La noticia de Agencias decía: “68 organizaciones izquierdistas y laicistas piden la retirada de la asignatura de religión de las escuelas públicas y concertadas”.
Organizaciones tan “moderadas”, y “ecuánimes” como Comisiones Obreras, Izquierda Unida, Europa Laica, o Podemos, ven necesaria esta retirada, yo diría que les urge, pues sí le echan ganas al intento, “para fomentar la convivencia pacífica, la justicia social y la libertad de conciencia”. En la entrega de los “Goya” al gremio de la ceja, la actriz Silvia Abril, arremetió gratuita, y con incontenido odio contra la religión católica, tal vez olvidando que la mayoría de españoles que pagamos el mediocre cine español, somos católicos, mejores, o no tanto, practicantes. La cómica Abril lamenta que los jóvenes “que necesitan creer en algo se agarren a la fe cristiana”.
Ni imaginarme puedo qué hubiera dicho la señora Abril, que en festivo acto del cine español, arremete contra la Iglesia Católica, si, celebrando Misa, el sacerdote interrumpe la homilía para poner a parir a los titiriteros de Sánchez; por cierto la Iglesia no tiene ayuda oficial, pero nuestro cine sí mama de la ubre estatal, nuestro dinero, tal vez por ello sean tan lenguaraces con la religión católica, mayoritaria, pero muy acosada por nuestros gobernantes.
Ciertamente nuestra juventud desilusionada, desnortada y harta de relajo, señuelo y hedonismo, de falsas expectativas, de permisividad, falsos placeres y abusos, que a menudo terminan en visitas a psiquiatra o en sectas que los descolocan, aíslan, tiranizan e incluso abocan en no infrecuentes suicidios, reacciona y se asoma con valentía y decisión a la verdad de la fe católica que nunca defrauda, que da la auténtica libertad que nos promete Jesús: “la verdad os hará libres”. Va siendo tendencia juvenil declararse, y serlo, creyente, aumentando mogollón los adolescentes y jóvenes que dirigen cofradías, organizan actividades caritativas, participan en ONGs, piden religión en las aulas, se santiguan al comenzar actividades de riesgo o especial interés, participan en las misas y se acercan a comulgar y practican la moral católica con sus exigencias y concesiones; así son auténticamente realizados y alegres. Yo animo a esta juventud que ya llena estadios, plazas y calles para manifestar su alegría de vivir la fe, que sean valientes, que salgan del armario de la timidez, que acepten el reto y se manifiesten: “soy católico…y qué”, y tiendan la mano y colaboren a que otros les sigan. La fe, por verdadera, es contagiosa, el católico tiene que compartir y ampliar la alegría de sus convicciones. Cuántos profesionales del espectáculo, famosos, adinerados, en amor libre y pleno de éxitos mundanos…se ven insatisfechos, sufren crisis, anhedonia, depres, angustia existencial…y se dan a peligrosas adicciones o terminan en suicidio, lo que es raro y anecdótico en asociaciones católicas, religiosos o miembros de hogares cristianos cada día más realizados e interesados en su formación cristiana, formación integral.
