En una soleada y cálida mañana de comienzos de octubre, el arquitecto técnico Gonzalo Mateos recorre despacio el adarve y la azotea de la torre del homenaje del castillo de Montealegre (Valladolid), a una altura de 20 metros por encima de la meseta castellana. Preciso y minucioso como un cirujano, comprueba cada tramo de barandilla, la tensión de los cables de seguridad, el estado del centenario suelo de piedra o de las dentadas almenas.
Su trabajo es buscar deficiencias, detalles que, si se pasan por alto, podrían convertirse en el origen de futuros problemas. Una mancha de humedad, una grieta que no debería estar ahí, un desagüe que no traga bien… Satisfecho con la inspección, solo apunta una entrada en su informe para el Ayuntamiento de Montealegre. La madera de los pasamanos, maltratada por los rigores de un clima tan extremo como el del campo vallisoletano, necesita un par de manos de aceite de teca, tal y como se recomienda en el manual de uso y mantenimiento que la Fundación del Patrimonio Histórico (FPH) de Castilla y León entregó al Consistorio tras las obras de restauración del castillo, finalizadas en marzo de 2007 tras una inversión de 850.000 euros.
Mateos trabaja para la fundación y uno de sus cometidos es, precisamente, visitar los bienes inmuebles restaurados por ésta dentro de un programa de mantenimiento y conservación que se puso en marcha hace casi una década, en 2004, y que en la actualidad se extiende a más de medio centenar de monumentos. Como parte de esta iniciativa, la FPH ha entregado hasta la fecha 55 manuales de prescripciones y consejos y realizado 165 visitas.
El programa se plantea como una forma de «ir más allá de la restauración al uso» y de «aconsejar y ayudar» al usuario del bien restaurado para que se convenza de que «un gasto mínimo en mantenimiento es mucho menor que acometer otra restauración a medio plazo».
Aunque cada monumento requiera unos cuidados particulares, en función del tipo de arquitectura y de los materiales utilizados, el técnico recuerda que siempre hay ciertos elementos a los que hay que prestar atención, especialmente «las cubiertas», cuyo «buen estado» es fundamental para evitar «filtraciones o goteras» que podrían provocar «daños difíciles de solucionar».
Otro de esos elementos que Gonzalo Mateos jamás pasa por alto en sus inspecciones es el estado de paredes maestras y bóvedas. En el castillo, construido en el siglo XIV y jamás tomado por las armas, la fundación restauró una de estas últimas, situada en la planta baja de la torre del homenaje, que presentaba una grieta que «se cosió». El tiempo la ha tratado bien y la intervención se mantiene en perfecto estado de revista, tal y como apunta el arquitecto en su libreta.
Tras cada visita, el técnico redacta un informe para el usuario del edificio en el que se especifican las deficiencias detectadas y sus posibles soluciones. Asimismo, se le recuerda que «del buen uso y del cumplimiento de las operaciones de mantenimiento depende el ritmo de envejecimiento y deterioro del edificio restaurado».
Al margen de estas consideraciones, el arquitecto técnico de la FPH destacó que en la buena conservación de un edificio restaurado también influye de manera determinante si se le da un uso cotidiano o si permanece vacío y sin funciones. La primera opción siempre es más beneficiosa, tal y como asegura Mateos in situ en el castillo de Montealegre, abierto a las visitas de abril a octubre y dotado con un centro de interpretación sobre la historia de la fortaleza y del linaje a la que perteneció, los Meneses, una familia nobiliaria castellana.
El castillo se construyó para la defensa de las propiedades territoriales de la familia Meneses, ante los problemas dinásticos y los enfrentamientos señoriales del siglo XIII. Se sitúa al límite de la Tierra de Campos, una comarca que cuenta con otras fortalezas de importancia, como las de Ampudia, Villalba de los Alcores, Torremormojón, Belmonte y Meneses.
Como paso previo y fundamental a la instalación de su centro didáctico, la fundación -constituida en 1997 e integrada por Caja España-Duero, Caja de Burgos, Cajacírculo, Caja Segovia, Caja de Ávila y la Junta- rehabilitó la torre del homenaje, de planta pentagonal, sus accesos y los adarves del edificio, para que se pudieran visitar con seguridad y se comprendiera su función y su historia.
El centro, instalado dentro de la gran torre del homenaje, dispone de recursos audiovisuales, maquetas, paneles informativos y señalización para que el visitante se haga una idea real del pasado del lugar mientras contempla los diferentes espacios en los que se divide el edificio y los paisajes de un pueblo, Montealegre, cuyos orígenes se remontan al neolítico.
