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Palmeras centenarias y lavandas aromáticas en los jardines de Segovia

por Javier Contreras Jiménez
6 de noviembre de 2022
en Sin categoría
21 Huerta Mira Alcazar Milagros Fernandez Turismo de Segovia

Huerta Mirador Alcázar.

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Entre las muchas iniciativas impulsadas por la municipalidad, en este caso concreto, por la concejalía de Turismo, ha brotado una, que por su singularidad, ha despertado los sentidos de los segovianos, alzando una bandera verde y prestando atención a un componente esencial en nuestra ciudad: los Jardines Vividos.
Durante este otoño ha tenido lugar la segunda edición del ciclo de visitas guiadas por el equipo profesional de guías oficiales de la Empresa municipal a espacios ajardinados poco conocidos o, en algunos casos, muy frecuentados, pero sin profundizar en su significado histórico, botánico, de ecosistema, ni tampoco de configuración de la ciudad. Los jardines, en Segovia, son una forma de vida.
A veces es necesario recordar los innumerables juegos, al salir del colegio, o durante el verano, en el paseo del Salón, en los Huertos, en la plazuela de la Merced, en el Alcázar, en los “Zuloagas”, en la plaza de Santa Eulalia, en los Jardinillos de San Roque, en las riberas del Eresma por San Lorenzo, en el Pinarillo o las incursiones aventureras por la selvática Hontanilla. En Segovia se vivía en la calle, se compartía amistad, al contrario de lo que sucede en la actualidad, en la que cada cual, de menor o mayor edad, vamos, y digo “vamos”, pegados a nuestras pantallas, ese diminuto mundo que nos abstrae de la maravilla de personas que circulan a nuestro alrededor y del entorno de siglos que nos ha formado como segovianos. Son esos lugares de disfrute, de celebración, de tertulia, los que salpican aquí y allá, junto a calles y plazas… Trasladado al ámbito de la casa familiar, son magníficos espacios verdes que muestran el cuidado, el tesón, la sensibilidad de atrapar y guardar un pedazo de naturaleza, custodiar un poco de la Casa común, un retazo del Edén.

1 Jardin Esteban Vicente Museo Esteban Vicente
Jardin Esteban Vicente Museo Esteban Vicente

 

Jardín del Museo de Arte Contemporáneo Esteban Vicente
La semilla para este ciclo de jardines fue sembrada por la exposición Joaquín Sorolla. A la luz del Jardín. Esteban Vicente, en el Museo de Arte Contemporáneo que conserva la obra del artista segoviano, donde se ha cotejado la luz y el color en el impresionismo de Sorolla y en la abstracción de Vicente. Se completó el excelente maridaje al trasladar desde el continente de origen numerosas especies autóctonas que Harriet y Esteban atendían con dedicación y esmero en torno a su vivienda de estilo colonial holandés del siglo XIX, mimetizada con el medio, en Long Island, a unas dos horas y media al este de la cosmopolita Nueva York. Ese selecto jardín de colores vivos, que le servía de inspiración, ha sido reproducido minuciosamente en el espacio al aire libre del Museo, con vocación de continuidad. Es ahí donde comienza el viaje por los jardines de Segovia.
El visitante explorador es recibido por un extenso manto de mielaria, de minúsculas flores blancas cruciformes, dulces al olfato, entre el que se esconden algunas margaritas mejicanas, también llamadas cimarronas, de amplia floración anual, centro amarillo y pétalo blanco, a la vez que descuellan margaritas rojas, gaillardía o flor de manta, originaria de las lomas y llanuras de América del Norte, cuyo nombre está dedicado al botánico francés A. R. Gaillard de Charentonneau, con pétalos coloridos del amarillo y naranja al rojo, que cuando caen, dejan la esfera de semillas a la espera del viento.
Más adelante, las alegres coreopsis, amarillas por completo, de origen y hábitat similar a las anteriores. Pero cautivan, particularmente, los ojos negros de Susana, la rudbeckia, de botón negro y pétalos amarillos, con la simetría de los soles dibujados por los escolares. Más adelante la aromática calaminta, el flox rosa y blanco, un rosal rojo trepador, agapantos, cual fuegos artificiales, vinca con sus pétalos morados triangulares, el helecho cobre, la hortensia siberiana y la hemerocallis, de naranja intenso en ancho pétalo y efímera, lirio de un día.
Fueron plantas elegidas incluso por su atracción a los insectos que ejercen de recolectores y repartidores naturales de polen, dando inicio así, con su vuelo nervioso, a un nuevo ciclo vital.

4 Jardin casa del Marques de Lozoya
Jardin casa del Marques de Lozoya

 

Jardín de la Casa del Marqués de Lozoya
Sin embargo, hay jardines que en su vida anterior fueron huertas, como el caso del que se asoma a nuestra muralla en la casa del mayorazgo de los Cáceres, más conocida como del marquesado de Lozoya.
El empeño familiar hace de ellos jardines vividos y trabajados, muy trabajados, considerados como un pulmón de la casa y del sosiego y descanso cotidiano. De la primavera al otoño, en secuencia cromática, florecen los tempranos crocus, narcisos, enmarcados en bosquetes delimitados por aligustre, las lilas con su suave fragancia, el romero, la celinda, de delicado perfume, y también los frutales, los que hubo, como los granados, y los que hay, albaricoque, paraguayo. Flores y frutos que luego, en parte, resplandecen en jarrones, floreros y fruteros en compensación al tiempo entregado. Este jardín acoge al más anciano de los segovianos con vida y vivido, 210 años, adoptado y adaptado desde Zafra, un nogal que ha prestado su sombra en las tertulias amistosas y sus ramas a los juegos infantiles.

 

Jardines creados por la imaginación de Leandro Silva
La variedad de espacios verdes en nuestra ciudad se ve enriquecida con aportaciones del paisajismo, es el caso del rectángulo que encontramos al norte de la antigua iglesia de San Juan de los Caballeros; la inspiración de Leandro Silva contribuyó a preservar este rincón donde el diseño juega, en un contexto arquitectónico de primer orden, con la geometría y la historia, enmarcando con cintas de granito una tupida capa de cespitáceas que parecen recibir su verdor gracias a un vaso cúbico central, de granito, guiño a la sierra que se divisa desde este punto. Un surtidor interno permite que el espejo del agua se derrame por los cuatro lados, como un rebosar de vida, pues es el agua el elemento principal de vida para los jardines. El jardín de los Zuloaga fue cine en las estrelladas noches estivales; es un jardín para reunirse y celebrar las manifestaciones culturales, a este lado del Eresma.
Al otro, Leandro Silva, discípulo de Burle Marx y restaurador impecable del Jardín Botánico de Madrid, en el área recientemente inscrito en el listado del Patrimonio Mundial, vislumbró un abrigo natural en las rocas para esconder su jardín personal, que albergara especies mil, recogidas por él mismo y brindadas por amigos viajeros. Nos sorprenden aquilegias, hierbaluisa, laurel, arbustos de mirto y durillo, jarrones de siemprevivas, lirios, símbolo de este jardín, peonías chinas, tejos, acebos machos y hembras —que son las que florecen—, hayas, abedules, tilos, la referencia obligada al pino del Himalaya, que se retuerce intentando alcanzar las nubes, repartidos por senderos, caminitos y recovecos que, de pronto, se abren a un espacio íntimo para la lectura, con los sillones de cestería entrelazada y cojines que invitan al reposo. Y agua, en pilones bajo la roca, y en la alberca dorada, peces rojos.

15 Jardin del Rey Angel Kamarero Turismo de Segovia
Jardin del Rey

 

El Jardín del Rey de la Real Casa de Moneda
En la otra ribera del Eresma despuntan los tejados de la Casa de la Moneda y las palmeras centenarias de su Jardín del Rey. Los estrechos caminos de jabre invitan a descubrir recoletas plataformas rodeadas de boj, o bien donde crecen rosas damascenas, o bien membrillos, incluso un avellano o campitos de fresa, remembranza del jardín-huerto oriental; una pérgola recubierta de hiedra y vid conduce pausadamente hacia el pabellón de pesca. El umbráculo es su antesala; del armazón metálico, que sustituye al original de madera, se está apoderando una nube o velo de novia, y de nuevo, una fuente.

La Huerta Mira Alcázar
Un acierto ha sido incluir la huerta Mira Alcázar, reconvertida de chopera en huerta, como antaño. Es una mezcla de naturaleza, labor y arte, regada con las aguas del Monasterio de Santa María de El Parral. Asombra el ancho campo de trescientas lavandas, se siguen hipéricos o hierba de San Juan, descrito por Dioscórides, y un hibisco, de flor acampanada, que soporta bien las bajas temperaturas. Luego, el cultivo, de los frutos de la tierra, tomates, lechugas, calabacines, judiones, repollos, coliflores, lombardas, cardo, excepto la berenjena, que requiere menor amplitud térmica. Y en los ángulos, por Los Santos, como es tradicional en la huerta segoviana, macizos de crisantemos, presentados y ofrecidos al recuerdo de nuestros antepasados.
Aunar esfuerzos, públicos y privados, es garantía de mantenimiento y supervivencia de este patrimonio natural urbano.
Visitar los jardines de Segovia es una fiesta.

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Edición digital del periódico decano de la prensa de Segovia, fundado en 1901 por Rufino Cano de Rueda

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