… De la primavera. Mi corazón, nuestro corazón, espera. Porque esa fábrica nunca descansa. ¡Los árboles! Apenas tiraron la hoja aparecían brotes certificando el renuevo. Hoy, después del frío, de la nieve, de tanta lluvia, apenas asoman la cabeza las flores del almendro a las puntas de las ramas. Motitas blancas en el gris. A poco que mengüe el invierno, que florezca el sol, los cielos, los suelos, se alfombrarán de pétalos blancos. Todavía quedan almendrucos renegridos colgando, pertinaces frente al viento de las borrascas, como si se empeñaran en negar que la primavera viene empujando. Por El Pinarillo, por El Terminillo volverá otra nieve, ayuna de sales y resbalones, blanca, rosada, perfumada.
Este invierno triste de descarrilamientos, vendavales e inundaciones se irá y en la página en blanco de los campos de almendros nos gustará escribir propósitos alegres en contra de la verdad inexorable, esa mezcla de ratos buenos y malos. Y yo me iré… Repetío que es uno. Pero es tan cierto Juan Ramón.
De momento un rayito de sol suena a consuelo, casi a venganza de los grises, de las pardas sementeras, que parece que no se cansan. Ay anticiclón. Si te quedas en las Azores nos recetas heladas interminables, por mucho que maduren las berzas. Si te bajas de paralelo nos atosigas de lluvia y hasta los labradores lloran sin poder entrar a sembrar nuestro alimento.

Venga, febrerillo, dónde tu locura y el perro que busca la sombra. Que se acaba tu oportunidad. Suelta los haces de isobaras que estamos hasta el gorro de airones y hasta los árboles más resistentes se doblegan a su paso. Me estás poniendo a prueba a los heroicos carnavaleros, que no hacen más que meterse abrigos debajo de sus disfraces. Templa un poco. No sé si me resigna que estemos a mediados.
Para en adelante tenemos tarea de sobra: segar la hierba, limpiar los cauces, desatascar los imbornales. No será porque no estemos advertidos y escaldados de olvidos pasados. O el fuego y las avenidas volverán a cobrarse el recibo de nuestra molicie. ¿Que no te caliente la cabeza? Es lo que tiene echarle hilo a la cometa.
Entonces, compañeros, peregrinos, podremos acudir a las aladas almas de las rosas del almendro de nata, maestro Miguel, para hablar o callar.
Ojo al parche: aquí, por estos lares, nada de confianzas. Tras el desfile de sus flores todavía quedará invierno.
