Se levanta temprano, con buen ánimo, da un beso a la virgencita que tiene sobre su mesilla y le dice “gracias”. Siente que es escuchada.
Cada día va contenta a su trabajo. Algunas veces coincido con ella en el viaje. El trayecto es largo, tren-ave, metro…, y, según la entendí el último tramo lo hacía en moto. Toda una aventura que realiza diariamente, está acostumbrada. Quiero suponer que la moto no la conduce ella, más bien irá de paquete, aunque bien pensado y viendo su resolución, hasta podría ser ella misma la que manejara ¿quién dice que no?
Cuando tengo la suerte de encontrarme con Marta me alegro, hacemos idéntico recorrido hasta llegar a la estación de Chamartín, allí nuestros caminos se separan. Es para mí una auténtica delicia observarla, todo me gusta de ella, su actitud, su porte, (he dicho su porte, sí) su energía, su simpatía, su seguridad…Desde lejos ya sé que es ella, Marta, única, la reconocería entre miles de personas por su melena marrón y cuadrada, por sus gestos, sus gafas, sus andares, por su voz.
Es pizpireta y sociable como la que más. Busca la ocasión para dirigirse amablemente a cualquier persona que le cae en gracia. Una vez acomodada en su asiento, saca varias veces su móvil y le dice algo, como si hablara con él, tal vez pide alguna información a internet. A continuación, revisa su monedero y lo vuelve a guardar.
Siempre va al baño, es su ritual, se lleva su pequeño neceser, creo que para atusarse el pelo en un gesto de máxima coquetería. Cuando vuelve pregunta la hora, invariablemente, a pesar de que luce reloj en la muñeca, y si viene a cuento pide a alguien que le ayude a lo que sea, da igual el motivo, el caso es socializar.
Su saber estar, su elegancia y su educación no pasan desapercibidos; hoy, sin ir más lejos, ha pedido a una señora que, por favor, le colocara bien la correa de la bandolera, le molesta que esté retorcida, “es que no me gusta nada”.
En todo momento tiene el por favor y las gracias en su boca, deben ser las palabras favoritas de su vocabulario. Así de agradecida es ella.
Me tiene enamorada, hago por verla y observarla, aprendo mucho de su buena actitud.
Marta es una persona empoderada, su discapacidad no le impide hacer muchas de las cosas que quiere hacer. En su cara con signos de Down se refleja felicidad.
Hoy he vuelto a coincidir con Marta justamente al llegar a Madrid en el Ave. Ha cambiado de look, ya no luce la melenita cuadrada que tanto me gustaba, aunque tengo que reconocer que está aún más guapa con este corte de pelo más moderno y fresquito, le vendrá muy bien para mitigar este tórrido calor veraniego.
Además de su pelo me ha sorprendido lo bien vestida que iba, sencilla y estupenda, en su justo término.
Me he quedado con ganas de decirle algo, por ejemplo que si iba a trabajar, cosa evidente, hubiera sido por trabar alguna palabra con ella, sé que lo agradece, es muy vivaracha y dicharachera, agradable. Mi incapacidad mental me lo debe haber impedido.
He decidido dejarlo para otra ocasión, hoy hubiera sido muy precipitado, me esperaba el hospital y para más inri iba con el tiempo justo.
Me ha encantado verla de nuevo. Pienso mucho en ella, en su delicadeza y en el aura de felicidad que desprende su comportamiento.
Si alguna vez no coincidimos, la echo de menos, se puede decir que su sola presencia es un disfrute para mí. Tengo mucho que aprender de ella, me he encaprichado de su persona, creo que la tengo un poco idealizada, no puedo evitarlo, siento que me aporta, para mí tiene una vis atractiva que me hace ir hacia ella, tiene algo que le hace ser única ante mis ojos y ante mi corazón.
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Mª Paz Plaza Santamaría