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Maternidad subrogada, entre la explotación y una opción más

por Redacción
8 de junio de 2015
Un estudio alerta de las consecuencias en caso de que se produzca un embarazo de riesgo o malformaciones fetales. / E.P.

Un estudio alerta de las consecuencias en caso de que se produzca un embarazo de riesgo o malformaciones fetales. / E.P.

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La maternidad subrogada o por sustitución es para unos una “nueva forma de explotación” de la mujer y de “tráfico de personas”, mientras que para otros se trata de “una opción más” de reproducción asistida. En España, esta práctica no es legal y quienes recurren a ella viajan a Estados Unidos o México, entre otros países, donde la amparan sus ordenamientos jurídicos.

Un estudio monográfico de Profesionales por la Ética pone de manifiesto que la maternidad por sustitución es una “nueva forma de explotación de la mujer y de tráfico de personas que convierte a los niños en productos comerciales”. Así, advierte de que la realidad es “bien distinta”a un tratamiento “altruista” que ayuda a parejas infértiles a realizar su “deseo de ser padres a cualquier precio” y propone la adopción como la alternativa a la concepción o gestación.

Entre las principales razones esgrimidas contra esta práctica, se encuentra la de que “hasta seis personas pueden reclamar la paternidad” de un bebé nacido por maternidad subrogada: la donante de óvulos, el donante de esperma, la madre gestante, su pareja, la persona que “encarga” el bebé y la pareja de ésta. “Todo ello, además de una fuente de conflictos jurídicos, impide al niño conocer su origen e identidad, tal y como establece la Convención de Derechos del Niño”, aseguran.

Asimismo, señala que los contratos de subrogación son “una manera de explotación de la mujer, que vende o alquila su cuerpo por dinero o por algún tipo de compensación”. Sobre las agencias o empresas que realizan estos “contratos”, advierte de que “se lucran a costa del sufrimiento de los padres infértiles y de la vulnerabilidad de mujeres en situación desfavorecida”.

Esta organización indica en su informe que, en muchos países, la subrogación se encuentra “invariablemente unida” a las redes de prostitución, en las que, según indica, se ofrece a mujeres “trabajo respetable o pasaporte a cambio de alquilar su vientre”. También alerta de las “secuelas psicológicas” que padecen las mujeres gestantes por la “evidencia científica” de los lazos entre la madre y el bebé durante el embarazo.

A estas “secuelas” añade una “multitud de imprevistos y situaciones complicadas” durante el proceso, como un embarazo de alto riesgo o la respuesta negativa de los padres “contratantes” a malformaciones del bebé y la posibilidad de que, por ello, se puedan echar atrás.

Por su parte, el doctor en Psicología Evolutiva y de la Educación, profesor asociado de la Universidad Autónoma de Madrid y responsable de atención psicológica y social de Interfertility-Gestación Subrogada, Santiago Agustín, aclara que no se puede equiparar el tráfico de seres humanos y el robo de bebés “con una técnica de reproducción asistida regulada y reconocida de manera internacional”.

En concreto, niega que la subrogación suponga el «alquiler» del vientre de una persona y asegura que las mujeres que participan «voluntariamente» en estos programas, en los países donde está regulada, «no pierden en ningún momento la autonomía ni el poder de decisión sobre su cuerpo o sus vidas».

“Lo que estas mujeres ceden es su capacidad de gestar de forma totalmente altruista, a veces, o a cambio de una compensación, en otras ocasiones”, defiende este psicólogo, al que resulta “sorprendente” que esto se considere “alquiler” del cuerpo cuando “miles de mujeres cada año” ceden sus óvulos por una compensación.

Agustín señala que “nunca” se emplean los óvulos de la gestante, sino que se utilizan embriones creados por una pareja heterosexual, en la que la mujer no puede gestar, o bien material donado. También alerta de la “banalización” que se hace de la subrogación cuando se compara con situaciones “gravísimas” como el secuestro de un grupo de niñas, violadas y retenidas para después arrebatarles los bebés.

En relación al daño psicológico que puede provocar en la gestante este proceso, este experto apunta que no hay “ningún estudio científico” que lo demuestre. Sobre las malformaciones en el feto o los síndromes congénitos, afirma que pueden ocurrir en cualquier embarazo y no se trata de “complicaciones imprevistas, ni por supuesto convierten al bebé en menos hijo de sus padres”. “En los países donde la gestación subrogada está regulada, éste es uno de los puntos clave que se analizan a la hora de la selección”, reconoce.

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