Hace ya unos días de la apertura de nuestra comunidad y ya hemos notado los efectos. El pasado fin de semana recibimos con un tiempo estupendo a todos aquellos visitantes que estaban deseando volver.
Por un lado, los propietarios de una vivienda en el municipio que daban la primera vuelta por sus casas después de un crudo invierno y que, en algunos casos, se encontraron con goteras o algún desperfecto y, en otros, sus hogares les recibieron con más dicha. Llenaron el pueblo, las terrazas, los comercios y te los encontrabas por los caminos del monte. Venían con muchísima alegría y decían que habían echado mucho de menos venir al pueblo. Son los llamados veraneantes. Nosotros también les hemos añorado.
Por otro lado, tenemos los visitantes o turistas que aburridos de no poder salir de su comunidad también estaban encantados de que les abriésemos las puertas y ampliar su radio de acción. Vienen a disfrutar del monte, a visitar nuestra iglesia o a pasar un rato agradable con nuestra hostelería. También estamos felices de recibirles.
Son buenas noticias la ampliación del aforo en el interior de restaurantes y del teatro; es un planazo visitar El Espinar, comer en un buen local y ver una obra de teatro o un concierto. Además, este verano, vuelven “Las Noches del Pidal” pudiendo disfrutar de su programación al aire libre.
Todo es “maravilloso”, como dice Mario, pero seguimos luchando por la desviación del tráfico de camiones de la travesía de San Rafael. Además de aminorar la peligrosidad, mejoraría el entorno, la carretera (el pueblo) sería un lugar más amable y apetecería que más visitantes se detuviesen a conocernos. ¡Bienvenidos a El Espinar!
