El 7 de septiembre de 1397 Ramon de Perellós, vizconde de Perellós y vizconde de Roda, emprendió un viaje al Purgatorio de San Patricio. Allí, tras entenderse con demonios y almas en pena, logró entrevistarse con una sobrina, Dolça de Carles, su hermanastro, fray Francesc de Perellós, y culminar el verdadero objetivo del viaje; dar fe de que Juan I, rey de Aragón, fallecido accidentalmente, estaba en el purgatorio y no en el infierno.
Todo está cumplidamente relatado en el «Viatge del Vescomte Ramon de Perellós i Roda al purgatori nomenat de San Patrici», del propio Perellós, obra que por primera vez se adapta al castellano en un breve libro de 90 páginas, edición a cargo del periodista y filósofo Luis Besa, y editado por Gran Format «Viaje al Purgatorio». Besa asegura que la gran particularidad de esta crónica es que «no es ninguna ficción» en el sentido de que Perellós viajó efectivamente al purgatorio de San Patricio, se sometió a los ritos penitenciales de rigor y permaneció 24 horas en «el país de la expiación». Así, indicó que en el siglo XV el purgatorio era un espacio físico milagrosamente accesible desde la Cueva de San Patricio, situada en una isla del lago Derg (Donegal), en la frontera entre Irlanda e Irlanda del Norte; donde anualmente, se celebraban procesiones penitenciales, una tradición posteriormente recuperada y que aún hoy se sigue realizando.
El autor de la traducción indicó que el viaje del vizconde ha sido fuente de toda clase de especulaciones; y señaló que Perellós era un notabilísimo empresario y político, al servicio ora del rey de Aragón, ora del papa de Aviñón, por lo que algunos estudios han sugerido que el viaje encubría en realidad a una misión diplomática secreta de altos vuelos. Tampoco han faltado interpretaciones esotéricas, a tenor de la afición del vizconde por la alquimia.
Sea como fuere, el relato de Perellós es una mezcla de agudas observaciones-muy interesantes para conocer la situación de Irlanda en la época- y un plagio cuasi literal del Tractatus de «Purgatorio de Sanctii Patricii, obra de Henry de Saltrey y popularizada a finales del siglo XII y posteriormente por Calderón de la Barca y Juan Pérez Montalbán. Históricamente, es un texto trascendental para la divulgación del purgatorio y su desarrallo como aspecto clave del catolicismo de la baja edad media y el renacimiento. «Este pequeño libro es una rareza. A su importancia histórica hay que añadir la potencia de las imágenes fantásticas, que remiten a universos míticos celtas, egipcios y grecolatinos. Es por esa razón que hemos optado por adaptarlo, ciñéndonos al texto y al espíritu de la época pero trascendiendo la prosa cancilleresca del original, muy pesada y que resta fluidez al relato», explicó Besa.
