
Como periodista convoqué a Pluma docenas de veces y nunca, ni una sola vez, puso excusas para concertar una entrevista. Daba igual la hora, el día o el momento que atravesara el equipo. En nuestras conversaciones, el discurso de Diego estuvo siempre asociado al trabajo, a dignificar una camiseta con mucho peso en la historia del fútbol regional y a ejercer como profesionales sin recibir salario por ello la mayor parte de las veces. Tan extrovertido con los que le importan como serio y formal al hablar de su equipo, Pluma ha sido siempre la argamasa que da consistencia a un grupo siempre heterogéneo, manteniendo la potestad que otorga su rango de agarrar por la pechera al díscolo – no hace falta hacerlo literalmente – para anteponer el grupo a la individualidad.
Ahora Pluma, superada la barrera psicológica de los cuarenta años, decide retirarse – esta vez de verdad – recibiendo homenajes en buena parte de los campos del Grupo VIII que tan bien conoce. Por algo será.
