Una joven de 16 años declaraba ayer públicamente en la red social Twitter lo siguiente: “Mi madre me riñe porque estoy en el ordenador todo el día. Querida, ¿qué prefieres? ¿que vaya de botellón?”. Entre el Tuenti y el botellón —a veces las dos cosas, pues las redes sociales son utilizadas para “quedar”—, muchos adolescentes segovianos dicen “pasar” de la oferta “alternativa” que ofrece la Concejalía de Juventud.
Dos señoras se acercan a los agentes de la Policía Local situados al comienzo de las calles San Valentín y Paseo de los Tilos. Preguntan si ocurre algo y aseguran que han pasado miedo porque unos chavales estaban tirando señales camino del Alcázar.
El viernes pasado fue un día algo diferente para los cientos de adolescentes que hacen “botellón” en lugares públicos de Segovia. Al dispositivo habilitado por la Policía Local, para controlar que los menores no consumieran alcohol, se sumó la novedad de dos reporteros “mayores” haciendo fotos y preguntando a quienes bebían y charlaban en la Hontanilla. La expectación osciló entre la exhibición eufórica de unos cuantos que a toda costa querían ver su foto publicada en EL ADELANTADO y la cuestión lanzada con no poca mala baba por una joven: “¿Saben que están fotografiando a menores?”.
¿Saben los padres que todos los fines de semana — “no solo los viernes, también los jueves y los sábados esto se ‘peta’”, según confesaba un chaval?. La zona de La Hontanilla, junto a la muralla, es escenario de un macrobotellón en el que participan mayoritariamente menores.
Al menos cinco agentes de la Policía Local, distribuidos entre el Puente de Sancti-Spiritu y el Arco de San Andrés, paraban a los jóvenes que llevaban bolsas con botellas y envases de tetra brick (los populares “cartones” de vino de mesa). Cuando contenían alcohol y la documentación mostraba que eran menores, lo requisaban. “Pero son unos pringados porque lo esconden y lo encontramos”, aseguraba un adolescente poco después de las diez de la noche.
Dentro del paraje de La Hontanilla y del valle del bajo Clamores, este curso la zona por excelencia de botellón es la de “los focos”, la situada junto al lienzo exterior de la muralla, entre el Arco del Socorro y el Museo de Segovia. Otras de “microbotellón” repartidas por el casco antiguo son el jardín de Miguel Delibes, junto al Paseo del Obispo, los bancos de los jardines del Museo Zuloaga o el paseo del Salón.
La concurrencia en La Hontanilla es tanta, que incluso desde alguna web, de esas que tanto han proliferado en los últimos años y que recopilan fotografías de grupos en lugares de ocio, ha enviado a sus fotógrafos por esta zona, según aseguraban algunos jóvenes, que añadían que lo del viernes pasado “era poca gente, porque ha venido la Policía. Desde que han arreglado la muralla en El Socorro, los policías pueden moverse mejor pero es fácil esconderse de ellos”.
También en Twitter decía ayer el empresario abulense Jesús Encinar (Idealista.com) “Es ver el botellón por todo Madrid y pensar… ¿La generación mejor preparada de la historia de España?”.
