Discernir consiste en el arte de discurrir intelectualmente entre las sendas de lo conocido para diferenciar, entre todo ello, lo real de lo irreal. Resulta necesario el logro, a través de la práctica, de un proceso previo de purificación de la mente que elimine en ella toda impureza ideológica impuesta y la permita llegar a conclusiones liberadas de intención manipuladora exterior.
Cuando el discernimiento se dirige hacia el interior, uno puede darse cuenta de que todo lo existente no es más que la forma adoptada por el “orden” en el ejercicio de su propia manifestación. Por poner un ejemplo, los 37 billones de células del cuerpo forman cuatro tejidos, once sistemas, que se unen para conformar un individuo, parte integrante de un planeta y de un universo compuesto por sus propios sistemas, que no dejan de ser la emanación de un orden superior: del “Orden Eterno”.
El caso es que actualmente, determinados individuos pretenden imponernos lo que denominan un “nuevo orden mundial”, que no deja de ser el desorden que quieren hacernos creer que constituye su realidad. Ya ni lo ocultan, ni siquiera lo disimulan. La jefazo de Europa, la Von Der Leyen, acaba de declarar, con toda desfachatez, que “se está imponiendo la ley del más fuerte. Se abraza el nuevo orden mundial y Europa ya no puede ser la guardiana de un mundo que ha desaparecido y que no volverá. Exigimos dejar la nostalgia y el lamento en tiempos pasados”. La traducción de sus palabras supone la supresión de nuestra unión ancestral, la abolición de nuestro soporte moral, la quema en la hoguera de nuestra cuna cultural, filosófica y sagrada, pilares sobre los que se asienta el orden de los individuos que conviven actualmente bajo su dictatorial e impositiva pretensión.
En definitiva, la Verdad se oculta y su verdad se impone. Para ello, se manipula lo real y su discurso falso se convierte en lo que las mentes de los individuos a quienes esclavizan comienzan a percibir como cierto. Nos meten en guerras interesadas sólo por ellos con el fin de ocultar la verdadera guerra que están llevando a cabo de tapadillo: la destrucción del ser humano, su conversión en esclavo y la aniquilación del individuo. Se trata de un conjunto de tácticas para subvertir el libre albedrío, controlando comportamiento, emociones y decisiones de sus súbditos, a quienes denomina representados democráticamente, para el beneficio, únicamente, del manipulador.
Esta distorsión de la realidad la llevan a cabo a través de un plan de guerra ideológico. La fórmula más grosera y evidente de llevarlo a cabo se realiza a través de la manipulación de la noticia, de la información, del cuestionamiento, del castigo a quien se opone a su discurso y de la prohibición del ejercicio de la libertad de opinión y de prensa. En este nuevo “orden mundial” el nombre de Pedro pasa a representar, en lugar de al portero del cielo, a quien nos abre las puertas del infierno. Cambian el lenguaje que, no lo olvidemos, es el cimiento de los conceptos y, al “odio”, lo pasan a denominar “hodio” como excusa para erradicar la libertad de expresión. Cierran las redes sociales que cuentan lo más cercano a la verdad. Esto supone un asalto a la legalidad, ya que para ello, utilizan una forma inhábil para legislarlo, el decreto y eluden la norma pre-existe a tal fin, un Código Penal que condena a quien emite odio, vierte injurias, ataca al honor siembra un discurso falso que altera el “orden jurídico”.
El principio de representación democrática impuesto, es falso; el orden social al que nos quieren llevar, es caótico; la libertad que dicen que hemos adquirido, es inexistente; la evolución que nos cuentan estamos transitando, es involutiva; el discurso de su actuación en nuestro bien, no es más que el velo que tapa su propia venta y servicio a los magnates que los hacen millonarios. Ellos sólo quieren disfrutar de ese deseo insaciable de poder emanado de ser poseedores de la capacidad de decidir la declaración de una guerra, de dictar normas ilegales y restrictivas de derechos, de imponer el modo de vida a sus “¿representados?”. No olvidemos que la guerra la pagamos nosotros, con nuestro dinero y nuestra vida, mientras ellos se forran con los impuestos indirectos derivados de la subida de precios y la venta de las armas que fabrican. Existe otro orden, el “orden jurídico internacional”, que para ellos está de exposición, jamás lo cumplen.
Revisten, con la ropa aparente de lo cierto, la esencia de la realidad de la noticia. De este modo, tapan el pacto secreto real que sustentó la transición democrática; descatalogan “algunos” archivos secretos en el momento que les interesa para ocultar la esencia del 23 F; hacen que se pierdan pruebas, colocan mochilas falsas, desaparecen testigos, para lograr la condena del terrorista ejecutor y ocultar la cabeza pensante que elaboró el plan del atentado más terrible ocurrido en la historia de Europa: el 11 M; crean un sistema electoral que parce justo, equitativo, infalible, limpio e inalterable, para pagar el acuerdo de los disidentes con la prebenda del reparto desigual del voto. Mientras, preparan un campo para abonarlo con sus trampas, sembrar las semillas de sus fraudes y recoger las mieses del resultado por ellos deseado. La última, por si no fuera suficiente, el DNI digital, tan fácil de falsear. Así podríamos continuar rellenando artículos exponiendo una relación inacabable de ejemplos de su manipuladora ejecución de la representatividad que les hemos concedido a través de un sistema bautizado en el nombre de democracia, falso, que naufraga a la deriva de las olas de sus deseos.
Nunca sabremos la verdad completa de los acontecimientos. No obstante, ciertos medios y un tipo de periodismo serio, comprometido y de investigación (que es el que quieren anular con la trampa del “hodio”), nos muestran un atisbo de ella. Todo es una verdad a medias y por lo tanto, todo es mentira.
El “nuevo orden mundial” es un velo tejido por las huestes del mal que pretenden subyugarnos con la intención de ocultar el “Orden Eterno”. Éste, como su propio nombre indica, resulta indestructible, goza de inmortalidad y perpetuidad.
La misión del ser humano en la tierra consiste en afinarse con dicho “Orden Eterno” al cual pertenece como sistema del que no está separado. Ahí reside su esencia como individuo, que no es otra más que haber adoptado la forma de persona para llevar a cabo la función de la verdad absoluta contenida en Él. Este reconocimiento conduce al individuo a la pérdida del miedo y a la recuperación de su poder. Quizá la misión comience por el ejercicio de la acción personal asentado en la veracidad. Observo que esta cualidad está desapareciendo en nuestra sociedad, a la que están contagiando con la enfermedad de la mentira.
