Si anoche quedaba alguien que albergara dudas sobre la mágica capacidad de los Reyes Magos para hacer posible lo imposible, a buen seguro se fue a casa convencido de que al menos una vez al año los sueños se hacen realidad y las fantasías cobran vida fuera de la imaginación. Para corroborar esta afirmación, nada mejor que ver la cara de cualquiera de los miles de niños y niñas que ayer recibieron a Melchor, Gaspar y Baltasar por las calles de Segovia, conscientes de que en las enormes sacas que transportaban sus pajes y emisarios llevaban los regalos soñados todo el año.
Horas antes del inicio de la cabalgata, los más madrugadores hacían guardia en las inmediaciones del Azoguejo donde quedó instalado el trono real para conseguir un lugar privilegiado para que los Reyes atendieran sus peticiones. También en los jardines de la plaza de la Reina Victoria Eugenia, un numeroso público esperaba la salida de la cabalgata, ya que un año más, el Alcázar fue el lugar elegido por los Magos para su llegada a Segovia. El frío de la jornada no apagó la ilusión infantil, y los gorros, guantes y bufandas fueron prendas obligadas para aguantar a pie quieto el paso de la alegre comitiva.
A las 18,45 horas, con estricta puntualidad, dio comienzo el espectáculo audiovisual que el Ayuntamiento de Segovia quiso obsequiar a los Reyes por su llegada a Segovia. La majestuosa torre de la fortaleza se transformó por unos minutos en una espectacular pantalla en el que se fueron recreando las imágenes de la llegada de los Reyes, acompañadas de música y la voz de un relator que fue dando a conocer la historia a través de textos bíblicos del Antiguo Testamento.
Tras el relato, las luces de bengalas iluminaron el monumento para celebrar la llegada de los Reyes, que se asomaron desde la parte baja de la torre para tributar el primer saludo a los segovianos, y después salir junto a sus cortejos desde el Alcázar para iniciar su recorrido por las calles del centro histórico de la capital. La salida de los Reyes fue precedida por un impresionante banco de peces luminosos de la compañía de teatro de calle francesa Aerosculpture, que con su espectáculo «Piscilux», dejaron boquiabiertos a los niños con sus espectaculares evoluciones sobre el público.
El primer tramo de la cabalgata, desde el Alcázar hasta la Plaza Mayor, resultó el más lento, ya que la estrechez de la calle Daoiz, unida a que el transporte de los Reyes Magos se realizó merced al esfuerzo de los fornidos porteadores que integraban el cortejo real. Aún así, hubo tiempo para detenerse en el convento de las Siervas de María, a quienes los Magos obsequiaron con caramelos, y para atender todos los requerimientos de saludos y peticiones.
En la Plaza Mayor, los reyes cambiaron las andas por las carrozas que desde hace más de una década les transportan en Segovia, para iniciar la segunda y definitiva parte del trayecto que les llevó hasta el Azoguejo. Aquí el recorrido fue más dinámico, y la música de los grupos que acompañaban al cortejo real fue la protagonista, desde la vibrante percusión de Los Batucones hasta la solemne música de dulzaina de Tierra Segovia, pasando por la presencia de La Orquestina del Valle y los incombustibles La Trupé de la Merced en el cortejo del Rey Baltasar, que con humor y talento transformaron un himno proletario como «A las Barricadas», en una divertida invitación a participar «A las Cabalgatas».
A su llegada al Azoguejo, los Magos descendieron de las carrozas no sin dificultad y se trasladaron al estrado para recibir la atronadora ovación de los miles de segovianos que ya les esperaban bajo el Acueducto. El alcalde Pedro Arahuetes cumplimentó en nombre de la ciudad a los ilustres visitantes, que no perdieron ni un minuto en comenzar a recibir a los niños y niñas que les esperaban para confesarles de viva voz todo aquello que ya les habían pedido por carta. Ya entrada la noche, y tras un breve descanso, los Magos de Oriente comenzaron la grata labor de repartir los regalos que hoy, cuando este periódico esté en su hogar, habrán colmado las expectativas de todos los niños.
