Más de un millar de personas, entre salmantinos, familiares y amigos del mecenas de la cultura, Germán Sánchez Ruipérez, quisieron dar el último adiós a una de las personalidades más ilustres de la ciudad en el transcurso de un funeral en su memoria que se celebró en la iglesia de La Purísima.
El párroco de la ermita de Nuestra Señora del Cueto y amigo personal de Ruipérez, Florencio González, fue el encargado de oficiar la ceremonia en la que destacó el carácter de un hombre «brillante» en los negocios, pero que nunca dejó de ser «sencillo, trabajador y humilde».
González recordó una anécdota que le contó el propio Germán, de cuando era niño, y en la que explicaba como se le «iban los ojos» todos los días a una hogaza de pan blanco que llevaba un compañero de clase para el recreo. A este niño no le gustaba estudiar y Ruipérez acordó que le haría los problemas de matemáticas a cambio de un trozo del pan.
Por todo esto, el sacerdote concluyó que el editor peñarandino fue un hombre «querido, respetado y valorado».
A este funeral acudieron numerosos representantes del mundo de la cultura y de la política, autoridades locales, provinciales y autonómicas, como el presidente de la Junta de Castilla y León, Juan Vicente Herrera; el alcalde de Salamanca, Alfonso Fernández Mañueco; el presidente de la Diputación, Javier Iglesias; la consejera de Cultura, Alicia García; el consejero de Educación, Juan José Mateos; el delegado del Gobierno, Ramiro Ruiz Medrano; el director general de la Fundación Germán Sánchez Ruipérez, Antonio Lasanta; el secretario de Estado de Cultura, José María Lasalle o el exministro de Cultura, César Antonio Molina, entre otros.
Muchos de ellos, acudieron primero a la capilla ardiente que se instaló en la sede de la Fundación y recordaron la importante labor a favor de los libros y para el fomento de la cultura, que durante toda su vida realizó Germán Sánchez Ruipérez.
