Han bastado pocas semanas de bloqueo real para que la dictadura cubana se rinda. Óscar Pérez-Oliva Fraga, sobrino nieto de Fidel Castro y viceprimer ministro, ha sido el designado para anunciar la disposición del régimen a compartir con EE.UU. su explotación de la isla. Nadie podía imaginar un final más patético del castrismo. Óscar y su primo el “Cangrejo”, también conocido como “Raulito”, ofrecen asociar a los cubanoamericanos de Miami, a esos que han llamado toda su vida “gusanos”, con la aspiración de lograr impunidad al hacerlos sus cómplices. Los herederos de Fidel no proponen cambios políticos, sociales o productivos porque son incapaces de pensar en esos términos, sólo se les ocurre asumir el “Business as usual” como su nuevo lema, igual que Delcy Eloína en Venezuela: “partir la cochina” con los yankis, dicho en venezolano. De esta guisa va la podredumbre moral y política de la revolución cubana y del chavismo en sus postrimerías.
Oscar, el “Cangrejo” y el resto de sus parientes están saliendo obligados a la palestra pública. Acostumbrados a medrar en la sombra, ya que Fidel siempre quiso ser el protagonista único, los Castro improvisan ahora un armisticio ante el bloqueo real. El padre de “Cangrejo”, militar como él y yerno de Raúl (hermano de Fidel), fue el presidente de GAESA, monopolio militar que explota el turismo de lujo, las remesas, las misiones médicas internacionales y el puerto. Al morir su padre, “Cangrejo” se quedó con parte de esas atribuciones y las convirtió en negocios multimillonarios con ramificaciones en Panamá y Venezuela, a donde vuela con regularidad en jets privados y organiza fiestas multitudinarias con celebridades y deportistas.
Los herederos de Fidel y sus cómplices demuestran ineptitud política también al evocar la Perestroika como posible solución a la situación de Cuba. La Perestroika parecía viable hace treinta años porque Occidente creía entonces que cancelando el comunismo e invirtiendo dinero a raudales se podría hacer que la democracia surgiese por generación espontánea. El experimento no pudo salir peor. Putin fue el que se hizo con el poder al final, anunció por escrito su plan de anexarse Ucrania y otros países e instauró la teocracia cleptocrática actual, la cual se desentiende tanto de Cuba como de Venezuela al tiempo que tiene en jaque a la OTAN.
La población cubana se acostumbró a obedecer a punta de violencia física durante décadas. Sin embargo, fue con violencia verbal y en una sola velada que la comunidad internacional bendijo, implícitamente, la matanza de disidentes en Cuba. Sucedió el 11 de diciembre de 1964 cuando el “Che” Guevara espetó en la ONU: “en Cuba hemos fusilado, fusilamos y seguiremos fusilando” y “eso no es asesinar, asesinar es lo que hace la DIGEPOL, la policía de la democracia venezolana”. Cuba no fue expulsada inmediatamente de la ONU y siguió participando en el concierto de las naciones civilizadas. Huber Matos, comandante de la revolución cubana, dice que fue Fidel quien metió esa frase en el discurso. También afirma que fue él quien hizo que un humanista como Ernesto Guevara se convirtiera en un “matarife”: Fidel le ordenaba, en Sierra Maestra, que matara personalmente a los prisioneros bajo su mando.
El desmontaje del castrismo avanza rápidamente en Cuba. Llamadas telefónicas, video conferencias y reuniones clandestinas entre Marco Rubio y la familia Castro van desdibujando las caras visibles del régimen. Díaz-Canel a lo que se ha dedicado estos días es a pasear a activistas extranjeros (entre ellos Pablo Iglesias, exlíder de Podemos) mientras Mariela Castro, segunda hija de Raúl, los arenga entre baile y baile en lo que parece más una despedida que otra cosa. Hospedados en hoteles cinco estrellas, los inoportunos visitantes replican los 2000 participantes del Congreso Mundial Anti-fascista que Maduro convocó en Caracas poco antes de que lo encerraran en una cárcel de Nueva York. La estrategia no les funciona y sin embargo la repiten, eso demuestra agotamiento.
Lo que menos necesita el pueblo cubano ahora es la visita de activistas. Los cubanos, sobre todo los exilados, agradecerían que los gobiernos democráticos expulsen a los policías políticos camuflados de diplomáticos de los consulados cubanos. En España hay denuncias en comisaria de acoso a refugiados: un “sabemos dónde vives” dicho al oído, con acento cubano y por alguien con aspecto de G2 puede hacer que una víctima de torturas vuelva a tener que medicarse o dudar si llevar a sus niños al colegio en Barcelona o en Madrid. La tenebrosa sombra de Fidel Castro se seguirá proyectando sobre todo el mundo democrático hasta que caigan sus herederos en Cuba. “Aquí estamos sufriendo, váyanse a hacer turismo ideológico a otra parte” es lo que les ha dicho a los activistas extranjeros de visita en Cuba la valerosa periodista cubana Yoani Sánchez en su cuenta de X, que resiste heroicamente desde su casa en un piso 14 sin ascensor en la Habana.