Durante las últimas semanas se ha creado un enfrentamiento contra el empresariado. En las palabras de algunos gobernantes nacionales, iniciadores del enfrentamiento, se deduce que identifican empresario con propietario de una empresa. Sin embargo, en la economía moderna esto no es así: por ejemplo, seguramente que la señora ministra tiene ‘acciones’ u ‘obligaciones’ en alguna empresa directamente o a través de un banco. Si es así, ella es una empresaria (directa o indirecta) y como tal, siguiendo su falaz discurso, debería pagar más a los trabajadores.
Por otra parte, hoy el empresario es el auténtico intermediario entre el consumidor y la producción. El empresario no se identifica hoy con el propietario ni con el capitalista. El empresario hoy es un gestor o un líder de una empresa. Por ejemplo, el rector de una universidad es un empresario/gestor pero no es el propietario. Incluso los obreros de una empresa pueden ser a la vez propietarios si tienen acciones en ella.
El empresario valora las necesidades del consumidor y a la vez reúne y dispone los elementos de producción (trabajo, máquinas, capital, materias primas) para que produzcan el rendimiento deseado de acuerdo con los presupuestos y proyectos. Su labor principal es la de la previsión. Él ha de prever la evolución de su producción y adivinar la orientación futura de consumo. Esta obligación es más difícil de regular en el caso del “empresario indirecto”. El empresario indirecto es aquel que invierte directamente o a través de un banco en otras empresas mediante acciones u obligaciones.
Hoy, el empresario es considerado como un gestor, cuyas cualidades pueden resumirse en las siguientes: ha de ser guía de bienestar, progreso y superación humana; ejercerá su autoridad inspirado por un decidido espíritu de servicio con autoridad competente; ha de observar una conducta moral en su vida personal y en su trabajo; debe proceder siempre con espíritu de justicia y de caridad; ha de luchar por la plena realización y formación de los trabajadores; ha de erradicar la corrupción en su relación con los proveedores y competidores; ha de procurar que su empresa ayude a obras educativas y cívicas; ha de crear condiciones que hagan posible la construcción de una sociedad más justa, más libre y más humana.
A la situación de bienestar actual se ha llegado en parte a través de un sistema de producción llamado empresa. Por eso, es obligado recordar las funciones más significativas de la empresa: Esta se ha de relacionar a la vez con las personas y con la sociedad en conexión con la comunidad de trabajadores y con la comunidad más general en la que vive el capital humano.
En segundo lugar, en este nivel, la empresa ha de cumplir la función de vertebrar la sociedad natural de la persona, aumentar la solidaridad, acrecentar el sentido de responsabilidad social, ensanchar la experiencia personal por el contacto con personas de la misma situación, servir como barrera ante las situaciones monopolísticas de intereses privados o públicos. Hoy, ésta función tiene unas dimensiones universales donde el “empresario indirecto” juega un papel primordial.
En tercer lugar, se encuentran algunos principios que señalan el horizonte de la ética del buen empresario: Se trata de situar la empresa en la interdependencia entre persona y sociedad, la promoción del bien común, el respeto a la persona, el respeto a los adversarios, la llamada a la responsabilidad y a la participación, la superación del individualismo y la potenciación de la solidaridad humana.
El empresario o gestor tiene en cuenta que los hombres constituyen el patrimonio más valioso de la empresa; la finalidad de la empresa no es simplemente la producción de beneficios sino más bien la existencia misma de la empresa como comunidad de hombres. En definitiva, se trata de presentar una sociedad basada “en el trabajo libre, en la empresa y en la participación”.
Señora ministra, usted es empresaria/gestora de la mayor empresa capitalista de España como es el Estado con el gravamen de que usted domina a los sindicatos para tener sometidos a los obreros. Su lenguaje pertenece a una época antigua en la que la lucha obrera se situaba en una economía donde el empresario era el propietario. Hoy esto no suele ser así. Por todo esto, su crítica al empresariado se vuelve contra usted.
