Aunque nacida en Madrid, la nueva delegada del Gobierno en la comunidad autónoma vecina se siente “mitad segoviana”. Su madre, la segoviana Fuencisla Cuencas, se casó con un artillero, el ahora general José Luis Cifuentes. Y su vida ha estado siempre muy ligada a nuestra provincia: primero a la capital y más tarde a Las Navillas. Con una amplia experiencia legislativa, esta segoviana se enfrenta a un importantísimo y complicado reto.
A Cristina Cifuentes le gusta decir que es mitad segoviana, pues aunque nació en Madrid en 1964, por sus venas corre sangre de esta tierra. Su madre, Fuencisla Cuencas Álvarez, es segoviana de nacimiento. Nadie lo pondría en duda con ese nombre. Pero siendo hija de un artillero, el ya general José Luis Cifuentes Freire, nos encontramos ante una mujer cien por cien segoviana.
Y como a otros tantos descendientes de nuestra provincia, a Cristina Cifuentes le ha tocado, desde hace solo unas semanas, asumir un importantísimo reto profesional al ser nombrada delegad de Gobierno en la Comunidad de Madrid. Un reto que para nada le asusta, sino que, al contrario, le motiva enormemente. No podía ser menos para alguien que ha sido parlamentaria autonómica durante veinte años y que ha ocupado puestos de diferente responsabilidad en las Cortes autonómicas vecina como portavoz adjunta del grupo parlamentario popular o vicepresidenta primera de la Mesa de su Asamblea.
Licenciada en Derecho y Master en Administraciones Públicas, Cifuentes pertenece al Cuerpo de Técnicos Superiores de la Universidad Complutense de Madrid. Muy comprometida con su partido, donde ha asumido diferentes puestos como integrante de su comité ejecutivo y presidenta del Comité de Derechos y Garantías.
Todas estas responsabilidades le han alejado un poco físicamente de Segovia, a donde ya no puede venir todo lo que quisiera. A diferencia de su infancia, muy ligada a nuestra provincia. Primero en los sucesivos domicilios familiares de la calle Marqués del Arco, la plaza de Juan Bravo o la plaza del Corpus por lo que sus correrías estivales estuvieron siempre ligadas al paseo de El Salón. Desde allí se desplazaban también hasta el Regimiento y a la piscina de Baterías.
Los veraneos siguieron en Segovia, pero en las Navillas, aunque como la pandilla era de la capital seguían bajando a comer a los recintos militares de la ciudad. Si bien su recuerdo, en cuanto a actividades acuáticas se refiere, está ligado a la antigua piscina de La Florida (Lago), donde aprendió a nadar con cinco o seis años.
Ahora ha asumido la Delegación del Gobierno en Madrid, un puesto en el que sin duda no tendrá tiempo para aburrirse. Sus tres primeras semanas en el cargo han sido frenéticas, tanto que le parece que “han pasado varios meses”. Está manteniendo infinidad de reuniones con alcaldes, asociaciones, otras instituciones y diferentes ayuntamientos de la Comuniad para conocer más de cerca sus inquietudes.
Por otro lado, está saliendo mucho de su sede para visitar diferentes centros como uno de Atención a Extranjeros, otro de Internamiento de Extranjeros, una comisaría y una comandancia. “No me quiero quedar en el despacho”, asegura.
Una actividad que compagina con su presencia en las redes sociales donde como política fue una pionera. “Me acerqué por curiosidad -explica-, pero me pareció interesante estar ahí para conocer de cerca lo que opina la gente”.
