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D. Antonio Palenzuela y La Fuencisla

por Antonio Ramos
24 de febrero de 2026
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Rufián (como su propio nombre indica)

Política y astronomía

IES Mariano Quintanilla

La presencia de D. Antonio Palenzuela, obispo de Segovia entre los años 1970 a 1995 sigue viva. No sólo en el recuerdo de tantos segovianos que le conocieron, trataron y que aún hoy, transcurridos veintitrés años de su fallecimiento, siguen hablando de su sencillez y bonhomía, sino que, recientemente, con motivo del homenaje anual que se realiza en su memoria cada 22 de febrero, sus sobrinos han querido perpetuar su unión con la diócesis regalando a la patrona de Segovia y su tierra, Nuestra Señora de la Fuencisla, las cruces pectorales que portó D. Antonio en su pecho tantos años y con las que visitó las parroquias y pueblos de Segovia. Se trata de un gesto de cariño y devoción que perpetuará en el tiempo esa vinculación que tuvo Monseñor Palenzuela con La Fuencisla. Un pectoral que ahora llevará la Divina Pastora de las almas y que antes portó un pastor sencillo y humilde, que puso su saber al servicio de la gente y enseguida captó el amor que tenían por la Fuente que mana vida y dulzura. Su episcopado lo inició consagrando su servicio a la Virgen de la Fuencisla. Desde el principio, las referencias a la Madre común en sus predicaciones fueron constantes y no era raro verlo pasear por el entorno del santuario con el rosario entre sus manos.

Quedan ya muy lejanos los años en que la novena en honor de La Fuencisla se celebraba en su santuario. Pero, aún somos muchos los que recordamos las caminatas matutinas desde la ciudad al santuario para participar en los cultos. Ríos de gente, agrupados con vecinos y amigos, casi en romería, que bajábamos para rezar allí la novena y participar en la misa. Esto fue así hasta el año 1969, que, con motivo de unas obras de restauración en la cubierta del santuario, la imagen de la Virgen se trasladó hasta la S.I. Catedral, por lo que los cultos propios de la novena y fiesta se celebraron en el primer templo segoviano. Las obras duraron dos años, y en este tiempo fue tal la afluencia de gente que asistió a la novena y al resto de actos organizados que, D. Antonio, impresionado por la devoción y el fervor mariano mostrado por los segovianos decidió que se siguiera celebrando allí la novena en los años venideros. Lo cual, como se ha visto con el tiempo, ha sido un gran acierto. El primer templo de la ciudad acoge al gran número de segovianos que asisten a las novenas matutinas, vespertinas y demás actos devocionales que se celebran con un esplendor inusitado. En esos cultos de la tarde, viendo una ocasión única de evangelización, la Real Cofradía de la Fuencisla, empezó a invitar a predicar el novenario a grandes figuras eclesiales del momento; como no podía ser otra manera, D. Antonio predicó varios años, recordando especialmente la última que hizo en el año 1994 sabiendo que, unos meses más tarde, el Papa aceptaría la renuncia que había presentado ese mismo año, al cumplir los 75 años de edad.

Nuestra Señora de la Fuencisla. Foto: Héctor Criado.
Nuestra Señora de la Fuencisla. Foto: Héctor Criado.

Sin ninguna duda, el hito más importante en el episcopado de D. Antonio Palenzuela en Segovia fue lograr que el Papa Juan Pablo II visitara nuestra ciudad en el primer viaje apostólico a España, la memorable tarde del 4 de noviembre de 1982. Ese día, a los pies del Acueducto y acompañado por miles de fieles, D. Antonio en su discurso de bienvenida, hizo una referencia expresa a la Virgen de la Fuencisla, junto a las advocaciones marianas más señaladas de la provincia como el Henar, Hornuez o la Soterraña. Al finalizar la visita que realizó al sepulcro de san Juan de la Cruz, hacia las siete de la tarde, cuando ya se dirigía al helipuerto para regresar a Madrid, bastó que D. Antonio le indicara al Papa que pasaban por delante del santuario de La Fuencisla para que Juan Pablo II mandara detener el papamóvil y entrara unos minutos a saludar a la Virgen de la Fuencisla, rezando un momento a los pies de su imagen y firmar en el libro de honor del santuario, quedando este acontecimiento histórico recogido para siempre en los anales del santuario y de la ciudad. Una lápida de piedra en el interior del santuario recuerda esta visita, así como una serie de fotografías en el museo de la Virgen, situado encima de la sacristía.

Estos obsequios entregados por la familia de D. Antonio Palenzuela a la Virgen, siguen una línea no oficial de regalos episcopales a nuestra patrona. Han sido varios los obispos que en el siglo XX y XXI han regalado sus cruces pectorales como un homenaje personal de cariño y amor a La Fuencisla. En el año 1900 el obispo D. José R. Quesada y Gascó la regaló una cruz pectoral de oro y su anillo episcopal y en 1916, año de la coronación canónica de la Virgen de la Fuencisla, el obispo Remigio Gandásegui le entregó, con ocasión de esta celebración, una cruz de oro, rubíes, diamantes y perlas. También ha recibido otras insignias episcopales como anillos y báculos; Monseñor Luciano Pérez Platero en el año 1945, antes de ser trasladado a la sede arzobispal de Burgos le entregó un báculo de plata. Más recientemente, concretamente en el año 2008, al término de la procesión oficial y a los pies del acueducto D. Ángel Rubio Castro puso su episcopado al servicio de la Virgen entregándola como gesto tangible de este hecho, el báculo que portaba y que, hasta la fecha, puede verse en el camarín de la Virgen, proclamándola como la “Divina Pastora de Segovia”. Una vez aceptada su renuncia como obispo de Segovia, vino a los pies de Fuencisla y la regaló la cruz con la que fue ordenado obispo. Tras el fallecimiento de D. Luís Gutiérrez Martín C.M.F., en el año 2016, su familia entregó al santuario un pectoral personal del que fuera prelado de la diócesis entre los años 1995 y 2007. Y el pasado año, pocos días antes de su jubilación, Monseñor César Franco, siguió con la tradición y realizó el mismo gesto imponiendo a la imagen de la Virgen una preciosa cruz de plata y azabache.

Antonio Palenzuela hacía el año 1950.
Antonio Palenzuela hacía el año 1950.

Cada vez que la imagen ha recibido estas pequeñas joyas, la Cofradía, con gran acierto, las ha impuesto sobre la talla durante la novena y fiesta en honor de la Virgen. Así ocurrirá también este año con la cruz pectoral de D. Antonio Palenzuela, cuando la Virgen de la Fuencisla vuelva a subir procesionalmente a la Catedral, en el mes de septiembre, para recibir el homenaje de piedad y cariño de sus devotos hijos segovianos. Allí volverá a estar presente el recuerdo de D. Antonio Palenzuela, un obispo sencillo, humilde y devoto de María Santísima en su advocación de La Fuencisla.

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