Vivimos en la cultura de la inmediatez. A golpe de clic disponemos de información y tecnología que mide hasta el último movimiento. Hace poco finalicé un curso de alto rendimiento digital y gestión con contenidos que me proporcionan competencias en innovación y tecnología en el ecosistema deportivo, paralelamente he terminado un curso de Inteligencia Artificial aplicada al puesto de trabajo y en ambos proyectos identifico un mundo de oportunidades que envuelve ya todos los sectores y también a los deportistas.
Hoy los deportistas tienen a su alcance recursos impensables hace años: vídeos, rutinas, experiencias, datos, estadísticas, asesoramiento en tiempo real. Son privilegiados pero, entre tanto algoritmo, hay algo que no se puede programar: la actitud, el esfuerzo y el trabajo diario. Antes, el entrenamiento no se descargaba, se aprendía. No había relojes inteligentes, ni tutoriales en pantalla. No había grupos de whatsapp. Había entrenadores que enseñaban con la mirada, compañeros que alentaban desde el cansancio y una voluntad que se forjaba con barro, frío y madrugones. No sabíamos de big data, pero entendíamos que la mejora se mide en sudor y constancia.
El verdadero camino del deportista no está en los resultados inmediatos, sino en la experiencia en cada error, en cada intento, en cada obstáculo superado. Lo que aprendemos en el proceso es lo que nos construye como deportistas porque ser campeón no es ganar una vez; es tener la disciplina de volver a intentarlo.
Quienes hicimos deporte cuando todo era analógico sabemos que no había atajos. Había caminos. Y esos caminos, con sus tropiezos y sus recompensas, fueron los que nos formaron. Quizá la pregunta, al final, no sea cuántos triunfos acumulamos, sino si, pudiendo volver atrás, recorreríamos de nuevo el mismo camino.
La respuesta, para muchos de nosotros, es sencilla: sí. Porque ese camino, con sus piedras y retos, nos enseñó mucho más que a competir. Nos enseñó a vivir. Esta semana disfruté junto a mi hija de la Experiencia FID desde el camino que Tamara Lamarca, Fernando Sanz y Raúl Entrerríos compartieron con nosotros. Deportistas analógicos que dejan huella.
