Patricia Azcárate (Madrid, 1959), presenta sus últimas creaciones eligiendo el cristal como soporte para la pintura, dándole la forma del tondo, del círculo, como metáfora de la perfección y la plenitud.
Para la autora el cristal expresa perfectamente ese diálogo entre materia y espíritu, entre lo visible y lo invisible, entre fragilidad y dureza. Un soporte que carece de peso visual y favorece así la flotación de los signos pictóricos donde el color fluye y se libera.
Según sus propias palabras, la expresión artística, la necesidad de crear, surge de la necesidad de soñar. Como resultado de un sentido creativo, aparece la materia de un sueño, de un deseo, de unas inquietudes que van más allá de lo racional. En un estado pre-consciente, que imagina la liberación de formas, colores y luces, que dan respuesta a ese no pensamiento, a un estado.
La transparencia del vidrio se añade a la inmaterialidad del sueño, y deja que la pulsión del espíritu hable de lo inestable, lo dudoso, lo líquido e incierto de la verdadera esencia del ser. Es la fragilidad del material, y su dureza, lo que da cuerpo al espíritu de la obra. Las manos de la inocencia, sirven de soporte para ese futuro, ese devenir, ese incertidumbre que supone el arte.
Como indica Jesús Mazariegos, Patricia Azcárate practica desde siempre una abstracción radical e informalista, que Dámaso Santos Amestoy llamó, en 1996, abstracción lírica. Sus formas más características van de las amebas a los filamentos y de la mera mancha al grafismo, sin rozar jamás las formas de la realidad más allá de una sutil sugerencia paisajística o simplemente vegetal. Lo más normal es que en la pintura de Patricia los trazos sean sólo trazos y las manchas, manchas, casi siempre referidas únicamente a sí mismas. Otra cosa son los significados que sus formas contienen respecto de la emoción y reflejo de vida, siendo fundamental, en este sentido, el concepto de higiene, entendido como ruptura con el pasado y una opción apasionada por la libertad, siempre con una inquietud por el espacio que da lugar a una lectura poética de la obra. En esta ocasión, Azcárate añade algún elemento nuevo que sirve de soporte al vidrio o al cristal, formas que se refieren a lo humano, son las manos de la infancia y de la adolescencia que sugieren la idea de soportar el futuro del arte y de la creatividad.
Su obra ha sido expuesta en exposiciones y ferias de diversas partes del mundo, como Italia, Alemania, Líbano y España. Ha participado en la Feria de Arte Contemporáneo (ARCO), durante varias ediciones, y su obra está presente en numerosas colecciones de arte contemporáneo, como la Colección Testimonio de La Caixa, Colegio de Arquitectos de Santa Cruz de Tenerife o Ayuntamiento de Madrid.