El presidente de los promotores y constructores de España (APCE), José Manuel Galindo, avisó ayer de que la Sareb (banco malo) es hoy por hoy la inmobiliaria más grande de Europa, algo que no será posible gestionar sin contar con el sector inmobiliario.
Según sus datos, el nuevo organismo contará con 63.000 millones de euros en activos, de los 170.000 millones netos de exposición financiera al ladrillo -una vez descontadas las provisiones-, lo que equivale al 37% del total.
Este volumen es muy superior al de las grandes inmobiliarias europeas, como el Nama (banco malo irlandés) o el Unibail-Rodamco francés, y supone una «cantidad ingente de tóxicos» que plantea el reto de su mantenimiento y de una gestión que, en tanto que se les da salida, no haga perder su valor.
Desde esa perspectiva, APCE remitió al Gobierno popular un documento en el que expone esta problemática asociada a la configuración y funcionamiento de la Sareb y en la que incluye algunas propuestas.
Según concretó Galindo, en esta circunstancia, la estructura de la Sareb es insuficiente, lo que junto a su carácter meramente financiero «requiere de la participación del sector para paquetizar, ordenar y gestionar los activos, evitar que no pierdan valor y, en la medida de lo posible, que lo ganen».
Por ello, ofreció a los 3.000 miembros que se agrupan bajo las siglas de APCE y que suponen la mayoría del sector para llevar a cabo esta tarea, sin necesidad de entrar a formar parte de la estructura formal de la nueva institución. «La Sareb no tiene recursos para ir rápido y tiene que rodearse de actores que cuesten poco dinero y añadan valor. Proponemos un puente», subrayó Galindo.
A modo de ejemplo, enfatizó que en el caso de los suelos en manos de la Sareb, «la mayoría no son realizables, pero sí susceptibles de incrementar su valor sin necesidad de inyectar recursos significativos, mejorando su clasificación urbanística». «Ofrecemos manos y herramientas para ello», añadió.
Sobre lo que obtendrán los promotores a cambio, Galindo aseguró que su interés es que el organismo funcione y que cuanto antes se reestablezcan los flujos de crédito que permitan reanudar su actividad.
A la espera de recibir alguna respuesta, los promotores han puesto ya el acento en algunos de los «riesgos» que entraña la nueva institución y que en la mayoría de los casos tienen que ver con una «quiebra de la interlocución» con la que se han encontrado una vez los activos han pasado de la banca nacionalizada al banco malo.
En primer lugar, Galindo planteó que, con dicha interlocución, se podría llegar a acuerdos individuales con promotores para comercializar activos repartiendo los beneficios con el banco malo.
Así, explicó, un promotor podría conseguir para la Sareb operaciones de venta por un valor superior al adjudicado, margen que podría repartirse entre ambas partes con créditos participativos.
