es decir, alterar su jubilación de forma que le otorgan más actividad.
Al contrario de lo que pudiera parecer, hay un ámbito en el que sobresale la presencia de esta figura, y es en el relacionado con la innovación o la investigación, especialidades en las que es más complicado encontrar docentes y estos veteranos pueden contribuir con su experiencia. Jiménez pone como ejemplo que hay materias como Matemáticas o Lengua donde es más sencillo dar con ellos, a diferencia de otras relacionadas con tecnologías, laboratorios, etc. Por eso menciona que tienen algún compañero que viene de la Formación Profesional, que además ha prorrogado su admisión.
¿Y cómo se toman los docentes en activo la presencia de estos nuevos y experimentados compañeros? Pues la respuesta es bien sencilla, ya que cada solicitud o actividad en la que participan tiene previamente el visto bueno del centro al que se presenta, escuchando antes al claustro y al consejo escolar, lo que significa que ya lo saben y no les coge por sorpresa, además de que en un 90% de los casos, cifra el asesor técnico, se trata de antiguos compañeros, por lo que suelen recibirlos de buen grado.
Hablamos con dos de ellos, uno que ya es todo un veterano con tres apariciones y otro nuevo que se incorpora este año. Los dos en el mismo instituto, el Mariano Quintanilla de Segovia, un centro educativo muy especial por su arraigo histórico, eje motivacional por el que ambos docentes han prorrogado su actividad aunque sea por una senda diferente. Carlos del Barrio, que arrancó su trayectoria como profesor de Matemáticas hasta que quedó maravillado por la singularidad del mencionado instituto; y José Miguel Villar Bueno, que ha querido adherirse por razones idénticas a las de Carlos. Con casi 40 años de trayectoria a sus espaldas, son fiel ejemplo de lo que es custodiar con honor una profesión.
Carlos del Barrio Herrero, Cuarto curso como profesor honorífico
“El patrimonio del Mariano Quintanilla es un incentivo”
Carlos del Barrio Herrero (10-11-1961, Segovia) disfruta de una jubilación activa tras casi 40 años de ejercicio docente porque le sigue apasionando lo que ya hacía antes de colgar las botas: cuidar y exponer a los alumnos el abanico de posibilidades que ofrece un instituto histórico como el suyo.
—¿Usted repite en este programa, cuántos años lleva?
—Pues son tres años ya.
—Supongo que cuando uno continúa es porque le ha gustado la experiencia…
—Sí, claro, me gusta la experiencia y lo que ha hago en ella, que es lo interesante, el poder continuar haciendo cosas que me gustan todavía aunque ya no tenga la vinculación de antes con el instituto.
—Su colaboración es en el IES Mariano Quintanilla segoviano. Dígame el porqué de querer seguir en activo pese a la jubilación.
—Es que es un instituto muy singular e histórico, declarado ‘Histórico’ de Castilla y León, Bien de Interés Cultural por el edificio y el patrimonio que tiene ya que es muy antiguo. Conserva un importante patrimonio, además de académico, porque Ezequiel González decide dejar allí su colección de obras de arte y objetos recogidos de sus viajes por el mundo. Eso hace que compatibilizarlo con la función principal de un instituto, la docencia, no sea fácil. Así que hace unos años comenzamos un grupo de profesores a interesarnos y rescatar ese patrimonio e incluso integrarlo en la vida del centro, que no sea solo un museo sino integrar a los profesores en activo para que trabajen con los alumnos y lo aprovechen. Antes estaban en espacios no visitables. Y allí seguimos recuperando fondos y colaborando con el profesorado porque estamos más especializados y los profesores nos preguntan o nos piden ayuda para que expliquemos a los alumnos. Hace unos cuatro o cinco años se crearon unos museos allí y hacemos visitas guiadas. Yo estoy más en el apartado de los aparatos científicos y José Miguel en los fondos bibliográficos.
—¿A qué se refiere con lo de aparatos científicos?
—Por ejemplo, hay una colección importante de animales disecados de finales del siglo XIX, aparatos de física y química de la época, etc.
—Sí que es verdad que es un instituto singular…
—Solo con decirte que empezó a funcionar en 1845. Fíjate. No en el edificio de ahora, donde está desde 1870. Muchas cosas desaparecieron pero afortunadamente se han conservado otras muchas. Una colección de objetos que sirve para ilustrar cómo era la enseñanza de aquella época del siglo XIX hasta el XX y en esa tarea estamos.

—Tiene mucho mérito esto que hacen sus homólogos pues no hay contraprestación económica y ya sabemos que moverse a cambio de nada nos cuesta a los españoles.
—Pero nos mueve un gusto por esos temas, por esa parte de la cultura educativa que está ahí y la ponemos en valor cuando antes eran trastos viejos allí guardados. Ahora se están revalorizando. En 2022 fue nombrado Bien de Interés Cultural no solo por el edificio sino por los fondos académicos. Eso es un incentivo para seguir para los que hemos echado horas compatibilizando la docencia con esa dedicación al patrimonio. No era obligatorio pero nos apasiona.
—La experiencia es un grado, dicen, y de eso ustedes van sobrados, ¿verdad?
—Trabajar tantos años en el instituto te da un bagaje, cultura, investigación y conocimiento en esa labor que hacemos y de eso se aprovechan otros compañeros que te dicen: ‘cuéntale a estos chavales ese tema del que tú sabes mucho’. Así le damos vida y es más que un simple museo que se ve con unas diapositivas. Eso es muy gratificante.
—Cuénteme su trayectoria, ¿cómo comienza?
—Empecé como profesor de Matemáticas en 1986 en el instituto de Alfaro, en La Rioja. De ahí a Arévalo (Ávila), Carbonero El Mayor y al Mariano Quintanilla en el 2006, mi último destino. Cuarenta años el año que viene.
—El gremio de ustedes es de los más vocacionales, ¿no?
—Sí. Entré por oposición como licenciado en Matemáticas. En mi familia había algún profesor y me gustaba. Daba clases particulares para sacarme unos ahorrillos en la carrera. Desde siempre me ha gustado la enseñanza, incluso cuando te vas haciendo mayor y hay un abismo generacional.
—¿Tanto les ha cambiado la tecnología?
—Cuando empecé acababan de llegar los ordenadores, que eran anecdóticos y fallaban. Ahora te relacionas con ellos con plataformas educativas. Antes era todo presencial. La comunicación ha cambiado, su interés, y hay que adaptarse para no aburrirles.
José Miguel Villar Bueno, Primer año como profesor honorífico
“Es un instituto que en cierta manera te embruja”
José Miguel Villar (22-08-1962, Segovia) se jubiló en enero pero gracias al plan de profesores honoríficos sigue disfrutando de su gran pasión, la conservación e investigación de unos fondos bibliográficos de un IES Mariano Quintanilla que le tienen, como recalca, ‘embrujado’.
—Al contrario que Carlos, usted es un profesor honorífico ‘novato’, es su primer año. Cuénteme por qué se alistó.
—Me jubilé en enero también en el IES Mariano Quintanilla, donde tenemos grupos de trabajo respecto al patrimonio cuando estábamos en ejercicio y tras la jubilación, como Carlos y Florinda. Es una forma de querer continuar esa tarea.
—Y es una forma de decirle al mundo que todavía son efectivos y aprovechables.
—Eso es. Trabajamos conjuntamente con el centro y seguimos en contacto ayudando.
—¿Y cuál su aportación?
—Mi tarea, que ya la hacía en activo, es con los fondos bibliográficos, porque el instituto tiene una amplia e importante biblioteca. Otros compañeros están con la pintura, escultura,…
—Supongo que cuando hace mucho tiempo comenzó su trayectoria como docente estaría mucho más nervioso…
—Sí, sí, desde luego (Risas). No tiene nada que ver.
—La experiencia se nota.
—Claro, claro. Esto es muy diferente. Antes el contacto con los alumnos, las correcciones, etc., se llevaban todo el peso.

—Echemos la vista atrás en el tiempo y cuénteme su trayectoria. ¿Dónde la inicia?
—Es larga, desde que comencé en el 87, nada más acabar la mili, en la concertada con las Jesuitinas de Segovia dando clases de Lengua y Literatura. Estuve solo un curso y seguí en la concertada en el Claret segoviano otros dos cursos. Luego apruebo la oposición y me envían en la denominada ‘expectativa de destino’ (provisional) al Instituto Ezequiel González, otros dos cursos hasta el destino definitivo en Torrejón de Ardoz, en el Isaac Peral, donde fueron tres cursos. En el Mariano Quintanilla estuve los nueve últimos años, pasando antes por el Centro de Profesores en Segovia un curso como asesor.
—Tiene usted más destinos que un futbolista.
—Sí, jaja. Y me faltaban otros dos cursos en Nava de la Asunción y Carbonero El Mayor otros 18 antes del Mariano Quintanilla. Ese es todo el recorrido.
—Desde el 87 le ha dado tiempo de pasar por todos ellos hasta que se encuentra ahora con esta jubilación activa.
—Sí. Tenía el ejemplo de Carlos y de Florinda, que estuvo hasta los 70 años -es la edad máxima de los honoríficos-.Me decidí porque me gustaba continuar en contacto con el instituto. Es un instituto que en cierta manera te embruja, porque sientes que tiene un montón de años, de los primeros que se crean en España. Recuerdo que en el 2019 se celebró el centenario de la llegada de Machado al centro y yo estuve coordinando el programa de actividades y aquello me motivó para investigar un poquito, estuve escribiendo algo de historia sobre profesores de la época de Machado y desde ahí me quedé hechizado por esta historia y sus curiosos personajes. Además del arte que tiene, que es muy importante. Perder todas estas referencias de golpe no me apetecía. Sí quería dejar el trabajo más arduo y burocrático, las correcciones…, pero seguir en conexión. Esas son las motivaciones para presentar mi solicitud.
—Una buena idea de la Junta de Castilla y León para no perder ese nexo con lo que le apasiona, ¿no?
—Claro. Además, tampoco es un trabajo que tengas la obligación de unos horarios, etc., podemos ir una hora a la semana o estar más tiempo o volver otro día. No es una obligación que pese.
—Tiene mérito también porque no cobran nada a cambio.
—Es solo nuestra afición y el disfrutar con estas cosas. Esa es la mejor manera de cobrar.
—Eso demuestra que la enseñanza es uno de los gremios más vocacionales.
—También lo creo. Hay gente que busca una salida profesional para poder subsistir y se hacen profesores, pero no es lo mismo. No es la misma exigencia que cuando te motiva y te gusta. Hay una diferencia muy notable.
—¿Por qué se hizo profesor?
—Siempre me gustó dar clases, enseñar y relacionarme con los alumnos. Es algo vocacional, enseguida lo descubrí. Ya daba clases particulares cuando estudié en la Autónoma de Madrid y creamos la asociación ‘Horizonte Cultural’ para costear los viajes.
—Una relación con los alumnos que ha cambiado mucho.
—Desde la pandemia sobre todo. A los mayores nos cuesta más la tecnología, pero tratas de readaptarte, también a la nueva sociedad y a los cambios.
