La recaudación tributaria del Estado sigue creciendo sin cesar. En el año 2025 la recaudación tributaria estatal ha conseguido un nuevo récord fiscal con 325.356 millones de euros, es decir, 30.622 millones de euros más que en 2024, un 10,4% más. El IRPF es el impuesto que más recaudó en 2025 con 142.466 millones de euros, un 10,1% más que en 2024, es decir, 13.000 millones adicionales. Le sigue el IVA con 99.532 millones de euros, 8.991 millones más que en 2024. También aumentó la recaudación en el Impuesto sobre Sociedades con 42.266 millones de euros, un 8,1% más que en el ejercicio presente. Mientras que los Impuestos Especiales recaudaron 23.083 millones más en 2025, un 4,3% más. Un aumento de la recaudación por el aumento del empleo, la finalización de las rebajas fiscales adoptadas después de la guerra de Ucrania y la progresividad en frío en el IRPF (el aumento de los tipos impositivos efectivos que se pagan por este impuesto, sin que los salarios reales hayan ido creciendo sustancialmente).
En definitiva, en el año 2025 los ingresos tributarios crecieron hasta los 325.356 millones de euros, un 10,4% más que en el año 2024, (en 2024 los ingresos crecieron un 8,4%). Un crecimiento en 2025 debido al aumento de las bases imponibles (+7%) y al impacto positivo de las medidas normativas y de gestión (7.820 millones de euros). La base imponible agregada de los principales impuestos creció en 2025 en un 7% (en 2024, el 8,2%). En conjunto estas bases ligadas a las rentas crecieron un 8% (11,2% en 2024), mientras que las bases ligadas al gasto aumentaron un 5% (4% en 2024) por la recuperación de los consumos sujetos a los Impuestos Especiales (+6,1%) y el aumento de las bases del IVA (5,7%). El impacto positivo de los cambios normativos y de gestión supuso 7.820 millones de euros (2,7 puntos del crecimiento de la recaudación), mientras que el resto de las medidas, significaron ingresos adicionales netos de 10.798 millones de euros, obtenidos del Impuesto sobre Sociedades, de la vuelta a la normalidad completa del IVA (la recuperación de los tipos sobre productos energéticos y la alimentación básica) y en los impuestos sobre la electricidad; de los nuevos impuestos (Margen de intereses y Comisiones de Determinadas Entidades Financieras y sobre líquidos para Cigarrillos Electrónicos) y de la subida del tipo en el Impuesto sobre Labores del Tabaco.
Este crecimiento del 10,4% de los ingresos tributarios estatales en 2025 tiene su origen en un incremento del 11,4% en los impuestos directos (principalmente, IRPF, Impuesto sobre Sociedades, Impuesto sobre la Renta de No Residentes e impuestos medioambientales) y del 8,8% en el conjunto de impuestos indirectos, tasas y otros ingresos.
La recaudación del IRPF aumentó en un 10,1% por los ingresos de retenciones (8,7%) en 2025, mientras que los ingresos por el Impuesto sobre Sociedades crecieron un 8,1%, debido al aumento del importe de los pagos fraccionados, mientras que el Impuesto sobre la Renta de no residentes aportó 5.400 millones de euros (+33,8%) y el Impuesto sobre Margen de Intereses y Comisiones de Determinadas Entidades Financieras 1.423 millones de euros.
En los impuestos indirectos, destaca el crecimiento de la recaudación por el IVA en un 9,9% por la normalización de los tipos aplicados a los productos energéticos y a la alimentación básica. Mientras que la recaudación de los Impuestos Especiales aumentó en un 4,3% en 2025, por la recuperación completa del tipo en el Impuesto sobre la Electricidad, la subida del tipo en el Impuesto sobre Labores del Tabaco y el nuevo impuesto sobre Líquidos para Cigarrillos Electrónicos.
La presión fiscal en España se sitúa en un 37,5-38%, cercana a la media europea del 40,4%. La evolución temporal resulta especialmente significativa: en 2010, España registraba una presión fiscal del 32,1% frente al 39,0% de la media comunitaria —una brecha de 6,9 puntos porcentuales— que quince años después se ha reducido a 2,9 puntos. Sin embargo, el esfuerzo fiscal de los ciudadanos en España es muy superior.
Al mismo tiempo que el déficit público fue de 36.780 millones de euros en 2025 (la diferencia entre los ingresos y los gastos), un 2,18% del PIB, un 2,4% si sumamos los gastos de la DANA de Valencia. España registró el primer superávit primario desde 2007, es decir, la diferencia entre ingresos y gastos fue positiva en 3.534 millones de euros, si no tenemos en cuenta el coste de la deuda pública.
En definitiva, si España no tuviera deuda pública, los ingresos fiscales superarían a los gastos públicos. En términos absolutos, el saldo de deuda pública ascendió a 1.699 miles de millones de euros en diciembre de 2025 (100,8% del PIB), con una tasa de crecimiento interanual del 4,8%. De los cuales, 1.549 miles de millones de euros corresponden al Estado. El déficit público del Estado se situó en 1,9% del PIB, mientras que el de la Seguridad Social ascendió al 0,3% del PIB (la cual ha necesitado unas transferencias del Estado de 52.990 millones de euros, un 10,1% más).
Las Comunidades Autónomas empeoraron ligeramente sus balances y elevaron su déficit del 0,2% al 0,3% del PIB, mientras que las entidades locales redujeron su superávit del 0,5% al 0,3% del PIB nacional.
El gasto público en la Unión Europea aumentó desde la cifra de un 24,5% del PIB en 1973 hasta el 36,6% en 2019, mientras que el aumento en EUA pasó del 17,9% al 22,7%. Sin embargo, si una sociedad cree que el esfuerzo determina la renta, elegirá impuestos bajos. Los impuestos bajos incentivan el esfuerzo, y el esfuerzo determina la renta. Por el contrario, las izquierdas creen que es necesaria la intervención del sector público, mientras que los sistemas políticos de representación proporcional exigen que el Gobierno cuente con el apoyo de un mayor número de votantes, lo que incentiva a proveer bienes públicos que beneficien a un número grande de ciudadanos, como programas del estado del bienestar, con el consiguiente aumento del gasto público.
Este aumento no se ha distribuido de forma homogénea entre las distintas figuras tributarias. El grueso del incremento recaudatorio se concentra en la imposición sobre el trabajo, que ha aumentado en 2,2 puntos de PIB y explica prácticamente la totalidad del crecimiento de la presión fiscal.
Este incremento se ha canalizado a través del IRPF y de las cotizaciones sociales, mientras que la imposición sobre el capital ha aumentado en menor medida y la imposición sobre el consumo ha registrado incluso un descenso temporal debido a las rebajas fiscales aplicadas durante la crisis inflacionaria.
Un crecimiento de los ingresos tributarios del Estado de dos dígitos (10,4%) en 2025, supone una detracción de los ingresos de los ciudadanos y del sector privado de forma excesiva. Este crecimiento se ha concentrado en el periodo de Gobierno de Pedro Sánchez, durante el cual han aumentado en 168.166 millones de euros entre 2018 y 2024, lo que supone un incremento del 39,7%. El gasto público en España en 2024 creció 44.776 millones, un 6,58%, hasta un total de 725.001 millones de euros. Esta cifra supuso que el gasto público en 2024 alcanzó el 45,5% del PIB, una subida del 0,1 puntos respecto a 2023, en el que el gasto público fue el 45,4% del PIB.
