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Carencia de cuidados paliativos y suicido asistido

por Ángel Galindo García
1 de abril de 2026
ANGEL GALINDO
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Argumentos para una esperanza moderada

Vive Teo

“VOLTAIRE, TOCQUEVILLE Y… TORRENTE”

Se habla mucho de «cuidados paliativos» en España pero su regulación y control apenas se han puesto en práctica. Es mínimo el presupuesto que se dedica a preparar a los agentes hospitalarios para aplicar los cuidados paliativos. Aun falta mucho por crear en la sociedad una conciencia de la importancia de este tipo de cuidados tanto para personas mayores como para el personal con enfermedades irreversibles. Pero aún es mas grave el que se suele confundir cuidados paliativos con sedación.

 

Hace unos días se aplicaba la ley que regula la eutanasia en España a Noelia del Castillo, una joven de 25 años que solicitó su aplicación por la depresión profunda en la que se encontraba. El caso ha conmocionado a la opinión pública europea porque ha llegado a intervenir el Tribunal Europeo de Derechos Humanos, dado que el padre recurrió los sucesivos autos judiciales de instancias españolas que avalaban la decisión de Noelia, quien reiteradamente había solicitado que se la ayudase a morir porque no quería vivir. Esta conmoción que ha generado no puede reducirse a un simple impacto emocional, donde mostremos a partes iguales el respeto a la voluntad de un ciudadano y nuestra impotencia compasiva ante el estrepitoso fracaso de lo que se llama sistema socio-sanitario.

 

En el proceso seguido hasta la aplicación del suicidio asistido a Noelia han quedado en evidencia la parquedad y la carencia de los cuidados paliativos obligatorios y la falta de un acompañamiento integral por parte de autoridades y profesionales. De esta manera ha dejado en evidencia la inmoralidad de la ley de eutanasia española.

 

Tres reflexiones se nos exigen para evitar la resignación indolente y la desmoralización social.

 

1.- Revisar con detalle un sistema socio-sanitario que forma parte de la historia de Noelia. Recordemos que la administración pública asumió su tutela, que fue violada y que se produjo un cúmulo de circunstancias psicológicas, psiquiátricas, sociales e institucionales que no pueden pasarse por alto en este caso. No se trata de atribuir culpas sino de establecer responsabilidades, que no pueden plantearse en clave fragmentaria sino en clave de ‘atención integral’ a un ciudadano que no puede ser descuidado, desamparado y abandonado por el sistema, con independencia de su edad. El caso es una muestra de que se rompió el ‘pacto de cuidados’ que nos obliga a no dañar.

 

2.- Cuestionar la borrachera de libertarismo que acompaña a unas élites políticas y profesionales incapaces de diferenciar entre ‘autonomía moral’ y ‘arbitrariedad de los juicios’. Y hacerlo en términos de responsabilidad solidaria, es decir, dejando claro que la decisión de un adolescente sobre un aborto, un cambio de sexo o cualquier otra práctica médica no es un ejercicio de autonomía moral sino de arbitrariedad individual.

 

3.- Arremangarse para evitar que la rendija abierta sirva para precisar mejor el tratamiento de las depresiones y reconocer el valor relacional de los diagnósticos tempranos. Las depresiones mentales no irán a menos y las comunidades de apoyo no irán a más, lo que significa afrontar el reto de una sociedad amnésica, digitalizada y desvinculada que no está sobrada de comunidades de cuidado integral. No es hora de lamentarse, sino transformar la ley de eutanasia en una robusta ley de cuidados paliativos que además de evitar la pendiente resbaladiza en la que nos encontramos transforme nuestra gigantesca capacidad de compasión en principio de precaución.

 

Parecido juicio merece la ley que afecta a la sedación en los últimos momentos de la vida. Hay que afirmar que la sedación como elemento paliativo adelanta la muerte del destinatario. La falta de camas hospitalarias, el edadismo, la carencia de profesionales y trabajadores hospitalarios, los impedimentos que se proponen a la medicina privada aumenta el número de personas en lista de espera y en fallecimientos por sedación.

 

Los cuidados paliativos no son lo mismo que la sedación. En aquellos pueden permitirse el uso de fármacos proporcionalmente aplicados para evitar cierto dolor. Pero la sedación suele aplicarse en los hospitales estatales para adelantar la muerte y quitar la vida ¿puede medirse la intensidad del dolor en una persona al final de sus vidas? Conozco personas que se negaron a recibir la sedación, su cuerpo reacciono positivamente y siguen viviendo. La Sedación no siempre forma parte de los cuidados paliativos.

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