Desde hace más de tres décadas, la realidad laboral y el paro han cambiado de formas drásticas. Antes una persona estudiaba, se preparaba, conseguía un trabajo y hacía carrera allí, hasta su jubilación. Esos días quedaron en el pasado, y hoy los empleos son distintos, los requerimientos y las edades para acceder a ellos también, y hay dificultad en cierto rango de edad.
Es lo que sucede con los mayores de 55 años, entre quienes buscar y lograr un trabajo nuevo se vuelve más complicado cuanto más pasa el tiempo. Por primera vez, el paro en este rango de edad es mayor que entre quienes tienen menos de 54 años.
Estadísticas preocupantes
Por regla general, el paro para los mayores de 55 años era algo relativamente lejano, siendo estadísticamente más bajo que para el resto de la población activa. Por ejemplo, en 1994, la diferencia era de 9,2 puntos, favorables a esa franja etaria.
Pero para 2023 la realidad explotó en la cara: la franja se fue estrechando, tanto que se igualó, y en 2025 superó, incluso, el paro entre las personas más jóvenes: este año la cifra fue del 9,8%, 0,4 puntos más (9,4%).
Así lo establece un informe del IVIE (Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas) y la Fundación BBVA, sobre la calidad del empleo entre las personas mayores:
“Al margen de las oscilaciones cíclicas que han afectado al conjunto del mercado de trabajo español y de la reciente reducción del desempleo, el empeoramiento relativo experimentado por los mayores a lo largo de las últimas décadas ha sido, por tanto, muy sustancial”.
El país desde hace décadas experimenta un profundo envejecimiento demográfico, que inevitablemente afectará el sistema de pensiones. Cuanta más gente envejece y se jubila, hay menos jóvenes que se incorporan al mundo laboral, y no porque no trabajen, sino porque hay cada vez menos gente.
El relevo generacional está estancado, y eso se refleja en las estadísticas. Por ello, el gobierno busca extender “la edad efectiva de jubilación y prolongar la actividad de los trabajadores”, algo que viene muy bien, ya que los mayores que tienen trabajo usualmente, “disfrutan en promedio, de empleos de más calidad que el resto de la población”.
No obstante, esto se observa solamente entre los mayores que han podido desarrollar con éxito su carrera profesional ininterrumpidamente.
Pero para quienes acceden por primera vez a un trabajo o los que han tenido un periodo largo sin empleo, o lo pierden, la realidad es más dura: las dificultades se multiplican.
Como lo afirma el informe: “Su inserción laboral resulta complicada, con periodos más largos de paro, menos oportunidades laborales y empleos de menos calidad (…) El atractivo de los mayores para las empresas parece ser menos y para ellos también es menos atractiva la perspectiva de prolongar su vida activa si para ello han de encontrar un nuevo empleo”.
Un verdadero drama generacional
Cuantos más años tenemos más difícil es encontrar un buen empleo. Las empresas prefieren sangre joven, y eso hace que existan parados “de larga duración”.
Esto se ve en los porcentajes: el 57,9% de los mayores de 55 años pertenece a esta categoría, pues pasan más de un año buscando trabajo sin conseguirlo. El porcentaje es notoriamente más alto que entre los parados que tienen entre 25 y 54 años: 36,1%.
Lo dramático es que si consiguen trabajo este es de peor calidad; a eso se suma que entre quienes encuentran un empleo, el 52,6% es temporal, con una tasa del 10% de trabajo precario, es decir, contratos de hasta 3 meses, y del 4,5% de fijos discontinuos.
Pero cuando el trabajador tiene una antigüedad de 25 años o más, la tasa de temporalidad apenas llega al 2%, casi no hay empleo precario y los fijos discontinuos llegan a un 2,4%.
Si una persona mayor debe volver a empezar, le resulta considerablemente más difícil que a los más jóvenes. Ser baby boom nunca había sido tan complicado.
