Este autor teatral, profesor de la Universidad Autónoma y del Instituto del Teatro de la Ciudad Condal, se define como una persona inquieta, que percibe «con pasión» cuanto le rodea. Recuerda de su niñez que era como un ratón de biblioteca, al que los amigos le cerraban los armarios para que dejara los libros y se decidiera a jugar. Entre sus obras, traducidas a 10 idiomas, destacan Templación, Trànsic, Olvidar Barcelona y Zoom. Carles Batlle (1963) llega ahora a las librerías con su primera novela, Kárvadan, la leyenda del impostor, en la línea de El Señor de los anillos.
Sus textos teatrales hablan del choque entre culturas, de la comunicación, de la memoria y de la identidad, pero también de la España actual, en un momento de transformación radical. Carles Battle aparca de momento el mundo de la tablas para presentar su primera novela, Kárvadan, la leyenda del impostor (La Galera), en la que describe un universo fantástico y salvaje, repleto de tensión e intriga, donde los protagonistas se desenvuelven entre misterios aparentemente inexplicables, entre luchas de poder, viajes en el tiempo e historias de amor.
Kárvadan, su primera novela de una trilogía, ¿es un paréntesis en su producción teatral?
Las dos facetas son compatibles, porque ambas son parte de un mismo proceso, y me apetecía cambiar por una temporada.
En su libro, un pueblo espera a un mesías que les libere de una maldición. ¿No es peligroso que una comunidad entera anhele la llegada de un salvador?
En la novela, las mujeres mueren al parir, por lo que el pueblo está abocado a la extinción. No es extraño que aguarden desesperadamente a un ser superior para recuperar la normalidad.
En ese mundo mágico que describe, ¿tienen cabida políticos como los que nos dirigen, a los que cada mañana observamos desde la perplejidad?
En literatura, cuando se habla de lo fantástico, los autores, de una manera muy sutil, establecen metáforas y paralelismos con la realidad, y cuando los lectores ahondan en una historia donde hay relaciones de poder, intrigas y maquinaciones, se lo aplican a su propia realidad, porque la historia se repite.
En su opinión, ¿en España, a quién tendríamos que invocar para ver la luz del túnel antes de que se pierda la esperanza?
Todos estamos en la red donde gobiernan los mercados y no los políticos, donde todo es líquido y, a veces, los países y las personas quedan atrapados en un lugar del que no son capaces de salir, porque no entienden el contexto. Es muy difícil afirmar qué podemos esperar, porque cada cual desea algo distinto.
¿Por qué elige como escenario para esta nueva aventura el Pirineo catalán?
Porque es el lugar en el que vivo y que conozco bien. Es una zona hermosa y salvaje, con acantilados, barrancos y bosques espesos. Para el lector de la novela, todos los itinerarios, todas las vistas son reales, y el que lo desee puede coger la mochila e internarse en la montaña para reconstruir las rutas del libro.
En su producción teatral, ¿por qué le atrae escribir sobre lugares donde el tiempo se acumula, como museos, cementerios, bibliotecas o aeropuertos?
Porque, en mi opinión, son una buena metáfora de las relaciones de nuestra sociedad contemporánea. Son sitios de tránsito, despersonalizados, donde se superponen distintos tiempos y muchas identidades.
¿Es en esos espacios donde hay que intentar buscar la lógica del tiempo?
Para mí es un concepto muy abstracto, por eso en la novela establezco un juego donde no se sabe lo que es pasado y lo que es futuro.
Su obra Olvidar Barcelona, esa declaración de amor hacia la Ciudad Condal, ¿qué ha supuesto en su trayectoria teatral?
Para un autor que se le valore el trabajo es muy importante, pero aunque el texto obtuvo el Premio Born, el mejor dotado a nivel español y latinoamericano, y pese a que en otros países ha sido muy aplaudida, aquí todavía no se ha estrenado. Cuando el reparto supera los cinco personajes, es difícil llevarlo a escena.
Los premios, ¿hasta dónde levantan el ego?
Más que el ego, suben la autoestima. No dan arrogancia, pero ayudan en los momentos de bajón a remontar el vuelo y retomar el trabajo con más ánimo.
