Entre rumores de rescate inminente, los mercados dieron ayer un importante respiro a España, animados también por la decisión de la agencia Moody’s de no rebajar la calificación crediticia del país ibérico, aunque mantuvo su perspectiva negativa, lo que implica el riesgo de una futura rebaja de la nota de solvencia.
Las buenas noticias también llegaron a la rentabilidad del bono español a 10 años, que cayó del 5,8 al 5,5%, su cota más baja en los seis últimos meses. El pasado julio, ese interés había rozado el 7,0%, encareciendo hasta niveles considerados a lo largo insoportables los costes de la financiación del Estado nacional.
Por su parte, la prima de riesgo, que mide el diferencial entre el bono a 10 años y su equivalente alemán, también se desplomó al descender de 426 a 383 puntos básicos y en la Bolsa madrileña el selectivo cerró con una subida del 2,47%, hasta los 8.128,20 puntos.
Las notas positivas llegaron horas después de que Moody’s decidiera la noche del pasado martes mantener la nota de la deuda soberana nacional en Baa3, cuando los mercados esperaban una rebaja hasta el nivel considerado basura. Hace apenas una semana, Standard & Poor’, degradó el rating a un escalón por encima de dicho término.
Sin embargo, Moody’s consideró, al explicar su decisión favorable para España, que este país ya no corre riesgo de no poder acudir a los mercados de capitales para su financiación, ya que el Ejecutivo de Madrid «ha demostrado su voluntad de llevar a cabo reformas y que el saneamiento de la banca está progresando».
El secretario de Estado de Comercio español, Jaime García-Legaz, aplaudió la decisión de la agencia como una «muy buena noticia», porque permitirá rebajar los costes de financiación del Estado y también de las empresas.
La decisión también vino motivada por la posible inminente petición de rescate del Gobierno español, hipótesis por la que el Fondo Monetario Internacional (FMI) volvió a apostar ayer mismo. El FMI instó al Gabinete nacional, así como al italiano, a pedir la ayuda financiera a sus socios de la zona euro para detener la crisis de deuda del bloque. Sin embargo, el Ejecutivo popular afirmó que «no tiene prisa» en decidir si solicita o no la línea de crédito preventiva.
En concreto, el economista jefe de dicho organismo, Olivier Blanchard, declaró al diario italiano Il Corriere della sera que la zona euro está cerca de tener listas todas las medidas necesarias para que ambos países puedan seguir tomando dinero prestado en los mercados mientras aplican dolorosas reformas económicas.
Mientras, desde Bucarest, el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, reclamó ayer el cumplimiento de los acuerdos alcanzados en el Consejo de Europeo del pasado mes de junio, para avanzar en la integración europea y subrayó que es momento de estar «a la altura de las circunstancias» y no dar «bandazos», porque cualquier «señal de debilidad» pone «peligrosamente en riesgo» la credibilidad y la estabilidad europea.
Rajoy hizo esta solicitud durante su intervención en el Congreso del Partido Popular Europeo (PPE), un cónclave en el que cambió impresiones en una cita bilateral con la canciller alemana, Angela Merkel, cuyo Gabinete no ocultó sus reservas a avanzar en la unión bancaria a la velocidad que demandan España e Italia.
«Los acuerdos se alcanzan y se cumplen. Somos una familia política seria, fiable y previsible. Y no podemos permitir que nadie lo ponga en duda porque está en juego nuestra credibilidad, el futuro de la unión y de nuestros ciudadanos», afirmó rotundo el inquilino de La Moncloa, un día antes del Consejo Europeo que comienza hoy en Bruselas.
Precisamente en esta cumbre, el dirigente español exigirá al resto de líderes europeos en la cumbre que cumplan el compromiso asumido el pasado mes de junio de permitir la recapitalización directa de la banca nacional a cargo del fondo de rescate, lo que significa que la ayuda comunitaria no computaría como deuda pública, lo que beneficiaría al país.
El popular cuenta con el apoyo del presidente francés, François Hollande, y del primer ministro italiano, Mario Monti, que también reclaman acelerar la unión bancaria para romper así el «círculo vicioso» entre bancos y Estados.
