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Memoria

por Redacción
28 de mayo de 2011
Carlos de Paz. Disparos

Carlos de Paz. Disparos

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Las Salas de las Caballerizas del Torreón de Lozoya acogen hasta el próximo 29 de mayo la última exposición de Carlos de Paz, que ha titulado Memoria, en la que ha querido rendir homenaje a su madre, recientemente fallecida. Carlos de Paz, que ha protagonizado en los últimos años varias exposiciones individuales en distintas galerías segovianas, como La Casa del Siglo XV o Claustro, es la primera vez que expone individualmente en la sala de Caja Segovia. Se trata de una colección de 43 obras, en su mayor parte pintadas en los últimos años, aunque hay algunas que fueron iniciadas hace tiempo y no han estado concluidas hasta los últimos meses. Aunque la obra de Carlos de Paz también se desarrolla en la escultura y en torno a los objetos, en esta exposición se ha centrado exclusivamente en la obra pictórica. Es en la pintura donde se encuentra con más fuerza y soltura, con más energía y coherencia.

La pintura es femenina, no solo trata lo femenino. La memoria, también femenina, centra el tema de la obra de Carlos de Paz. Pintura que exorciza, que libera, que duplica y desvela, que refleja y conmueve. Pintura que dispara con balas de colores («Disparos», 2011), ajuste de cuentas con la memoria, última sala, exorcismo radical.

La exposición, muy variada e impactante, se integra en varias series como un grupo de obras en las que predomina la figura, otras con dianas de metacrilato pintadas, pintaras rayadas y una cuarta, que ha llamado Flores para mi madre». En sus obras se sigue provocando una marcada tensión entre el fondo y la forma, coexistiendo figuras reales o imaginadas, con un alto simbolismo que nos inquietan y embaucan. La serie «Ella» (2007) son callages violentos, memoria encarcelada, emociones en cuadrículas. El personaje femenino sin rostro, mera silueta, se distancia.

Cada obra es como un gran orgánico con una superficie como piel que atrae y seduce pero que nos remite a un trasfondo ambiguo y complejo a veces visible, otras tan solo accesible por intuición. La obra de Carlos de Paz atrae por su poder cromático y por su enigma a medio desvelar. «Si valiera una lágrima» (2011), todo el esfuerzo creativo lograría el sentido, quiere decirnos con su obra Carlos de Paz.

Pintura dialéctica desde los años iniciales, que se metamorfosea en piedra, pulida o veteada, que juega a confundirse con el fondo que la sostiene, lo que deriva en una extrema tensión entre manchas y líneas, entre mensaje poético y apariencia gráfica, entre soporte rígido y misterio liviano, entre coherencia gestual y memoria que perturba. Temas que serán esenciales a lo largo de su carrera.

La obra de Carlos de Paz nos propone una amplia iconografía, antes ángeles, mariposas, elementos cosmogónicos y siempre el personaje femenino. Seres, fetiches, signos, que sólo funcionan en el plano conceptual, porque en lo formal, las manchas son más poderosas que los personajes, que al entornar los ojos se convierten en manchas que viven, que vibran., que palpitan. Provocando tormentas silenciosas («Tormenta I y II», 2003-2011), pero no por ello menos intensas y dramáticas. De nuevo el diálogo imposible, inevitable con el símbolo femenino, que fetichiza la figura. Puro grafismo que baila, mancha violácea que explosiona. Pincel que busca, que duda, que huye. Tormenta de emociones y de memorias rotas.

Todo ello en contraposición a la pintura rayada, de elaboración lenta y preciosista. «Estoy rallado», comenta irónico el pintor, señalando esa precisión de color que arrastra desde lo más alto del lienzo hasta el final de cada tela. Pentagrama para notas de colores, líneas para escribir en vertical, veladuras vibracionistas, tramas de memorias complementarias, teatro deshilado. «Condenándome así al infierno de la esperanza I y II» (2003 – 2009). Cuánto tiempo para desvelar la memoria opaca.

Pintura intensa, exigente, explosiva. Urgía que se manifestara, después de años sin exponer.

La pintura de Carlos de Paz ha encontrado un remedo kafkiano en «Cartas a mi madre» (2011), para ajustar el color a la memoria, para componer los fragmentos de la vida en flores, «Flores para mi madre» (2011). En un clima de incertidumbre y desasosiego la pintura, actitud gestual y dramática, asume una tarea de ausencia viva, como la memoria de la madre, redondeando el color, dando equilibrio a la composición.

EL ARTISTA

Licenciado en Bellas Artes por la Universidad de Salamanca, Carlos de Paz (Valladolid, 1964) es actualmente uno de los artistas vinculados a Segovia, vive y trabaja en Torrecaballeros, con mayor proyección fuera de nuestras fronteras. En 1987 participó en una colectiva abierta en el Círculo de Bellas Artes de Madrid, y a partir de este inicio su obra aparece en exposiciones y certámenes. Siempre se ha esforzado desde las etapas iniciales en seguir los ritmos creativos más actuales, proponiendo a la vez una obra plástica y una reflexión estética muy arriesgada y coherente.

Su trayectoria expositiva comenzó muy pronto, con diversas colectivas en el año 1987 (Círculo de Bellas Artes de Madrid, Galería la Cúpula, Premio L´Oreal y Sala Amadís) y sus primeras individuales dos años más tarde (Galería Evelio Gayubo de Valladolid y Galería Zú de Lugo). Con una intensa actividad a lo largo de la década de los noventa, expone su obra en muestras individuales y colectivas en Taiwan (1990), Salamanca (2004, 2008), Caracas (1999, 2002), Washington, Palma de Mallorca (1991), Madrid (incluyéndose su presencia en varias ediciones de ARCO), Valladolid (1989, 1992, 1994, 2002), México (1997) , Pontevedra (1997), Oporto (1993), León (1995), Chicago (200, 2002, 2004), San José de Costa Rica (2001, 2009), Barcelona (1997), París (1998), Granada (1999)… y Segovia, donde celebra varias exposiciones a lo largo de la década en la Casa del Siglo XV (1995, 1999). Con el nuevo siglo llegan también nuevas e importantes muestras como la exposición itinerante del programa Constelación Arte de la Junta de Castilla y León, que pudo verse en el Museo Zuloaga de Segovia. Participa en la feria Art Basel Miami Beach, realiza varias retrospectivas en la Galería Jacob Karpio en San José de Costa Rica (2002, 2006, 2009) y una nueva exposición celebrada a principios de 2010 en la Karpio-Solomon Projects en Los Ángeles (California).

Ha participado en una larga y exitosa lista de exposiciones colectivas desde 1990 en Basilea (Suiza), a Guadalajara (México) en 1995, en varias galerías y ferias internacionales en Chicago (USA) en 1997, 1998, 2000 y en Miami (USA) en 2005, 2006 y 2009.

Ha recibido becas, como la del Ministerio de Cultura en 1987, y premios en Alicante, Alcalá de Henares (Madrid), Palencia (Premio Díaz Caneja) o Madrid (Fundación Nicomedes García).

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Edición digital del periódico decano de la prensa de Segovia, fundado en 1901 por Rufino Cano de Rueda

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