Aunque para la inmensa mayoría de los segovianos el nombre de Antonio Jaén Morente sea desconocido, el profesor de Geografía e Historia Manuel Toribio García se ha empeñado en rescatar su figura, y por ello quiso presentar ayer en la Real Academia de Historia y Arte de San Quirce su último trabajo de investigación, “Antonio Jaén Morente. El límite imposible”, una obra —biográfica— con la que pretende rendir homenaje a este insigne historiador, nacido en Córdoba en 1879 y fallecido en San José de Costa Rica en 1964, que tuvo una profunda relación con Segovia. “Córdoba, Sevilla y Segovia con los tres lugares claves en la geografía espiritual de Jaén”, aseguró ayer Toribio.
Jaén vino por primera vez a Segovia en el curso 1904-05 para ejercer como auxiliar de Geografía e Historia en el Instituto General y Técnico —actual ‘Mariano Quintanilla’—. Y, años después, regresó al mismo centro educativo, para ocupar, entre 1912 y 1918, la plaza de catedrático de Geografía e Historia. Durante esta segunda estancia, que se prolongó por espacio de casi seis años, Jaén escribió dos obras, “Retratos de mujeres” — sobre relevantes féminas de la historia de España— y “Segovia y Enrique IV”. En este último libro, Jaén reivindicaba lo que este rey hizo por la ciudad de Segovia.
En 1918, Jaén regresó a tierras andaluzas con la intención de hacer carrera política. Primero fue a Córdoba y después a Sevilla, ciudad en la que colaboró con la organización de la Exposición Iberoamericana. Y luego volvió a su ciudad natal, siendo elegido concejal por el partido de Alcalá Zamora, Derecha Liberal Republicana.
político y diplomático Su gran valía intelectual le procuró con rapidez empresas de mayor calado. Así, fue elegido gobernador civil de Málaga, si bien dimitió poco después, a consecuencia de la quema de iglesias. No obstante, a partir de ahí comenzó su carrera diplomática. En 1933 fue nombrado cónsul en Lima (Perú). Curiosamente, durante su estancia en ese país realizó un viaje a Panamá, por petición expresa del Centro Segoviano de Madrid, que deseaba homenajear a los segovianos que participaron en el descubrimiento y conquista de América.
Tras su periplo americano, Jaén volvió a España, donde recuperó su carrera política. Fue elegido diputado por Izquierda Republicana, el partido de Azaña, y después, cónsul en Manila, donde permaneció hasta el final de la Guerra Civil. Con posterioridad, marchó al exilio, primero a Ecuador y después a Costa Rica. “No se le permitió regresar a España hasta el año 1954, en que impartió una serie de conferencias sobre arte hispanocolonial en Segovia, en la iglesia de San Quirce”, reveló ayer Toribio, paisano de Jaén y autor de varias obras sobre el historiador. Después de aquel corto viaje, cruzó de nuevo el Atlántico, permaneciendo ya hasta su muerte en Costa Rica, donde está enterrado. En sus últimos años dirigió la cátedra Menéndez Pidal.
En la conferencia de ayer, Toribio también citó “La lección de América”, libro de Jaén que él mismo reeditó en 2005, y el que el historiador cordobés da cuenta de sus múltiples andanzas por tierras americanas.
