Estoy seguro que la gran mayoría de los ciudadanos que vivimos en Segovia no conocen, algunos incluso ni han oído hablar de ese espacio tan grato y tan cercano a la ciudad que lleva el nombre de El Pinarillo.
Es un recinto muy agradable, sobre todo para primavera, y otoño, a un paso de la llamada Cuesta de los Hoyos, en estos momentos tan cuestionada por la pretendida cobertura de sus adoquines con asfalto, con la intención de asegurar el paso por ella, dado que sigue expuesta a recibir desprendimientos de las zonas de cuevas de El Pinarillo, provocados por las vibraciones de los automóviles.
Todo lo largo del recinto poblado de pinos cuenta también con muchas hondonadas que se suponen, asimismo, cuevas que, en tiempos, serían utilizadas también como enterramientos, aunque los sarcófagos antropomorfos están situados abajo, el llamado cementerio judío, junto a la carretera, donde es más fácil su conocimiento dado que está señalizado y protegido. Se accede a ellos desde el mismo Pinar o desde la carretera, incluso subiendo desde el valle del cubierto Clamores, al que se puede descender, desde la puerta de San Andrés, por una bajada llamada La Hontanilla.
El Pinarillo tiene dos partes, separadas por una vaguada para aliviar agua en tiempos de lluvia, y junto a ella existe, una vista panorámica que incluye gran parte de la ciudad con el Alcázar, la Casa de la Química, la Catedral, las iglesias de San Andrés y San Esteban.
Desde lo alto del Pinarillo se ve a mitad del camino del Clamores una gran roca que de pequeños llamábamos “El submarino” por su forma.
Desde aquí, un camino bien arreglado nos deja junto a la Alameda de La Fuencisla, y antes hacemos parada en el “Mirador del Último Pino”, con otra magnífica y muy fotografiable perspectiva del Alcázar y La Catedral. Desde aquí descendemos a un puente de madera que salva el río Eresma a la derecha para dejar accesible el paso al camino de la Alameda y al que lleva, por detrás de la Iglesia de San Marcos en dirección a la Casa de la Moneda, espacios de gran belleza y muy poblados de árboles.
Si seguimos de frente, acabamos en un arco que mirando hacia la antigua carretera de Valladolid tiene una imagen de Fernando III, llamado “El Santo”. Al lado contrario, mirando al santuario hay un relieve de la Virgen,
Recuerdo que en nuestra niñez nos llevaban los domingos a la familia a comer paella para la que los padres sacaban buenos cangrejos del río, en unos terrenos que llamábamos “Nido de la Cigüeña”. El traslado era en una carreta tirada por caballos cuyo conductor creo que era apodado “Canijas”, y que nos decía a los chicos: “Agachad la cabeza por si el Rey tira la bola” y nosotros pasábamos el arco con la cabeza agachada.
