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Manifestaciones tradicionales de interés cultural provincial

por Honorio M. Velasco
21 de noviembre de 2021
en Segovia
Octava del Corpus en Fuentepelayo, de 2012. / Guillermo Herrero

Octava del Corpus en Fuentepelayo, de 2012. / Guillermo Herrero

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Los sistemas de protección del Patrimonio Cultural Inmaterial, siguiendo la línea trazada por la UNESCO en la convención de la Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial del 2003, operan con medidas tales como las listas selectivas de elementos o las categorías con las que se otorgan reconocimientos de valor y prestigio. La UNESCO acuñó la de Patrimonio de la Humanidad, que ha generado en los países de todo el mundo la ambición de obtenerla para las artes, usos, rituales, fiestas, prácticas tradicionales y tradiciones orales de las poblaciones y comunidades que se encuentran en sus respectivos territorios. La ley española del Patrimonio Histórico emplea la de Bien de Interés Cultural y la ley del Patrimonio Cultural de Castilla y León también la de Bien de Interés Cultural. En el 2015 la ley española de Patrimonio Cultural Inmaterial empleó otra denominación de categoría, la de Manifestación Representativa del Patrimonio Inmaterial, y la Diputación de Segovia y el Instituto de la Cultura Tradicional Segoviana en esta línea decidieron crear la categoría de Manifestación Tradicional de Interés Cultural.

Ante todo, tales categorías son reconocimientos institucionales del valor patrimonial y cultural de determinados objetos, textos, espacios, usos, prácticas que se tienen como tradicionales. Un reconocimiento de valor que en buena medida repara el desdén y el abandono con el que se los trató durante los tiempos falsamente eufóricos de la modernidad y restaura su vigencia en el presente y para el futuro. Sobre el carácter de ese valor habría que insistir pues a veces parece haberse mal comprendido. Es un valor de ámbito autónomo aunque evidentemente tiene consecuencias prácticas. Es cultural en el pleno sentido de la palabra, no sólo sitúa a todos estos objetos, y prácticas entre el arte y la historia sino que además lo es en el sentido de que son representativos de las poblaciones, les dan visibilidad, distinción, singularidad y a la vez las poblaciones se reconocen a sí mismas en ellos. Algo que suele exponerse acudiendo al concepto de identidad. Y, lo que no es menos importante, las personas los tienen incorporados a sus biografías y forman parte nuclear de sus recuerdos y vínculos con padres, abuelos, parientes, amigos y vecinos. No son meros elementos del pasado sino anclajes emocionales sin los cuales las historias personales pierden sentido. Una buena parte de la historia del Patrimonio y del Patrimonio Inmaterial es un relato por un lado de rescate y por otro de reivindicación, rescate de lo que fue abandonado porque ligaba al pasado y obstaculizaba la evolución de la sociedad y reivindicación porque se rechazaba al tener más valor lo que venía de fuera. Y sin embargo, pronto se apreció que su rescate contribuía a mejorar el presente y al formular la reivindicación de lo propio se reforzaban los vínculos sociales frente al individualismo y la anomia de la modernidad.

Todos los documentos programáticos del Patrimonio Inmaterial han justificado mediante el valor cultural las acciones de protección y salvaguardia hacia él. Y en las Bases del documento del Instituto de la Cultura Tradicional Segoviana se declara que el fin es “contribuir a su mantenimiento y difusión garantizando así la pervivencia de nuestras costumbres”.

Además, la crítica al desarrollismo que tuvo su particular efervescencia en la Cumbre de la Diversidad que se celebró en Río en 1992, fue asumida por la UNESCO que, en la citada Convención de 2003, redescubría los importantes aspectos del Patrimonio Inmaterial de ser “crisol de la diversidad cultural y garante del desarrollo sostenible”.

No en todos los casos la modernidad rechazó la tradición, el imponente impulso dinamizador social y económico que supuso en España el turismo desde los años 60 del pasado siglo puso también su mirada sobre la tradición y en especial sobre las fiestas. Y fue bajo con este aliento que se crearon las primeras distinciones y categorías honoríficas aplicadas a ellas. Primero fue creada la categoría “Fiesta de Interés Turístico” en 1964 que en 1979 fue modificada distinguiendo tres niveles: Fiesta de Interés Turístico Internacional, Fiesta de Interés Turístico Nacional y Fiesta de Interés Turístico. Todas ellas, como se ve, forjadas antes de las categorías propias del ámbito cultural y patrimonial y que han alcanzado notable difusión, por cierto, muy por encima de la alcanzada por las categorías propiamente culturales.

En relación con la provincia de Segovia, las Fiestas declaradas de Interés Turístico (entre paréntesis el año de declaración) son: una internacional, los Encierros de Cuéllar (2018), otra nacional, la Semana Santa en Segovia (2017) y cuatro regional, la Romería del Santo Cristo del Caloco (1996), la Romería de la V. de Hontanares (1996), la Fiesta de Sta. Águeda en Zamarramala (1996) y la Fiesta de los Gabarreros en El Espinar (2002). Sería oportuno recordar aquí que la diferencia de niveles se refiere al atractivo turístico, pero no al valor cultural en sí. La relevancia de las declaraciones de interés turístico es indiscutible, pero habría de tenerse en cuenta que el interés turístico está derivado del valor cultural, que sin duda es primario y que en las propias órdenes de creación de las categorías turísticas se expresa como fundamento de éstas. Y no debería alterarse la jerarquía entre estos valores.

Es destacable el número de publicaciones y de páginas web dedicadas a presentar los recursos turísticos de la provincia de Segovia y en particular de sus fiestas y festivales. Sin embargo, no ocurre lo mismo con los recursos culturales. Por un lado, en cuanto a las declaraciones de Interés Cultural en la provincia de Segovia, no las hay de Bienes de Interés Cultural (inmaterial) ni por la ley nacional de Patrimonio Inmaterial ni por la autonómica de Patrimonio Cultural. Y se está a la espera del Inventario de bienes culturales inmateriales en la provincia realizado ya por la Comunidad Autónoma. Signo claro de una escasa difusión que afecta por igual a las declaraciones de Interés Cultural Provincial.

Sorprende que las Manifestaciones Tradicionales de Interés Cultural Provincial hasta ahora declaradas sean solo cuatro: La Ofrenda de cirios en Sta. María la Real (2014), la Octava del Corpus en Fuentepelayo (2016), el Diablillo en Sepúlveda (2018) y la Subida de la Virgen del Castillo en Bernardos (2020). Cabría un buen número de propuestas. Puede consultarse, por ejemplo, las que aparecen (44) en la Guía de fiestas populares. España día a día (elaborada por M.A. Sánchez). Y solo es una muestra. Cabrían, sin duda, otras muchas más y no sólo tendrían que ser fiestas, sino también danzas rituales, música tradicional, organizaciones tradicionales, etc. El aval principal lo otorgan las propias comunidades, la vecindad, la ciudadanía. Las bases de la solicitud – que se encuentran en la página web de la Diputación- indican que a la hora de ser presentadas habría de ser con toda la dignidad y la relevancia que conlleva el Patrimonio Cultural Inmaterial, algo que nos une y a la vez nos representa.

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Edición digital del periódico decano de la prensa de Segovia, fundado en 1901 por Rufino Cano de Rueda

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